Un docente interesado en sus estudiantes puede hacer la diferencia
James Arthur tiene incontables cucardas académicas y honoríficas, fue reconocido por la Reina de Inglaterra, ha escrito muchísimo, pero, sobre todo, ha reflexionado con gran profundidad y sentido práctico. Hoy es director del Jubilee Centre for Character and Virtues, de la Universidad de Birmingham, una de las más grandes y destacadas de Inglaterra.
¿Qué es el carácter?
Se refiere a tu brújula moral, a tu conciencia, a cómo respondes y te relaciones con otras personas. Se trata de todas esas virtudes intelectuales, morales y cívicas que nos hacen ser quienes somos.
¿Tiene sentido educar a ciudadanos técnicamente competentes pero que no hayan desarrollado la justicia o la honestidad?
Claro que no. Los médicos, por ejemplo, necesitan tener un sentido ético de lo que es bueno y que promueva la justicia en salud. Todos lo necesitamos.
¿Es posible establecer una relación entre las virtudes y el rendimiento académico de los estudiantes?
Claro, si eres un buen estudiante y tienes un sentido de la verdad, la honestidad y la justicia te irás a casa y harás la tarea sin plagiar, sin buscar excusas. Los alumnos con las virtudes tienen disposición para aprender mejor. Trabajarán más duro y querrán lograr más. Así que sí, hay un vínculo directo, directo entre las virtudes y el logro.
¿Cuáles son los aspectos innegociables que los niños deben aprender en la escuela?
Cada sociedad tiene algunos elementos no negociables que quieren que los niños aprendan: lenguaje, matemáticas, etc. Sin embargo, hacer eso y nada más sería demasiado limitado. No queremos que la escuela desarrolle sólo el aspecto técnico. La educación tiene más que ver con la transformación que con la información. Una persona educada no solo domina la historia o las matemáticas, sino que entiende a otras personas porque posee sabiduría práctica.
Entonces, tenemos que dar a los estudiantes oportunidades para desarrollar este tipo de cosas también. No puede ser solo que el profesor de historia entre, dé su lección y se vaya. Los estudiantes quieren y necesitan más que eso. Y solo puedes transformar a las personas si te relacionas con ellas y vas más allá del currículo.
La sociedad parece estar de acuerdo en la importancia de la honestidad, sin embargo, no parece asignarle el espacio suficiente.
Los padres son los primeros educadores. Entonces en la familia aprenderás a ser honesto, con tus hermanos y hermanas. Nadie se casa, por ejemplo, con una persona que es deshonesta. Nunca emplearías a alguien en un trabajo si pensaras que es deshonesto. La honestidad tiene un valor muy alto como virtud y está conectada con muchas otras virtudes, con la veracidad, con la humildad y con muchas otras. Estas virtudes vienen en racimos.
Hablemos del desarrollo del carácter y las virtudes ¿está de acuerdo en que no se le da la importancia que necesitamos en las escuelas o es optimista sobre el espacio que se le está dando a esta capacitación?
Creo que las escuelas deben preocuparse por el estudiante en su totalidad, no sólo de lo cognitivo. No se trata de transferencia de conocimiento. La educación en una comunidad tiene mucho más que ver con el sentimiento de que perteneces a esa comunidad, de que eres parte de algo más grande que tú mismo, que estás haciendo una contribución significativa a tu propia comunidad. Estas son las cosas que tenemos que construir en los estudiantes para que sientan que quieren promover el bien común de la sociedad y que puedan construir la sociedad mejor de como la encontraron.
¿Crees que los maestros de hoy necesitan más capacitación profesional sobre carácter?
Sí. Creo que la mayoría de los docentes se convierten en docentes porque desean transformar el mundo, especialmente transformar a las personas y convertirlas en mejores personas. Ahora, creo que los maestros dedican más y más tiempo a los aspectos técnicos de la educación, los aspectos técnicos de la materia y menos tiempo a la filosofía de la educación. Sabes que lo que estamos tratando de hacer es crear buenas personas para vivir en un mundo en el que valga la pena vivir. Entonces, deberíamos intentar que los niños vivan bien en un mundo en el que valga la pena vivir. Solo podemos hacer esto si realmente observamos el aspecto holístico del niño y hablamos sobre la educación de manera más amplia: de sus relaciones, sus interacciones con otros estudiantes y profesores. Es toda la atmósfera de la comunidad, el espíritu de la escuela. Así que los profesores necesitan formación, pero yo diría que los maestros necesitan ser educados en lugar de capacitados. Es mucho más profundo que eso. Se trata de relaciones y comunidad.
¿Cómo podemos hacerlo concretamente?, ¿Cómo podemos promover la honestidad en las escuelas?
Tiene que haber un ambiente en el que los niños, los estudiantes e incluso los profesores también tengan que ser honestos. Así que se trata de toda la comunidad. El lenguaje de la virtud es muy importante en la comunidad para que los niños entiendan lo que significa la bondad y puedan practicarla. Las virtudes no son cosas teóricas, son cosas que uno tiene que practicar, pero uno solo puede practicarlas si entiende el lenguaje de la virtud.
En América Latina y en Argentina, muchos niños no terminan la escuela secundaria y eso es un gran problema. ¿cómo podemos lograr escuelas significativas que atraigan a los estudiantes y no los expulse?
Yo diría que no se trata de escuelas significativas, sino que los niños encuentren significado en la comunidad de la escuela. Y lo primero es que el alumno sienta que pertenece, que vengan a la escuela porque vale la pena. Este es un gran desafío. Pero si tienes grandes maestros, si los maestros están inspirados con estas ideas, harán una gran diferencia. Un docente interesado en la vida de su estudiante puede hacer la diferencia.
Pasemos a los obstáculos. ¿Por qué es tan difícil promover el cambio y lograr una buena educación para todos?
Algunos chicos provienen de familias disfuncionales, o que no pueden ayudarlos de alguna manera. A veces esto tiene que ver con la pobreza o con una mala crianza. En ocasiones los padres viven en zonas que son muy complejas y desafiantes. Hay muchas razones. Y los niños llevan ese bagaje a la escuela. Por eso digo que las escuelas deben ser lugares de acogida, lugares de pertenencia. También hay obstáculos económicos: poca motivación de los maestros, escuelas con escasa capacitación o malas instalaciones. También hay obstáculos políticos. Aunque hay cientos de obstáculos, si el maestro tiene la motivación para ser un buen maestro, puede hacerlo. Esto puede ser milagroso y puede cambiar vidas. La persona clave es el docente: él puede hacer la gran diferencia en la vida de los niños.
¿Qué es lo más innovador que has visto en educación?
El gran cambio que he visto en algunas escuelas es una nueva visión para los maestros. Los maestros tienen una nueva visión de sí mismos como transformadores de la vida de los niños, como la clave para darles significado para sus vidas y que puedan avanzar con confianza.
¿Qué más debemos hacer para que los docentes sean más reconocidos y valorados?
Debemos valorarlos y apreciarlos y ayudarlos a florecer como individuos. Creo que, como comunidad, como sociedad, debemos darle más protagonismo a la vocación de enseñar y promoverla de una manera que sea buena para la sociedad. Porque si no promovemos a los maestros, ¿cómo van a promover ellos a nuestros niños en las escuelas?
* Agustín Porres es es Director Regional de Fundación Varkey
