El otro 25 de Mayo: la batalla olvidada y un curioso homenaje en Buenos Aires

El otro 25 de Mayo: la batalla olvidada y un curioso homenaje en Buenos Aires

Años después de la Revolución de Mayo y mucho antes de la declaración de la independencia, una batalla olvidada jugó un rol clave en el continente. Pocos la recuerdan. Menos aún tienen presente que el azar quiso que se librara un día como hoy.

Facundo Durand

Bolivia. 24 de Mayo de 1814. Va cayendo la noche en el denso bosque, a orillas del río Piray. 

A pesar de que el día está terminando, un hormiguero de personas trabaja febrilmente. Cavan trincheras, mueven ramas, empujan un cañón. Son las “tropas” patriotas, si es que se las puede llamar así, compuestas en su mayoría por paisanos, que se han levantado para luchar por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 

Al frente de ellas, el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, un militar español, que habiéndose casado con la salteña Serafina Hoyos, abrazó ardorosamente la causa de la independencia sudamericana

Hay tensión, nerviosismo en el aire. Las tropas realistas están muy cerca. Difícil pegar un ojo sabiendo que quizás no vuelvas a ver a tus seres queridos, que esta puede ser tu última noche sobre esta tierra. Pero hay también confianza en el jefe, y ganas de defender la propia tierra y la dignidad, el deseo de dejar de ser ciudadano “de segunda”.

Ya por la mañana, aparece el enemigo al otro lado del río. Cuando ve los dos cañoncitos patriotas arriba de la barranca (puestos allí por Arenales como señuelo) se lanza con furia a cruzar el río en esa dirección, creyendo que las fuerzas independentistas se encuentran detrás de ellos. Grande es su sorpresa cuando al hacer pie en la playa, sufre la mortífera descarga de las armas de fuego de los tiradores que están en las trincheras camufladas con ramas, no al frente, sino en sus flancos. 

Hay tensión, nerviosismo en el aire. Pero hay también ganas de defender la propia tierra y la dignidad, el deseo de dejar de ser ciudadano “de segunda”

En plena desorientación realista, Arenales lanza una nueva descarga y ordena el ataque de la infantería y la caballería, también ocultas a ambos laterales de los españoles. 

En pocos minutos, las fuerzas enemigas son aniquiladas. La batalla está ganada. Arenales, resuelto a dar el golpe final, ordena la persecución de los soldados españoles que huyen, y se lanza él mismo en persona galopando a toda velocidad al frente de la acción. 

Con la adrenalina en las venas y sin darse cuenta, va dejando al resto de su tropa detrás y se va internando en el bosque con el solo acompañamiento de su sobrino, el teniente Apolinario Echavarría. Hasta que, súbitamente, se encuentran rodeados por 11 soldados españoles, que comienzan a dispararles. Muertos sus caballos, se defienden con sus pistolas y sus espadas. 

Echavarría, viendo que uno de los realistas se apresta a dispararle a su coronel, emulando al sargento Cabral, lo cubre con su cuerpo y cae muerto.

Arenales carga ya con trece heridas profundas en su cabeza, su cara y su cuerpo (por lo que en el futuro sus adversarios le llamarán El Hachado), y está tinto en sangre, pero no se rinde. Finalmente, luego de matar a varios de sus enemigos y herir a todos los demás, uno de ellos le da un culatazo por detrás y lo dejan tirado, pensando que está muerto.

Muchas horas después, es encontrado por sus soldados y llevado al campamento, donde lentamente logrará recuperarse. 

Esta batalla, llamada de La Florida por haber ocurrido al lado de la Misión franciscana de La Florida, en la provincia rioplatense del Alto Perú (hoy Bolivia), dio su nombre tanto a la conocida peatonal de la ciudad de Buenos Aires como a varias calles de otros distritos, debido al importante impacto que tuvo en la lucha por la independencia. Al detener a las fuerzas realistas, frustró sus planes de avanzar hacia Tucumán para luego llegar hasta Buenos Aires con el fin de aniquilar la naciente revolución argentina. 

Quiso misteriosamente el destino que en la mañana del 25 de Mayo de 1814, el día en que se cumplían cuatro años exactos de la Revolución de Mayo, Arenales y sus paisanos regalaran a nuestra naciente patria, esta vital y gloriosa victoria. Casi un segundo nacimiento del proceso iniciado en aquel Cabildo de Buenos Aires de 1810. 

Ojala que el recuerdo de hombres de esta valentía y entrega, que eran sin embargo de carne y hueso como nosotros, nos impulse a trabajar por nuestra patria con algo de ese espíritu. Y que, mientras tomamos un rico chocolate caliente con churros, brote de nuestro pecho un agradecido y sentido ¡¡¡Viva la Patria!!!

* Facundo Durand es subsecretario de Mantenimiento del Espacio Publico en la Municipalidad de 3 de Febrero

                                                                                                       

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