La preocupante realidad que a excluye miles de mujeres en Mendoza
Las recomendaciones a nivel mundial son claras: toda mujer que ha iniciado su vida sexual y reproductiva requiere de controles gineco-mamarios como mínimo una vez al año. Son de hecho, las herramientas clave para prevenir y tratar el cáncer (de mama y cuello uterino), además de otras afecciones y cuadros relacionados a los cambios hormonales y fisiológicos que ellas atraviesan a lo largo de su vida. El seguimiento de las etapas en el embarazo, la lactancia y el puerperio, como así también la posibilidad de elegir ser madre (o no) en el período fértil, se suman a ese derecho fundamental que no siempre es garantizado.
Luego de los peores momentos de la pandemia de covid 19 una brecha se intensificó en Mendoza. Miles de mujeres se van quedando fuera del acceso a los controles sanitarios básicos y en muchos casos, las postergaciones para acceder al consultorio ginecológico derivan en un mayor riesgo de detección de cáncer y otras afecciones en estadios más avanzados, y por lo tanto, más complejos de tratar. Desde el Gobierno provincial remarcaron que esta complejidad al momento de acceder a los controles ginecológicos básicos pesa ante todo, sobre las mujeres de zonas rurales y sectores vulnerables.
Valentina Albornoz, jefa del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, detalló que entre los obstáculos más frecuentes que viven miles de mendocinas figura que justamente con ellas quienes por lo general cargan con el cuidado de su familia, viven lejos de los centros de salud o de hospitales cabecera y tienen dificultades económicas y falta de recursos para poder hacer el seguimiento.
Camión sanitario para garantizar controles
Durante las últimas semanas, el Ministerio de Salud de la Provincia continuó con el abordaje de mujeres de zonas alejadas a través de la Unidad Ginecológica Móvil, un dispositivo que tiene como fin, hacer llegar un camión con profesionales e insumos para ofrecer controles ginecológicos y proveer de métodos anticonceptivos a las mujeres de bajos recursos y que viven en zonas alejadas. Una de las problemáticas más recurrentes mencionadas por Albornoz en este sentido, tiene que ver con las dilaciones que muchas veces viven las mujeres al momento de realizar sus controles ginecológicos.
"Como en general se trata de patologías no se ven, muchas veces pasa el tiempo y los controles se postergan. Son mujeres que tienen a su cargo el cuidado de muchas personas en la familia o que son víctimas de violencia. La lejanía y las carencias económicas también marcan la distancia la hora de contar con una consulta a tiempo", explicó la jefa del programa.
Políticas de fondo para aminorar la brecha
De acuerdo a los datos de la Encuesta Permanente de Hogares de la Dirección de Estadísticas e Investigaciones Económicas (DEIE), en 2020 el 73,4% de la población que vive en zonas rurales de Mendoza requirió de la atención en centros de salud y hospitales públicos, mientras que ese porcentaje en las zonas urbanas de Mendoza, fue del 43%. Justamente, desde el punto de vista de quienes trabajan de cerca con las problemáticas que ellas vivencian a diario, la realidad, más allá de los números, es compleja y requiere de la implementación de políticas a corto, mediano y largo plazo que permitan un acceso más aceitado de las mujeres al sistema de salud.
Mariana Lucero es integrante de la organización Soy Nosotras. Explicó las distancias que separan a las mujeres de menos recursos no siempre están asociados al factor espacial. "En Guaymallén nos ha pasado, por ejemplo, de acompañar a mujeres a realizarse estudios y tener que esperar toda una noche para lograr tener una ecografía. Por otro lado, en materia de anticoncepción sabemos que los métodos disponibles en el sistema público no siempre son los ajustados a los requerimientos de cada mujer, sobre todo si se trata de métodos de tipo hormonal", explicó Lucero desde el trabajo que realiza en territorio.
Otro factor que marca la brecha entre aquellas que cuentan con obra social o prepaga y las que no, tiene que ver con la distancia en el tiempo al momento de lograr conseguir turnos y efectuar luego el correspondiente seguimiento. "En las zonas rurales es mucho peor porque directamente los controles no son una prioridad. Las mujeres están dedicadas a resolver el día a día y los obstáculos para acceder a su propia salud son tantos que son las que quedan muy por detrás en lo referente a oportunidades de acceso a la salud", destaca Lucero.
Cuando acceder es un privilegio
Desde el punto de vista de Verónica Pascual, integrante de la Unión Campesina y Territorial, otro aspecto relacionado a esta problemática, tiene que ver con la falta de presencia de profesionales en los centros de salud ubicados en zonas rurales. Su trabajo está focalizado al cumplimiento de los derechos de las mujeres en la zona del secano de Lavalle. "Por lo general las mujeres logran hacerse control y seguimiento durante sus embarazos, es decir, en la emergencia", detalló Pascual y agregó que otra situación es que se emiten pocos turnos para el servicio de ginecología en relación de la demanda. Y en el caso de requerir de estudios por imágenes los obstáculos son aún mayores.
"Muchas veces tienen que trasladarse a los departamentos cabecera, en efectores privados y no tienen el dinero para pagar ese costo. Entonces la atención así se termina convirtiendo en un privilegio", explicó Pascual y detalló que si bien existen estrategias desde el municipio para ayudar a las mujeres sin acceso para llegar a los centros sanitarios y realizarse los controles, muchas veces ellas deben ajustarse a días y horarios que no pueden cumplir.
"Una gran cantidad, por ejemplo, trabaja en tareas ligadas al campo o deben quedarse a cuidar a sus hijos o familiares enfermos. Por lo general tienen realidades muy complejas; tienen que caminar largos kilómetros y pasar un día entero para poder acceder", detalló Pascual y profundizó en la necesidad de que "las políticas estén debidamente ajustadas a sus problemáticas". La dificultad para acceder a métodos anticonceptivos, alertó Pascual, también ha derivado en un incremento del embarazo adolescente en zonas rurales y vulnerables.