Cuatro incógnitas del conflicto en Ucrania
A un mes de iniciado el conflicto, el análisis del mismo deja una serie de incógnitas. Las respuestas definirán la resolución del conflicto.
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La primera incógnita es qué está buscando Rusia en Ucrania. Está claro que la “desnazificación” de Ucrania es una excusa del presidente ruso Vladimir Putin para justificar una invasión profundamente reñida con el derecho internacional. También es evidente que, de fondo, Rusia busca rediscutir la arquitectura de seguridad europea. El gran cambio es que, al invadir Ucrania, Rusia pasó a la ofensiva en ese intento de rediscusión. Pero no está claro qué busca Rusia en territorio ucraniano. Al comienzo parecía que buscaba acrecentar su dominio sobre las repúblicas secesionistas de Donetsk y Lugansk, que conforman la zona rusófona del Donbás. Cuando las tropas rusas fueron más allá de Donbás, parecía que el objetivo era destruir la capacidad militar ucraniana. A un mes del conflicto, Rusia capturó ciudades fuera del Donbás como Melitópol o Jerson, bombardea zonas muy alejadas (como Leópolis), destruyó (aunque aún no capturó) Mariúpol y asedia hace semanas la capital. Incluso Rusia parece haber descartado toda consideración humanitaria y ha aumentado la intensidad de su ataque, incluyendo objetivos civiles.
Esta intensidad no parece convergente con simplemente quedarse con el Donbás o Crimea. No se puede descartar que Rusia busque una partición del país o un cambio de régimen en Ucrania, molesta por una serie de presidentes pro occidentales desde 2014. Algunos analistas incluso sugieren que busca tomar Kiev y “conquistar” Ucrania, aunque los costos de esto último serían muy altos. En definitiva, no queda claro hasta dónde piensa Rusia llevar su invasión.
Para Vladimir Putin retirarse de Ucrania sin lo que fue a buscar sería una derrota que no está dispuesto a afrontar.
En segundo lugar, no queda claro hasta dónde puede resistir Ucrania y si puede ganar esta guerra de alguna forma. La “guerra relámpago” que planteó Rusia no fue tal, y Ucrania llevó adelante una resistencia épica. También está claro que Ucrania va ganando la guerra “no convencional” de la reputación internacional vía redes sociales. El presidente Volodímir Zelenski rechazó escapar y se ha transformado en un héroe en occidente. Pero en el plano militar, aunque Rusia haya cometido errores estratégicos, es ampliamente superior. Es muy difícil que la contraofensiva ucraniana pueda recuperar la mayor parte del terreno perdido. El interrogante que sobrevuela es si Ucrania puede resistir hasta que las sanciones económicas surtan efecto puertas adentro o Rusia se termine empantanando en un conflicto sin fin.
La tercera incógnita es cuál pueden ser los términos diplomáticos de un acuerdo. Para Vladimir Putin retirarse de Ucrania sin lo que fue a buscar sería una derrota que no está dispuesto a afrontar. A su vez, y comprensiblemente, Zelensky ha rechazado una partición de su país y su renuncia. Pero alguien tendrá que ceder en la mesa diplomática. ¿Aceptará Ucrania perder definitivamente Crimea y el Donbás, lo cual dejaría detrás una señal terrible para futuros conflictos territoriales? ¿Aceptará Rusia dejar una imagen de derrota, lo que seguramente le traerá costos internos a su líder?
La cuarta y última incógnita es cómo se desenvolverá el conflicto en las próximas semanas y los efectos de corto y largo plazo que tendrá. Se atribuye al estratega militar prusiano Carl Von Clausewitz haber acuñado la expresión “niebla de guerra” para describir la incertidumbre con respecto a la propia capacidad, la capacidad del adversario y la intención del adversario durante un enfrentamiento, operación o campaña bélica. Las guerras son fenómenos con muchas aristas y los hechos pueden dispararse en cualquier dirección. Los efectos de las guerras pueden ser muy impredecibles. Rusia podría enfrentarse a milicias, incluso con armas provistas por occidente, lo cual extendería el conflicto. Una intervención prolongada podría generar una crisis económica global con efectos políticos difíciles de anticipar en varios países. Asimismo, podría generar un cambio geopolítico en el este europeo, volviendo a una “guerra fría” en la región con la reactivación de la OTAN. A nivel global, también puede generar una Rusia más dependiente de China si los costos económicos de la guerra y las sanciones la debilitan. En definitiva, los costos tanto externos como internos pueden ser más altos de los que los protagonistas imaginaron.
Estas son las cuestiones que aún no abemos de este conflicto impensado e inesperado. Cómo se despejen estas incógnitas definirá el futuro de esta tragedia.
*Juan Negri es politólogo y director carreras de Ciencia política y Estudios internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella

