¿Cómo lograr que un proyecto cultural sea sustentable?
No es fácil vivir de la cultura porque, por algún motivo, si bien es claro que para la sociedad de hoy que los bienes artísticos son imprescindibles para configurar una sociedad en sus valores, es aquello que nos hace más humanos y nos conecta en un nivel más allá de lo práctico, sigue pareciendo algo prescindible en caso de necesidad y urgencia. Esto se vio durante la pandemia, cuando los más relegados en su vuelta al trabajo fueron los distintos agentes de la cultura, los teatros, museos, conciertos, etc.
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No fue todo negativo. La pandemia nos obligó a una rápida virtualización, con medios que estaban ya a la mano pero que tuvimos que tomar y potenciar. Por ejemplo, en Fundación ICBC, donde coordino las actividades culturales, pasamos de las exposiciones de arte presenciales, a generar videos en los cuales mostrábamos los procesos creativos de los artistas desde sus talleres.
Nada se iguala a la experiencia presencial frente a una obra o a percibir el sonido en vivo de las vibraciones de los instrumentos en el aire. Sin embargo poder entrar al taller y ver cómo se produce una escultura o el proceso creativo de una foto, nos ayuda a valorarla desde un nuevo lugar.
Hoy, donde todo parece inmediato, nos cuesta poner el valor económico a una pieza artística, las horas de trabajo, el valor de los materiales, los años de trabajo del artista hasta lograr aquello que nos ofrece.
Volviendo a la pregunta inicial, entonces, ¿cómo podemos lograr vivir de manera sostenida en el tiempo de aquello que nos apasiona hacer? Son muchos pasos a dar, pero el primero es armar un proyecto sólido, en el cuál tengamos claro nuestras expectativas con respecto a lo que esperamos lograr, sus costos, la idea que queremos trasmitir, el público al que nos estamos dirigiendo y su potencial redito. Es acá donde los agentes de la cultura deben perder el perjuicio al marketing y animarse a entrar en este oficio que nos ofrece años de experiencia y reflexión sobre cómo manejarnos en el mundo de hoy para vender aquello que tenemos para ofrecer.
Si queremos vivir del arte, entonces el primer cambio de mentalidad es poder ver nosotros en el arte un negocio, un producto (ya sea tangible o de servicio). El universo de las industrias culturales o creativas es muy amplio, ya referirnos a culturales o creativas marca varios matices de diferencia. Es por esto por lo que cada tipo de producto tendrá su recorrido propio a la hora de armar y presentar un proyecto, evaluar sus potenciales modos de financiamiento y aliados estratégicos privados o públicos, fundamentales para lograr el objetivo de sustentabilidad planteado al comienzo.
Desde el área de cultura de Fundación ICBC, perteneciente a un banco, teniendo parte en ambos universos -el de la cultura y el negocio- venimos planteando hace varios años estas preguntas a expertos en el tema para lograr brindar herramientas de profesionalización a agentes de la cultura. El pasado martes comenzamos con el ciclo de Cultura y Negocio 2022 con la participación de Marcela Pais Andrade, asesora y capacitadora en diseño y gestión de proyectos culturales, coordinado por Agustina Peretti.
En este primer encuentro se plantearon las preguntas fundamentales para poder estructurar un proyecto consistente.
- Para empezar ¿cómo pensar el título? Lo primero que lee quien recibe nuestra propuesta, que produce el impacto inicial, y como tal debe significar el diferencial de nuestra propuesta. Este llegue capaz al final, como parte del proceso, pero es de suma relevancia.
- Las preguntas que configuran el proceso que no pueden faltar son: ¿Quién espero que consuma mi producto? Edad, intereses, capacidad económica.
- ¿Qué recursos ya tengo? Listarlos, humanos y materiales (desde el número de localidades hasta el programa de diseño para editar el video de presentación),
- ¿Qué medios usaré para difundir y llegar al público que definí?
- Si voy a enviar mi propuesta a un potencial aliado, ¿de qué manera su perfil se alinea con mi proyecto? ¿Por qué yo puedo para él ser un aliado interesante?
Como corazón del proyecto, en un mundo saturado de información e ideas, tengo que reconocer de qué manera la propia tiene un valor único, dado por ese diferencial que solo yo, o el grupo al que pertenezco tiene para aportar.
Son muchos los puntos a considerar y las preguntas a tener en cuenta. Seguiremos en mayo y junio trabajando estos temas, como la internacionalización de proyectos culturales, y el desarrollo de audiencias, ambas patas fundamentales en la sustentabilidad de un proyecto.
* María Agustina Punte es gestora cultural y Coordinadora del área de Cultura de Fundación ICBC

