San Martín en Mendoza: el helado de nieve y el ritual para concebir a su hija Mercedes
José Francisco de San Martín llegó a Mendoza los primeros días de septiembre de 1814 tras ser nombrado como Gobernador Intendente de Cuyo el 10 de agosto de ese año. En tránsito hacia la primavera, justo cuando en Mendoza empiezan a prender los primeros tallos de la temporada, su gesta libertadora comenzó a echar raíces por estas tierras de desierto y revolución. Fue aquí justamente, donde sus ideas de igualdad y libertad se concretaron con el apoyo de un pueblo (o buena parte de él) que clamaba por su emancipación, Que deseaba y soñaba con una independencia que llegaría años más tarde en el marco de la histórica campaña que liberó de la corona española a Argentina, Chile y Perú.
Poco es lo que de sus hábitos personales o aspectos privados ha quedado plasmado en la historia a partir de sus propios testimonios. Aseguran quienes han investigado a fondo su vida, que era un hombre reservado en lo cotidiano. Sin embargo, de su pasar por estas latitudes quedó la huella imborrable de los cambios que él mismo se dispuso a establecer en sus años de gestión: construyó un ejército, encomendó la creación de armas, cañones y uniformes: investigó sobre plantas medicinales, convocó al pueblo a donar pertenencias para la causa, creó un nuevo espacio para que las familias que por entonces habitaban Mendoza disfrutaran de paseos bajo la sombra de los álamos y entre otras tantas acciones, se ocupó de fomentar políticas ligadas a la producción de alimentos mediante el cuidado de la tierra.
Fue aquí, precisamente en el actual campo histórico El Plumerillo (Las Heras), donde José de San Martín pasó extenuantes días y noches junto a sus soldados planificando la cruzada más importante para los pueblos del Sur. Y también aquí, de este lado de la cordillera, fue donde vivió junto a su esposa Remedios Escalada y donde nació su hija Mercedes. Justamente en la casona ubicada en calle Corrientes al 343 -donde hoy existe un museo- fue donde el General y su esposa concibieron a su pequeña dos años después de casarse en 12 de setiembre de 1812 en la Iglesia de la Merced.
Él tenía 36 años y ella de 16 cuando el Cabildo alquiló la manzana de calle Corrientes, propiedad que pertenecía a Josefa Álvarez de Delgado, integrante de una familia de comerciantes y notables. "Aunque primero duda, él -por San Martín- se instala en esa casa y luego llega Remedios desde Buenos Aires acompañada por dos esclavas. Ambos se instalan allí y de hecho Remedios se hace muy amiga de Josefa, la esposa de Francisco Delgado, al punto que ella será una de las mujeres que la asiste en el parto", explica la historiadora Beatriz Bragoni.
El ritual africano y el helado de nieve con canela
Según hipótesis elaboradas a través de restos arqueológicos hallados en la casona donde vivió el libertador, se podrían haber realizado ritos relacionados a la fertilidad. Según menciona Jesús Morales, uno de los historiadores que además hacen las veces de guía dentro de recorrido que se ofrece en el actual museo, fueron hallados en el terreno de la casona de estilo español, restos de lo que podría haber sido una especie de ritual de la época aplicado por las mujeres que deseaban tener un hijo. Se hacía con huesos de gallina, monedas, un vaso y semillas. "Las gallinas se mataban como parte de ese ritual; puede esto estar relacionado a las creencias y tradiciones de los esclavos que eran traídos de África para trabajar", explica Morales.
De hecho, en aquella manzana donde residió San Martín, existía un predio cuya tierra era trabajada y cultivada por sirvientes Había un gallinero y plantaciones de frutales; con grandes patios, una caballeriza y amplios salones para realizar reuniones. Allí fue donde José de San Martín, preocupado y ocupado por diseñar la histórica campaña, pasó días y noches con la mente situada en su histórica cruzada. Si bien, destaca Bragoni su relación con Remedios fue distante desde el punto de vista vincular, algunas fuentes resaltan que la pareja solía realizar recorridas por la Alameda, donde uno de los placeres favoritos (compartidos por la elite de la época) era "degustar helado de nieve saborizado con canela".
"La nieve era traída desde la cordillera y conservada para servirla", detalla Morales y aclara que la casa de pisos de baldosa de principios del siglo 19 cedió con el terremoto de 1861. Luego, durante décadas existió allí un conventillo (en el marco de la última corriente migratoria) y más tarde un taller mecánico. Hace tan solo unos años, existe allí el actual museo que pone en valor uno de los sitios donde José de San Martín habitó en Mendoza antes de emprender la osadía de cruzar la cordillera de Los Andes el 17 de enero de 1817, para avanzar hacia la liberación del pueblo chileno.
El nacimiento, la fría despedida y una relación extramatrimonial
Bragoni destaca que el nacimiento de Merceditas marcó un antes y un después en la vida de José de San Martín, quien a pesar de su dedicación a la causa libertadora fue un padre presente. "Cuando nace Merceditas, él escribe una carta contando que había sido padre de una niña", cuenta la historiadora y detalla que la casa donde habitó la familia se convirtió en un lugar de reuniones de mujeres que decidieron por ejemplo, comenzar a hacer contribuciones para confeccionar la Bandera del Ejército de Los Andes.

Cuando San Martín partió hacia el cruce de Los Andes junto al ejército que logró conformar en tierra mendocina, Remedios junto a su hija Merceditas se trasladaron a Buenos Aires con todos los gastos a su cargo. "San Martín solicitó expresamente al gobierno de Buenos Aires, que todos los gastos de ese traslado corrieran por cuenta suya y que fueran descontados de su sueldo", destaca Bragoni. Cuentan los documentos de aquellos años clave, que junto a la galera que trasladaba a Remedios y a Mercedes iba un ataúd. Esto fue, aclara la historiadora, porque en realidad, San Martín temía por la vida de ambas en el marco de la campaña libertadora y el rechazo producido en la población descendiente de españoles.
Lo cierto es que algunos años más tarde y ya viviendo en Buenos Aires, Remedios nunca recibió la visita de su esposo. Pese a padecer tisis, una enfermedad que la llevó a la muerte el tres de agosto de 1823, San Martín no tuvo demostraciones afectuosas hacia su persona. "Ellos mantenían una relación distante y la separación, más allá de las cuestiones operativas no fue del todo armónica", relata la historiadora.
De hecho, existen versiones que indican que uno de los motivos que desencadenó que la despedida no fuese del todo afectuosa antes de partir hacia rumbos opuestos, estuvo relacionado a la posible relación extramatrimonial que José de San Martín habría mantenido con una esclava que vivía en la casa de calle Corrientes, llamada Jesusa. "Ese podría haber sido un disparador para que la relación entre ellos no fuese del todo amorosa", detalla Bragoni y aclara que así y todo, José de San Martín mantenía una profunda confianza en relación a la administración de bienes en relación a su esposa.

