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Acompañó a su esposa a cumplir un sueño sin saber que eso cambiaría su vida

Ariel Ruiz desde hace ocho años cumple una misión con gran compromiso y entrega. "Lo vivimos como un servicio, es un pequeño granito de arena", confiesa.
Ariel Ruiz es cordobés y hace 22 años vive en Mendoza Foto: Gentileza
Ariel Ruiz es cordobés y hace 22 años vive en Mendoza Foto: Gentileza

Son las seis de la tarde y, como cada día, Ariel Ruiz (48) sale de trabajar y regresa a su hogar. Allí, ansioso. detrás de la puerta, lo espera el pequeño Rami (nombre ficticio) para dar un gran salto y prenderse de su cuello en cuanto cruce el hall de entrada.

Ha sido un día largo, pero el cansancio no triunfará. Ha llegado el momento que ambos esperaban, se tirarán al piso a jugar o tal vez vean una peli de dibujos animados en la tele, también es probable que Ariel le enseñe a Rami como tocar la batería.

Rami llegó hace unos meses a la casa en la que viven Ariel, su esposa Rosa (44) y sus dos hijas, Martina (19) y Valentina (21). Ellos hace ocho años decidieron ser familia temporaria y en su hogar han acogido ya durante todos este tiempo a siete niños.

De manera voluntaria Ariel y su familia, cordobeses radicados hace 22 años en Mendoza, reciben por un tiempo determinado a niños que esperan a que se resuelva su situación legal. Son menores que no pueden seguir conviviendo con sus familias biológicas por diversas razones, según cada caso. Por ello, se les asigna un hogar temporal.

Ariel ha sido padre temporario de 7 niños. 

Ariel hoy es padre temporal, una misión que lleva con orgullo y con muchísima entrega. Quien lo empujó a animarse a dar los primeros pasos en esta aventura es Rosa. “Fue mi esposa la que nos transmitió esto y la que tiene todo el empuje, ella siempre ha tenido un fuerte sentido de lo social. Mi esposa siempre tuvo la idea de adoptar, luego tuvimos nuestras hijas, al tiempo vimos que Avome tenía esta opción que no sabíamos que existía, Rosa propuso ser parte y entre todos apoyamos esto”, cuenta el hombre.

Una decisión que no fue para nada fácil, pero que nunca imaginó que le daría tanta alegría. “Siento una gran satisfacción, uno recibe más de lo que brinda cuando cuida a cada niño. Son chicos que han pasado por situaciones muy difíciles y de repente se encuentran con una familia que los contiene y un hogar que los resguarda, por eso son muy agradecidos”.

“Con cada uno de los niños siento que tengo la posibilidad de seguir aprendiendo como padre. Tengo dos hijas mujeres y desde que somos familia temporaria hemos recibido a muchos varoncitos, esto me dio la oportunidad de criar a hijos varones también”, cuenta Ariel y su tono deja imaginar que una sonrisa se dibuja en su rostro.

Pero todo lleva su tiempo, “cada vez que llega un niño es un proceso de adaptación que vivimos todos. Tenemos que acomodar todo físicamente, destinar el espacio donde dormirá, su lugar para la ropa, para sus juguetes. También emocionalmente, nos interiorizamos con la vida del pequeño, de su pasado y con los motivos que lo llevaron a estar en esta situación”, cuenta Ariel para describir cómo se prepara él y el resto de la familia para recibir a cada pequeñito.

No solo la casa necesita ordenarse de manera diferente, también es necesario modificar las rutinas, organizar las actividades y coordinar horarios. Cada miembro de la familia tiene su rol con cada uno de los niños que llegan hasta allí, Ariel cuenta que él sale del trabajo y luego, “me quedo con el gordo porque mis hijas trabajan y estudian y mi señora estudia de noche. Este es un compromiso de toda la familia”.

“Es un verdadero sacrificio, nos acomodamos en función del niño que está en nuestra casa”. Pero pese a ello, nunca pensaron en renunciar a esta labor, “si vemos que la situación nos sobrepasa pedimos ayuda al equipo de profesionales de Avome y seguimos adelante”.

Es que los momentos vividos con estos pequeños pueden superar cualquier cualquier inconveniente. “Llegar de trabajar, que te reciban y que inevitablemente te diga `papá´, es emocionante”, asegura Ruiz.

El momento de la despedida

Durante el tiempo que pasan juntos, que puede ser seis meses y en algunos casos hasta un año (dependiendo de la situación de los niños), se crean lazos muy fuertes. Comparten su día a día, las noches sin poder dormir, los juegos, las tareas de la escuela, los domingos de paseos, y alguna que otra travesura.

“Con cada nene cumplo el rol de papá, con la diferencia que uno sabe que esto es temporario y que en algún momento volverán a su familia de sangre o serán adoptados”, expresa Ariel y añade: “Las despedidas son muy difíciles, se vive los primeros días como un duelo. De repente en la casa ya no hay más ruidos, está todo tranquilo y uno tiene más tiempo para hacer otras cosas”.

“Duele saber que probablemente no vaya a verlos más. Pero nos quedan los buenos recuerdos, tenemos fotos y videos de ellos que cada tanto los vemos todos en familia en el televisor para recordarlos”, admite.

Quienes conocen a Ariel y su gran misión le confiesan que no podrían estar en su lugar, pero él siempre responde con convicción: “No es que no podés hacerlo, sino que hay que dejar el egoísmo de lado”. Toda la familia vive esto con gran compromiso y entrega. “Nosotros somos muy creyentes, pertenecemos a la iglesia cristiana y elegimos esto como un servicio. Por eso, no es negociable, ante todo lo seguimos eligiendo”, afirma el hombre.

Ante la consulta sobre si esta tarea lo ha cambiado como persona, Ariel hace una pausa y asegura: “En algún punto te cambia. Uno es consciente de lo que puede aportar para brindarles a estos chicos amor, cariño, un ambiente seguro y contención. No a muchos, pero sí al menos a uno; es un pequeño granito de arena”. 

 ¿Quiénes pueden ser familias temporarias?

El Programa de Familias Temporarias articula la acción de familias voluntarias que acogen por un tiempo determinado en su hogar a niños, desde recién nacidos hasta los 10 años, que esperan a que se resuelva su situación legal. Son menores que no pueden seguir conviviendo con sus familias biológicas por muy diversas razones y por tiempos que varían según cada caso. Por ello, los Equipos Técnicos Interdisciplinarios de la DGP toman medidas de protección excepcionales.

El acogimiento familiar es un dispositivo de cuidado alternativo para los niños que al tener vulnerados sus derechos, pueden acceder cuando los equipos interdisciplinarios de la Dirección General de Protección aplican una medida de protección excepcional.

“Del programa pueden participar personas solas y de cualquier configuración familiar. No es necesario que hayan tenido hijos, pero sí que demuestren alguna experiencia en crianza”, explicó a MDZ Leticia Urruti, coordinadora del programa de Asociación Voluntarios de Mendoza-Niñez y Familia (Avome).

Urruti comparte que en estos últimos años se ha registrado una disminución en el número de familias temporarias en la provincia. Esto se debe a “la situación social, a la cantidad de actividades que tiene la gente en la actualidad, el estrés y las responsabilidades que lleva a que no pueden presentarse para ser parte del programa”.

Aquellos que estén interesados en ser parte de este programa pueden comunicarse a Avome al número de teléfono 4281149 o al número de celular 2612656544. También vía Facebook en Programa de Familia Temporaria Mendoza o Instagram en familiatemporaria.mendoza.