Girondo, el vanguardista porteño que le quitó solemnidad a la poesía
Cada 21 de marzo celebramos el Día Mundial de la Poesía. Esta forma de expresión literaria es de las más antiguas y se ha ido transformando con el tiempo, sin perder su esencia original.
Poesía viene del griego y significa “producción o creación artística configurada por la imaginación a través del lenguaje”; en tanto que poeta es quien construye mundos por medio de la imaginación. En el origen, la poesía estaba relacionada con la música, ya que la lira acompañaba al poeta en su recitado.
Fue en 1999 cuando la UNESCO adoptó el Día Mundial de la Poesía, para “apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y fomentar la visibilización de aquellas lenguas que se encuentran en peligro”, tal como dice la organización.
Oliverio Girondo, el poeta que sacó a la poesía de la élite
La poesía se trata de palabras, armonía y ritmo. Hubo momentos de la historia en que era sinónimo de cierto estatus, con determinada estructura y lenguaje “culto”. A fines del siglo XIX y principios del XX se dio una renovación artística, que relacionó a la poesía (y a la literatura, en general) con el acto creador, donde lo sentimental se ubicó por sobre lo formal, lo racional.
Oliverio Girondo nació mucho después, en 1891, y se destacó por pertenecer a la vanguardia porteña de la década del 20(esa de la que también formó parte -y de la que luego renegó- Jorge Luis Borges).
Girondo era de una familia de clase alta, gracias a la cual pudo estudiar y recorrer el mundo. Su pasión por las letras lo llevó a poner su oficio de escritor por encima del de abogado. Romper con la tradición era una necesidad impetuosa en el espíritu creador de Oliverio.
En sus poemas podemos apreciar el sentir, el estado de ánimo plasmado en versos que no tienen una estructura determinada y, a veces, tampoco una forma convencional. Este es el caso de Espantapájaros, escrito de tal modo que se puede ver un dibujo a la vez que una poesía (conocido como caligrama).
Veinte poemas para ser leídos en un tranvía es su primer libro. Tal como su título lo expresa, este conjunto de poemas pretende llegar a toda persona, sin importar su clase social. Es un libro que permite acceder al género lírico en un lugar tan público y vulgar que lo aleja de ese estatus impoluto y elevado en el que algunos poetas lo ubicaban. Girondo incluyó palabras que en esa época no eran consideradas lo suficientemente “cultas” como para formar parte de una obra poética (como kiosko o locomotora) y temas que hacían referencia a lo cotidiano, a lo que le puede pasar a todo el mundo.
La principal intención de Oliverio (como de cualquier poeta vanguardista) es conmover al lector: descolocar, inquietar, desestructurar. Uno de los modos en que lo hace es por medio del “desorden” de ideas y palabras, escribiendo cosas aparentemente inconexas, sin sentido. Girondo es ejemplo de la rebelión del poeta frente a lo convencional (eso que para él es irracional).
Escándalo, antisolemnidad, cotidianidad, expresión, libertad son algunas de las palabras que la poesía de Oliverio Girondo ha dejado en nuestra literatura.
