Entrevistas MDZ

Del miedo a lo desconocido al encuentro fraterno, la realidad del Cottolengo Don Orione

La experiencia de los profesionales y religiosos que viven y trabajan en el Cottolengo Don Orione para ayudar a las personas con discapacidad.

Gonzalo Barrera
Gonzalo Barrera miércoles, 11 de octubre de 2023 · 09:30 hs
Del miedo a lo desconocido al encuentro fraterno, la realidad del Cottolengo Don Orione
El ingreso al Cottolengo de Claypole Foto: Analía Melnik/MDZ

A la vera del camino rodeado de casas bajas típicas del conurbano bonaerense, sobresale la entrada de un lugar particular, distinto a todos, donde los tachados de "distintos" recuperan la idea de iguales. El portal, bajo el nombre de Pequeño Cottolengo Argentino de Don Orione, reza en latín: "Charitas Christi urget nos", traducido como "La caridad de Cristo nos urge". A partir de allí, el ecosistema cambia, la vida, apacible, tiene poco que ver con la avenida y el tránsito del ingreso; quizás una muestra del "paraíso" tantas veces profetizado.

Casi 400 personas con discapacidad concurren y residen en el Cottolengo Don Orione de Claypole, destinado originalmente a albergarlos, hoy es también un lugar de integración. "Somos hogar y centro educativo terapéutico", comenzó explicando el licenciado Fernando Montero, director del lugar, a MDZ.

Fernando detalló también que el hogar se encarga de "asistir unas necesidades básicas techo, alimentación, prestaciones, salud y la parte educativa terapéutica es que cada persona que vive acá tiene que tener un programa de tratamiento, un plan de desarrollo". Con esto último, remarcó que "no están acá sólo por una cuestión de vivienda y necesidades básicas, sino que tienen que tener un proyecto de vida y un aprendizaje".

Nacido por la donación de tierras a principios del siglo XX por parte de la familia Anchorena, el Cottolengo de Don Orione se expande por un gran número de hectáreas, con hogares y centros educativos, además de la parroquia que guarda incorruptible el corazón de Don Orione. Con casi 400 personas residentes, Fernando destaca que su tarea "no es un trabajo más, no es solo un sueldo, sino que estás cumpliendo una misión, una función social que es de importancia", y explicó que "los casos que vienen acá son muy difíciles y, realmente, si no estuviera esta institución o este tipo de instituciones quedan totalmente desamparados".

"Cuando entrás por primera vez te choca un poco, porque si no estás acostumbrado a personas que tienen deformidad física o hablan distinto o son muy distinto a lo que uno conoce, uno ante lo desconocido se asusta", relató Fernando y profundizó: "Realmente, después ves que hay una persona más allá de lo que es lo físico y, cuando uno empieza a conectar con la persona y no con la discapacidad o la patología, ahí es cuando realmente empieza el vínculo y cambia totalmente la la mirada".

Mirá el testimonio de los trabajadores del Cottolengo

La licenciada Eugenia Gómez, coordinadora de Centro de Actividades, comentó que "Cottolengo implica movimiento todo el tiempo y muchas veces encontrás ramas de la psicopedagogía que en la facultad no te hubieses imaginado que podía llegar a explotar". Agregó también que en este trabajo "ganas también kilos de empatía y un montón de otras cosas que te sirven en otros contextos".

Los residentes recorren los distintos espacios y se forman dentro de los centros del Cottolengo. Foto: Analía Melnik/MDZ.

Además explicó que, a quien quisiera entrar a trabajar, le diría que, por delante, le espera "un montón de aprendizaje". Eugenia coincidió también con la posición de Fernando, su trabajo "es una cosa diferente, genera otro espíritu".

En el Cottolengo, también viven los hermanos y hermanas orionitas, de la congregación de los Hijos de la Divina Providencia, de ellos, MDZ fue recibido por el hermano Jorge David Silanes, que coordina la obra: "Los más vagos con los que menos tiempo teníamos, nos comprometimos ir a visitar el Cottolengo de Avellaneda, que consistía ir un domingo, visitar a los residentes, las residentes y después preguntar qué precisan", relató sobre su llegada a Don Orione.

Cada hogar y espacio lleva el nombre de quien lo donó. Foto: Analía Melnik/MDZ.

Así, explicó que cada vez estaba más seguido en el Cottolengo prestando su voluntariado hasta que ingresó a la orden: "la caridad es igual que en el amor cuando se enamora de una persona que te gustó el primer día y empezaste a compartir gustos, vas viendo, llegan cosas nuevas, y siempre tenés que tomar una decisión".

Salud mental en Argentina

La situación general de la salud mental en nuestro país está lejos de cumplir lo establecido por la Ley 26.657, sancionada para regularla. Esta impulsa la sustitución de las tradicionales instituciones psiquiátricas hospitalarias por un sistema de atención en salud mental de base comunitaria, algo lejos de cumplirse, pero que el Cottolengo Don Orione aparece como un avance en esa sintonía.

El camino por donde solía caminar el santo Don Oriones. Foto: Analía Melnik/MDZ.

Este cambio del propio Cottolengo comenzó en la última década, siendo originalmente de un estilo similar a los de principios del siglo XX, cuando fue creado. Es así que hoy se presenta como un lugar con mayor vida comunitaria entre sus residentes, la transformación de los pabellones en hogares y un cambio del viejo aspecto lúgubre de un hospicio a un colorido lugar de esparcimiento.

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