Bono extra y deuda: ¿Y si el Estado financiara a emprendedores?
En las últimas semanas surgió una discusión en torno a un aporte de $1.000 millones que la Fintech UALA recibió por parte del Ministerio de Desarrollo Productivo para otorgar créditos a emprendedores. El objeto del mismo es ampliar las posibilidades de inclusión financiera para sectores en donde el acceso al crédito de bancos comerciales siempre es dificultoso.
Los recursos, unos U$9 millones el tipo de cambio oficial, corresponden a desembolsos del Banco Interamericano de Desarrollo. Desde ya que estos préstamos implican cumplir con ciertas prácticas y políticas impulsadas por las propias agendas de los Organismos Internacionales; pero ese no es el objeto de esta contribución.
El debate se dio en tanto las tradicionales instituciones financieras no forman parte del programa mientras que el gremio bancario, adherente al oficialismo, manifestaba: “Es inadmisible que, en lugar de canalizar la inclusión financiera y los créditos de las Pymes a través de la banca pública, y dentro del sistema, se realice este convenio con una empresa totalmente informal que ni siquiera es un banco y se destinen millones de pesos para tal efecto”.
Mas allá de eso, lo que esta divergencia demuestra es el histórico problema que presenta el país en cuanto el impulso a la actividad emprendedora por sus altos costos de entrada. El ejemplo más concreto es la muy baja posibilidad de obtener prestamos bancarios para financiar el inicio de una actividad o inversión puntual.
Y ello no es un asunto solo de la banca privada. Justamente la propia banca pública también impone una gama de requisitos previos de aprobación (la famosa carpeta) que torna muy dificultoso el acceso al crédito. Un punto central es que, aun mostrando actividad económica previa de más de un año, los bancos no autorizan prestar el dinero a emprendedores.
Esta situación no es gratuita o de bajo costo para el país. La tasa de Pymes por cada 1000 habitantes se encuentra en 15, mientras que en Brasil es 25, en México 34, en Uruguay 48 y, en Chile 58. Esto implica menos trabajo e inversión. Asimismo, en un estudio de la Asociación de Emprendedores de la Argentina -ASEA- realizado a fines del año 2021 sobre la problemática que enfrentan los emprendedores, un 39% de los encuestados señalo como primera dificultad a la falta de financiamiento.
El escenario completa su lógica del circulo vicioso cuando vemos en qué prestan los Bancos sus depósitos. Nada menos que el 90% de ellos tienen como destino al sector público y al Banco Central. Un esquema de esta naturaleza hace natural que el crédito al sector privado represente solamente el 7,2% del PBI, uno de los más bajos del mundo. Y si nos referimos a los nuevos emprendedores, que no poseen historial crediticio, esto los afecta en mucho mayor medida.
Para tener una idea de estas cifras, en estos primeros cuatro meses del 2022, el Estado captó fondos de los Bancos y Fondos que administran ahorros privados por el equivalente a USS 14.000 millones, compuestos por USS 10.000 millones de deuda pública a renovar mas un adicional, deuda neta, por USS 4000 millones. Las preferencias están más que claras.
Una banca al emprendedor
La difícil situación de obtención de la inversión inicial es la base para que el emprendedor opte por mecanismos alternativos como las Fintechs y bancos digitales para obtener cierta financiación para su proyecto. Estas herramientas bajan los costos de entrada en cuanto ingreso al sistema, pero no son alternativas sustentables.
UALA ofrece créditos personales al 70% anual, el Brubank al 80% y Mercado Pago, al 100% anual. Desde ya que quienes operan con ellas tienden a no observar con mayor atención esas cifras en tanto la preferencia es contar con los recursos. Pero para un mercado que funcionase en base a otros preceptos, estas tasas serian más la excepción que la regla.
Pero la realidad indica que entre el prestamista y quien necesita los fondos existe un equilibrio que depende de muchas garantías en un país que de eso ofrece poco; es así entonces que la discusión termina siempre siendo entre el huevo o la gallina; “sin el dinero no puedo iniciar mi actividad” vs. “si no contas con actividad, ¿cómo me vas a devolver el préstamo”?
¿Hay solución? Una propuesta poco abordada en Argentina es ver el asunto como un negocio integral; esto es, con más de un socio. Si los Bancos necesitan una garantía de repago, el deudor podría aceptarlos como partners en el emprendimiento, cediendo parte de sus excedentes que podrían ser destinados a cancelar cuotas futuras o depositados en plazos fijos u otras inversiones que respalden la acreencia.
Ayudar o repartir
Asimismo, hemos visto como en las últimas semanas el gobierno ha decidido inyectar unos $200.000 millones de pesos en sectores con empleo informal o monotributistas para compensar la alta inflación. En una política en donde el gato se muerde la cola, este “beneficio” tendrá un impacto de muy corto plazo y de carácter puntual. Las partidas serán financiadas por excedentes de recaudación.
El asunto entonces es observar cuales son las prioridades. Una simple cuenta indica que el Estado podría respaldar o garantizar créditos equivalentes a $2.000.000 para unos 100.000 emprendedores. Con ello contribuiría a generar movimiento económico continuo que ayuda en la creación de empleo o inversiones.
Pero las obligaciones políticas junto a los compromisos por lealtades electorales comprometen la ejecución de estas medidas en tanto distribuir un flujo previamente extraído a los contribuyentes resulta más útil que apostar por la generación de riqueza. A la vista esta entonces que el problema general no es que el dinero no está, sino que el sistema imperante bloquea toda posibilidad de una mejor asignación.
La ecuación vigente es que este enfoque no puede realizarse sin que previamente se ordene la macroeconomía. Ya sea en la senda light y muy chiquita en la versión del Gobierno, o proyectando la ejecución de reformas con otra administración que recién verán sus frutos en dos años.
Si la discusión actual prosigue bajo estos paradigmas, siempre una potencial solución presentará muchos condicionantes. El desafío es cambiar el eje del debate. Los recursos están, tanto los financieros y de formación en capital humano junto al espíritu emprendedor.
Sobre esa base, apostar al crecimiento y desarrollo de quienes están dispuestos a generar nuevos emprendimientos, que a la postre serán más empresas, otorga una vía concreta que contribuye a ordenar el sistema económico en general, proveyendo de nuevos negocios. Porque, además, es la única opción posible y viable para hacer funcionar al país.
* Agustín Jaureguiberry es politólogo, magister en Estudios Internacionales y máster en Políticas Públicas.