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El punk volvió y es millones

El contexto de la locura demencial y fanática que pudo haber motivado a Fernando Andrés Sabag Montiel para atacar a la vicepresidenta quizás sea lo que más análisis resista durante estas y las próximas largas horas que vendrán.

El intento de magnicidio contra la vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, es un lamentable y totalmente repudiable hecho de violencia. No se trata solamente de un atentado contra una figura política, sino de una amenaza a todo el espíritu democrático que debe envolver y practicar cualquier sociedad moderna que se jacte de tal. Pese a esas perogrulladas, el tenso momento que se vivió en las últimas horas de este jueves 1 de septiembre alumbra una serie de aspectos que van más allá de la falla que tuvo el anillo de seguridad de la expresidenta.

La locura demencial y fanática que pudo haber motivado a Fernando Andrés Sabag Montiel, el único apuntado como responsable hasta el momento, podrá quedar aislada, freezada en el hielo que abraza al considerable número de hitos que nuestras sociedades van cosechando. El contexto, por eso, quizás sea lo que más análisis resista durante estas y las próximas largas horas que vendrán. 

Es que este ambiente de odio irrazonable al que hemos llegado, al que nos han ido arrastrando poco a poco, sumado a la angustia por el tropel de malas noticias y a la única verdad imposible de tergiversar, como es la del escueto bolsillo, han sido siempre los componentes ideales para el caldo de cultivo. Pero hay algo más, que es lo que produce, finalmente, el hervor total: la falta de horizonte, el “no hay mañana” que sigila en el oído del inconsciente colectivo. 

El ánimo social fatigado, desesperanzado, tiene como transversal el desconcierto. Salvo contados análisis coyunturales diarios -y mediáticos- que apuntan a sostener una mínima ilusión, lo cierto es que este abanico está tan abierto que incluso a las mejores gestiones gubernamentales les costará años volverlo a cerrar. Y la vida pasa. Ahí radica la desesperanza mayor de nuestra juventud -y por qué no la de nuestros viejos-, que seguro pretendían pasar con tranquilidad las últimas etapas de vida en este maldito mundo. Por estas horas no habrá atutía, pero sí una caterva de especulaciones políticas que arrojarán todavía más luz, casi que encandilarán, a la torpeza y ordinariez de nuestras clases dirigentes, opositoras y oficialistas. Sin embargo, la desesperanza y falta de horizonte seguirán calando la médula social de quienes andamos de a pie.

Raymond Carver escribió un poema al que tituló “Tu perro se muere” (Incendios, 1975). Una de las interpretaciones de ese poema puede ser, básicamente, el desmantelamiento del egocentrismo que pueden tener las mentes ante infortunios, los cuales son aprovechados para sacar un rédito personal, como por ejemplo escribir un poema ?o este mismo texto?. “… estás casi contento de que el pequeño perro / fuera atropellado / sino nunca / hubieras escrito ese poema tan bueno…”, dice parte de ese texto. 

Otra lectura, que no necesariamente descarta esa interpretación, sino que la complementa, puede ser la del desencadenamiento que un hecho provoca. “El efecto mariposa”. La pregunta, entonces, puede ser si este alarmante y entristecedor intento de magnicidio generará en quienes comandan este país un efecto solidario, conciliador y puesto a resolver de una vez los problemas que no son solamente estructurales, sino netamente políticos; o si, por el contrario, nos seguirán condenando a esta maldición gitana del paraíso argentino.