Sufrió el dolor más profundo y eso la llevó a recibir a decenas de chicos en el patio de su casa
Una mesa con bancos de madera, ubicada en el medio de un patio con piso de tierra, luce un mantel que está listo para recibir a comensales. También hay repisas con juguetes y pelotas o triciclos que hay que esquivar. Esta es la casa de Cecilia Giménez (40), una mendocina que desde hace 10 años tiene un merendero en su hogar.
Cecilia junto a su hermana llevan adelante el merendero Maruca, en el barrio Juan Martín Giménez de Perdriel, departamento de Luján de Cuyo. Allí, todos los miércoles ella prepara, con ayuda de otras mamás, la merienda para 62 niños, desde bebés hasta los 13 años.
Media hora antes de la hora en la cual Cecilia los ha citado comienzan a llegar los pequeños. Cada uno de ellos con su taza en la mano y una gran sonrisa, porque saben que no solo se irán con la panza llena, sino que es el momento del encuentro y de los juegos.
Cecilia vive allí desde chica, esa casa era de sus padres. Conoce en detalle la realidad de su barrio, lo que cuesta, lo que falta y el gran sacrificio que hacen muchos vecinos. Ella es de esas personas cálidas que contienen, pero también con una fuerza avasallante, la necesaria para llevar adelante el merendero.
Esta gran mujer supo transformar el dolor. Hace 10 años falleció una de sus hijas, tenía parálisis cerebral, se llamaba María de los Ángeles, todos le decían Maruca. En homenaje a ella surgió esta labor solidaria y el nombre del merendero. “Al poco tiempo que pasó lo de mi nena, con mi hermana decidimos arrancar con esto. Hablando con las mamás del barrio notamos que los chicos necesitaban de una merienda”, cuenta la mujer a MDZ.
En el video, la historia completa de Cecilia
Mientras Cecilia cuenta cómo fueron los inicios del espacio que ha creado, comienzan a llegar los chicos. Están en vacaciones de invierno, por eso estas dos semanas se reúnen más temprano, ¡más tiempo para jugar antes de que anochezca!
“No se pierden ningún día, de los 62 chicos que están anotados siempre vienen alrededor de 45. Cuando hacemos festejos es cuando más son, no se lo quieren perder. Esos días además de la merienda les damos un juguete o una bolsita con golosinas”, comparte Cecilia.
Esté soleado, haga calor o frío, inclusive si llueve, Cecilia abre las puertas de su casa para recibir a todos los niños y sus mamás. No hay excusas para encender la hornalla, hervir el agua en una enorme cacerola, hacer el mate cocido y esperar que una de las otras mamás llegue con sopaipillas, rosquitas, facturas o pastafrola para comenzar a repartir. Aunque, lamentablemente, algunas semanas no todo sale como se planea y no se puede convocar a los pequeños, las donaciones son pocas y el bolsillo está ajustado para bancar todo el gasto.
“Cuando no lo hago es porque no puedo, por ahí es muy poca la donación que te dan. Nosotros salimos a pedir a los negocios en Luján, hay algunos que nos dan yerbita, azúcar, harina y algunas veces leche y chocolate”, comparte y agrega: “te voy a ser sincera no pido ayuda a los políticos porque vienen, están con los chicos, se sacan miles de fotos que salen en todos lados y después no vuelven. Si me van a ayudar, que me ayuden con el corazón”.
Si me van a ayudar, que me ayuden con el corazón
Cecilia hace todo a pulmón. Además de algo rico para comer, acompañado de una taza de algo calentito, intenta colaborar con las familias buscando ropa, zapatillas y útiles escolares. “Yo hago todo lo que puedo. Hay muchas familias que necesitan ayuda, he ayudado hasta a gente que vivió en carpa”, recuerda. 
Mientras espera a que lleguen las rosquitas que se están horneando en lo de una vecina que “tiene gas natural para no gastar la garrafa”, Cecilia cierra los ojos y se anima a compartir cuál es su mayor sueño, (por supuesto un sueño pensado para todos esos chicos).
“Lo único que me gustaría tener es un techito acá atrás en el patio. No importa que no esté cerrado, pero con un piso para cuando ellos vienen en el invierno que llueve o hace calor en el verano que tengan algo cómodo donde merendar”, desea. No conforme con la gran ayuda que le brinda a los chicos, Cecilia cuenta que quisiera sumar clases de apoyo para que los chicos puedan estudiar ahí y hacer las tareas, por eso está en busca de una docente.
Me gustaría tener es un techito acá atrás en el patio (...) para cuando ellos vienen
Cecilia comparte lo que desea para todos sus pequeños vecinos, mientras los chicos se van ubicando detrás. Finalmente, han llegado todos. La mesa está llena, todos están sentaditos uno al lado del otro, un poco apretados porque las sillas no alcanzan y la mesa es pequeña, pero el corazón es muy grande. 
¿Cómo colaborar con el merendero Maruca?
El merendero Maruca necesita de la ayuda de todos, recibe donaciones de té, yerba, leche, chocolate, golosinas y juguetes. Quienes quieran sumarse a la iniciativa de Cecilia y las mamás que colaboran con ella, pueden comunicarse al 261 277-0086.
Producción periodística y entrevista: Felicitas Oyhenart
Audiovisual Chimi Ríos

