Apuntes de siembra

Cumpleaños ¿feliz? ¿Cómo celebramos los cumpleaños infantiles?

En la vorágine de la organización, y en el afán de que nuestros niños tengan un lindo recuerdo de su cumpleaños, muchas veces nos dejamos llevar por “lo que se hace”, perdiendo de vista lo más importante: que sea un momento de disfrute para ellos.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán domingo, 1 de mayo de 2022 · 21:24 hs
Cumpleaños ¿feliz? ¿Cómo celebramos los cumpleaños infantiles?
Foto: Ivan Samkov en Pexels

Las extravagancias e inversiones para los cumpleaños infantiles crecen a pasos más agigantados que nuestros propios chicos. La mejor animación, el cotillón más completo, el souvenir más original. ¿Es todo esto realmente necesario e imprescindible?

Desde ya que es lindo celebrar y también disfrutamos de poder comprar o contratar tantas cosas lindas que nos ofrece el mercado (grandes y pequeños emprendedores). Pero a veces nos olvidamos de que lo único verdaderamente importante es que el homenajeado se sienta “especial”. Para esto, no hacen falta grandes gastos, sino simplemente estar atentos a los pequeños detalles, gestos y actitudes. 

La contracara de estos mega eventos es el también mega stress que genera en los homenajeados y en nosotros, los organizadores. Empezamos el evento tan agotados que deseamos que termine lo más pronto posible. Porque pusimos tanta expectativa, queremos que la sonrisa de nuestro pequeño sea más grande que un edificio y, lógicamente, entre la emoción propia y los nervios nuestros, probablemente aparecerá también una buena dosis de llantos, nervios y malas caras. Y ahí, viene nuestro desborde: "¡¿Cómo?! ¿No estás disfrutando? Con todo lo que nos costó"… etc.. etc. 

Un mes antes de su cumpleaños, Camila preparaba una cartelera con un calendario, en el que iba tachando los días que faltaban a modo de cuenta regresiva. Siempre fue muy entusiasta con su cumple y, a medida que crecía, esta emoción se fue canalizando hacia los preparativos del ansiado festejo. Cami ese año cumplía 7 años y el festejo sería el sábado con todas las compañeras de su clase en un salón muy lindo. “Quiero que haya maquillaje”, le había pedido a su mamá, que enseguida gestionó el deseo de su pequeñita. Karaoke, DJ, luces, bola de boliche, souvenirs personalizados. A medida que iban pasando los días, la lista de deseos de Cami se hacía cada vez más extensa. 

Llegó el esperado día del festejo. Mientras se vestía, se desató el primer inconveniente: los zapatos que había pensado ponerse se le rompieron mientras se calzaba. Hubo algunos llantos y quejas, pero sobrellevaron la situación encontrando otros. Al rato, la señora que preparaba los cupcakes llamó avisando que había tenido un inconveniente y no sabía si llegaría a tiempo. Esta vez los gritos fueron de la mamá de Cami, a quién su esposo tranquilizó diciendo que no hacían falta los cupcakes, que si no estaban nadie lo notaría. 

Sobrellevados estos imprevistos, llegaron al salón. Todo estaba saliendo según lo planeado, pero inesperadamente, al momento de las fotos, Cami se puso a llorar desconsoladamente. El supuesto motivo era que una amiguita la había pisado, pero en realidad fue una mezcla de cansancio, stress y nervios.

Historias como esta se repiten, con distintas características. Como decíamos, grandes y chicos a veces nos embarcamos en estas grandes celebraciones, y proporcionalmente a nuestras expectativas sobre ellas, crecen las posibilidades de frustrarnos, y que las cosas no salgan tal como lo esperamos. 

Desde ya que es lindísimo celebrar y podemos aprovechar las novedosas propuestas del mercado. Pero la clave está en no perder el foco, no olvidarnos de lo que verdaderamente importa. Ninguna de estas cosas es “esencial” ni “imprescindible”. Con esta mirada, cambia abismalmente nuestra actitud, y por ende la de los chicos. 

La pandemia impactó de manera obligada también en las celebraciones de los cumpleaños infantiles. Volvimos a las plazas, a los festejos simples y al aire libre. Sin duda, fue una oportunidad para demostrarnos que no se necesitan grandes cosas cuando están presentes las ganas de celebrar y de pasar tiempo juntos. 

Una vez más, la creatividad y la imaginación pueden hacernos el cumpleaños más divertido. Con los juegos más simples, sabiendo escuchar lo que verdaderamente quieren los chicos (según sus propios intereses y no por el trending topic de los cumpleaños de la sala o grado). Saber indagar lo que verdaderamente les entusiasma puede ser un buen punto de partida. 

Con respecto a la comida, en vez de preocuparnos por lo extraordinario del candy bar y de la torta, para que sean dignos de compartir en nuestro feed de Instagram, busquemos variedad y simpleza. Evitemos desperdicios y también los extremos: todo saludable vs nada saludable. A la hora de decidir el menú, usemos el sentido común, que es a veces el menos común de los sentidos. 

Por otro lado, cada cosa a su tiempo. Es clave ser conscientes de la edad del homenajeado. No nos adelantemos ni quememos etapas. Si en el cumpleaños de 5 años contratamos DJ, luces y armamos un boliche, qué queda para la adolescencia. 

Es sin duda difícil, animarnos a ir un poco contracorriente, no seguir a la manada. Paradójicamente estos chicos a los que nada parece entretenerlos lo que necesitan es, justamente, un poco de aburrimiento para desplegar su creatividad.  Las celebraciones de cumpleaños, no están ajenas a esta premisa. Si en vez de preocuparnos por cronometrar cada segundo del evento para “mantenerlos entretenidos” nos dispusiéramos a acercarles propuestas diferentes sería más provechoso para todos. Arte, deporte, juegos, aire libre. Cuanto más simple mejor. 

Por cumpleaños más felices, en los que lo importante sea ni más ni menos que celebrar la vida de nuestros pequeños.

 

* Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán es Abogada, Mediadora y Orientadora familiar. Juntas hacen Apuntes de Siembra

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