Nevadas y escasez de agua: ¿el pronóstico es alentador de cara al verano?
Las últimas nevadas ocurridas en la cordillera generan esperanza en miles de mendocinos que año tras año sufren la escasez de agua en la región durante los meses de calor. Si bien la última nevada del fin de semana dejó una importante cantidad de nieve acumulada, resta conocer si este invierno las nevadas alcanzarán para dar respuestas al consumo de agua durante el verano.
El aumento de la temperatura global generó una alteración de los ciclos hidrológicos, provocando precipitaciones e inundaciones más intensas en algunas zonas de nuestro país pero también sequías más pronunciadas como la que actualmente vive la cordillera de Mendoza. Desde hace aproximadamente 10 años, la falta de nieve se transformó en una constante que afecta de manera directa a las actividades agrícolas generando veranos con cortes de agua para riego y reducción de la disponibilidad de agua para el consumo domiciliario.
Según los datos que se desprenden del Boletín de Información Hidronivometeorológica de la Dirección General de Irrigación, las nevadas que se produjeron los primeros días del mes de junio igualaron el promedio histórico de acumulación a la fecha en la cuenca del Río Mendoza y en las Toscas, superando así los números del 2021 si se tiene en cuenta el mismo período. En el caso de la cuenca del Río Atuel, la acumulación superó ampliamente el promedio histórico y la correspondiente al Río Grande está algunos puntos por encima. En cuanto a las cuencas del Río Tunuyán y Río Diamante, la acumulación de nieve no alcanza el promedio histórico pero supera la ocurrida durante el año pasado en el mismo período.
El escenario que trae aparejado la sequía que se repite año tras año es complejo y cada nevada ocurrida en la cordillera genera expectativas en la población y los agricultores que trabajan la tierra. Si bien la información obtenida muestra un panorama alentador en relación a las nevadas (si se compara con años anteriores) resta esperar lo que suceda de ahora en más durante los meses de invierno.
"El panorama es relativamente bueno, hemos arrancado bien la temporada pero teniendo en cuenta los antecedentes de años anteriores no podemos confiarnos en que será un buen año en relación a la acumulación de nieve", destacó el meteorólogo Maximiliano Viale, investigador del Ianigla (Conicet) y agregó: "Durante el 2020 pasó algo similar, el invierno comenzó con nevadas importantes en junio pero después no nevó más y la temporada terminó con el promedio por debajo de lo esperado".
En lo que va de la temporada 2022 Mendoza tuvo una nevada importante que se produjo entre el 3 y 4 de junio tanto en el norte como en el sur de la provincia mientras que en abril se produjo una nevada débil a más de 3.500 metros que hizo que los valores de acumulación aumenten. A esos eventos se agrega la nevada de fines de mayo que si bien no fue considerable, colaboró con la acumulación nívea mayormente en la cordillera del sur provincial.
"Para tener una buena temporada necesitamos al menos de 3 a 5 tormentas intensas como la ocurrida hace unos días. Esos fenómenos dejan el 75% de la nieve anual promedio pero en la última década hemos tenido 1 o 2 eventos de esa magnitud por temporada", explicó Viale.
Según los especialistas consultados, en función de la mega sequía pareciera ser que el nuevo clima estará definido por una menor cantidad de nieve producto del cambio climático. "La tendencia general es que en nuestra región de la cordillera central vamos a tener menos precipitaciones inclusive el sexto informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático se expresa en ese sentido", destacó Marcelo Giraud, profesor de la carrera de Geografía de la UNCuyo.
"No significa que sea una tendencia que se vaya a mantener pero estamos frente al período de sequía más largo de las últimas décadas. No sabemos cuándo puede haber un repunte de nevadas y caudales, a estos se suma que los niveles de los embalses mendocinos están muy bajos considerando la época del año incluso si se compara con años anteriores", agregó Giraud.
"Para hacer frente al panorama que se viene en relación al cambio climático es primordial que se incorporen medidas de mitigación y eficiencia del sistema de riego. Es necesaria una mayor inversión para mejorar la administración del agua potable así como de la red de cloacas que actualmente está contaminando los acuíferos", finalizó.


