La ovalada no se mancha
Desde hace mucho tiempo en la Argentina y en el mundo las banderas se expropian de forma indiscriminada, el feminismo es de la comunidad proaborto, los derechos humanos de la izquierda y el ambientalismo de la anti-ruralidad. Del mismo modo desde hace mucho tiempo también hemos aprendido a definirnos por los opuestos. Cuando señalamos la violencia de los rugbiers, ponemos a la violencia del lado de enfrente, por lo tanto, yo no soy violento.
Así suena, así parece, pero la verdad es que esa bandera que cae sobre este deporte es un absoluto facilismo. Los asesinos de Villa Gesell no son asesinos por ser rugbiers. Serían asesinos, aunque hubiesen jugado al handball o si estudiaran teatro con Lito Cruz. La violencia social es cada vez mayor, las grietas, las diferencias, los extremismos y las generalidades nos han invadido.
Primero lo primero, perdón. Perdón desde donde me toca al deporte que amo por permitir que se utilice banalmente su nombre para generar una “licencia literaria” que permite describir más fuerte y cruelmente una historia. La palabra “rugbier” lleva automáticamente en el imaginario popular a Pablo Matera, German Llanes, Serafín Dengra o Pochola Silva dependiendo de la edad del interlocutor, a la cabeza de quien escucha se le vienen 10 Pablos Matera tirando golpes a mansalva.
Diez, u ocho, o los que sean, son más que el que estaba solo y eso ya es suficiente para estar actuando como un verdadero cagón. Pero además en la cabeza del receptor del mensaje hay diez chetos, porque el prejuicio sobre la palabra rugbier, además de calzar remera XXL, pesar más de 100 kilos y medir casi dos metros, lleva la imagen al niño bien de zona norte.
Garpa que sean rugbiers chetos e inmensos. La verdad son unos salvajes monstruosos y asesinos, pero al rugby jugaban solo tres de los cuales uno es musculoso y los otros dos son unos gordos grandotes. El resto menos carne que el asado de Alberto Fernández, hay algunos que tiene el físico de un maratonista senegalés. Por el otro lado de clase alta nada, pura clase media, incluso uno de ellos es hijo de un mecánico.
Salvado este detalle, esta licencia literaria que tanto daño le hace al deporte que jugué, que por cierto lo jugué muy mal, y además entreno y sigo jugando entre los veteranos, es mi deber entonces escribir sobre aquello para lo que me convocaron, los valores del rugby. Amigos el rugby no tiene ningunos valores, esa es la verdad. ¿Como dice? Así es, Los valores no son exclusivos de nadie, al igual que las banderas. No hay valores del rugby, ni del futbol, ni del Tenis de mesa. Los valores no son exclusivos de una fe, un deporte o un modo de vida.
En tal caso todos estos educan o intentan educar en valores. Ponen su granito de arena para sumar en los chicos que algún día serán hombres valores como la perseverancia, el compañerismo, el respeto, la honestidad, la humildad, la amistad y el trabajo en equipo. Algo que muchos tienen sin practicar deporte alguno, sin profesar fe alguna y sin perteneces a ningún ámbito que se jacte de esto. ¿Por qué? Porque los valores como el sonajero, la mantita y el muñeco de apego vienen desde la cuna y muchas veces desde esa misma cuna nos llevan a lugares a donde buscan que nos enseñen y nos fortalezcan en esos mismos valores, pero muchas otras veces esperan que eso que no nos pusieron en la cuna ni nos dieron con el primer abrazo o en los primeros años de vida nos los inculque un deporte o una actividad específica.

¿Cuántas veces escuchamos a padres levantando la voz contra un colegio al que le pagan muchísima plata porque sus hijos son unos maleducados? “Señora eso se lo tiene que dar usted”, decía un profe amigo mío, “yo le enseño que San Martín cruzó los andes”. Del mismo modo aquellos que entrenamos a chicos, adolescentes y grandes en este deporte que amamos, enseñamos a jugarlo, a respetarlo y a quererlo, además intentamos sumar en la educación que estos chicos traen de la casa. El rugby tiene mucho que revisar sobre su pasado, varias cosas que se han hecho mal entre muchísimas otras que se han hecho muy bien, algunas realidades del pasado que se han ido modernizando, puertas que se van abriendo, nuevas realidades que van cambiando como en todos los espacios, en el rugby como en todos los deportes, y distintos ámbitos de la vida.
El rugby también es el deporte que tiene al primer seleccionado de jugadores con capacidades diferentes campeón del mundo, los pumpas. Es un deporte que hoy juegan hombres y mujeres, es un deporte que se ha llevado a los espacios más vulnerables, para sacar a los chicos de las calles, como en el campito de la villa 31 o como en el club virreyes que nació como un sueño y hoy ya compite en los torneos de la URBA, incluso es el deporte que se presenta como una segunda oportunidad para muchos hombres que están privados de la libertad en las cárceles, así nacieron los Espartanos, y de su mano muchas otras organizaciones similares en distintas cárceles del país.
El rugby es un deporte extraordinario, que tiene cada vez más las puertas abiertas para todos. Un deporte no puede estar nunca mal, parafraseando a un deportista que cometió miles y miles de errores, que no jugaba al rugby pero que se equivocó y pagó, Que los criminales paguen por sus crímenes, pero que la ovalada no se manche.
*Sebastián Nini, periodista, ex jugador de rugby, y actual entrenador de juveniles de 17 y 18 años.



