Superó una rara enfermedad y ahora cruza a nado el río Uruguay
La travesía de Concordia – Puerto Yerúa de 22 kilómetros se realizó el sábado 21 de enero, estaba estimada en un tiempo de cuatro a cinco horas, pero las condiciones del río, bajo y planchado, hizo que el promedio sea entre cinco y seis horas.
A Anila Rindlisbacher le llevó un total de seis horas treinta y nueve minutos. Para ella fue "un lujo nadar en las mismas aguas que Noelia Petti, una grande de la natación". La organización fue impecable, mucho trabajo atrás, por eso la emoción final en el cierre del evento de Edelmiro Moran, el organizador.
Cuando llevaba 12 kilómetros de braceo por el Río Uruguay, unas tres horas de nado, empezó a sentir un dolor intenso en las articulaciones de las muñecas. Ya había pasado Estancia Grande. Allí, Anila le pregunto a José, su guía que iba en el bote casi al lado de ella, cuánto faltaba. Y José trató de ser lo más suave posible: "Ahora viene lo peor, porque el río se planchó, faltan unos 10 kilómetros, te va a llevar tres horas y media más o menos".
Conocedor, nadador y pescador artesanal, según su propia definición, José no erro en sus cálculos. Anila tardó 3.40 horas.
Sentía que el dolor se iba intensificando a medida que daba cada brazada. Cada treinta minutos paraba para hidratarse y comer. Y aprovechaba esos segundos para relajar las manos y volver a salir. El río era una laguna. Sumado al dolor, cada salida le costaba más.
Anila avanzaba muy poco: a un promedio de tres kilómetros y medio por hora. Fue por eso que tras cumplir la meta afirmó: "Lloré, lloré de dolor pero nunca, ni por un segundo, se me paso por la cabeza la idea de abandonar".
"Por momentos estuve en Narnia. Como llovía y mis antiparras se empañaron, veía apenas borrosa la imagen de José y los otros dos remeros que me acompañaban (Walter y Ricardo)", afirmó Anila.
Entonces los imaginó personajes mitológicos. ¿Se acuerdan de la travesía del viajero del alba? Uno de los siete libros de las crónicas. Quienes hayan leído o visto la película se acordaran de la bruma. Y ella se sentía de a ratos "estuve ahí".

Anila finalmente nadó, lloró, llegó y ganó.

