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Pobreza infantil: el desafío de las políticas públicas a 10 años de la AUH

La pobreza infantil en la Argentina es noticia recurrente por su magnitud: de acuerdo con datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, el porcentaje de niñas, niños y adolescentes que viven en hogares pobres pasó de 41,6% a 53,7% entre 2017 y 2021.

La reducción de la pobreza infantil interpela a los gobiernos y al conjunto de la sociedad civil y demanda políticas públicas sostenidas que sean capaces de promover su reducción en el tiempo.

En este marco, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) presentó el informe “Evaluación de impacto de la Asignación Universal por Hijo a diez años de su implementación”, analizando los impactos de la principal política pública vigente en nuestro país dirigida a niñas, niños y adolescentes. La evaluación se realizó a partir de una metodología en la que el grupo que recibe la Asignación Universal por Hijo (AUH) es comparado con otro que no la recibe, pero cuyas características son similares, en promedio, al grupo destinatario. Esto permite comparar a ambos grupos y concluir sobre los efectos de la AUH

Los programas como la AUH se han implementado en casi toda América Latina durante los años 2000. Se trata de transferencias monetarias dirigidas a población de bajos recursos económicos que implican, por lo general, el cumplimiento de algún tipo de condicionalidad. La AUH, por ejemplo, incluye condicionalidades en educación (asistencia a la escuela) y salud (el cumplimiento del calendario de vacunación y controles médicos). 

Al igual que casi todas las políticas de su tipo, el diseño de la AUH previó dos finalidades: reducir la pobreza actual en la que viven los niños destinatarios y atacar la reproducción intergeneracional de la pobreza. El primero de los objetivos se consigue mediante una transferencia económica a las familias. El segundo es más complejo: se asume que mediante la acumulación de capital humano en educación y salud los niños que viven en pobreza tendrán más chances de salir de ella. De allí que se instrumenten las condicionalidades. 

La pobreza infantil nos interpela en cuanto al futuro de nuestra sociedad, en la medida en que hay suficiente evidencia acerca de las consecuencias de la pobreza en múltiples dimensiones del desarrollo humano

Los resultados del informe presentado por el ODSA-UCA muestran que la AUH ha sido una política efectiva en distintas dimensiones. Entre 2010 y 2020 la AUH favoreció una mejora del ingreso per cápita familiar y una reducción de la inseguridad alimentaria severa (es decir, las experiencias de reducción involuntaria de comida o experiencias de hambre por razones económicas). La AUH también exhibe resultados importantes en materia educativa. El informe elaborado por el ODSA-UCA revela que los destinatarios tienen menores niveles de déficit de asistencia a la escuela que el grupo de comparación. Este efecto es significativamente más fuerte entre adolescentes que entre niños que concurren a la primaria. Un aspecto que también tendría su correlato en una externalidad de la AUH: la reducción del trabajo infantil económico y doméstico intensivo. 

Hay también algunos claroscuros. En materia de salud, el programa no parece tener efectos consistentes en el tiempo sobre el cumplimiento del calendario de vacunación ni sobre la realización de una consulta médica. En el caso de la educación, es poco lo que sabemos acerca de la calidad de la educación que reciben los destinatarios y, por lo general, nos movemos con información sobre asistencia a la escuela.

La AUH es un ejemplo de una política pública sostenida en el tiempo que ha demostrado que funciona. Las evidencias acerca de sus resultados positivos provienen de múltiples evaluaciones de impacto realizadas por la comunidad científica en alianza con los hacedores de política y las organizaciones de la sociedad civil. La evaluación constituye una buena práctica que debe expandirse, porque permite aprender acerca de lo que funciona, corregir lo que no funciona y dotar de legitimidad a las políticas públicas.

Los elevados niveles de pobreza en la infancia en Argentina y su persistencia en el tiempo implican un desafío en un doble nivel. Por una parte, la pobreza infantil nos interpela en cuanto al futuro de nuestra sociedad, en la medida en que hay suficiente evidencia acerca de las consecuencias de la pobreza en múltiples dimensiones del desarrollo humano. Por otra parte, la pobreza es también un desafío pues afecta el cumplimiento de los derechos actuales de los cuales los niños son titulares: vivir en pobreza implica restricciones para el ejercicio de múltiples derechos

Si bien la AUH tiene efectos positivos en la mejora de las condiciones de vida en la infancia, estos resultados se dan en un contexto de aumento de la pobreza, debido al estancamiento económico y la irrupción de la pandemia por covid-19. Es claro que la interrupción de la reproducción intergeneracional de la pobreza no podrá descansar únicamente en políticas de protección social, por mucho que tengan amplia cobertura y buenos resultados. Cortar el ciclo de la reproducción intergeneracional de la pobreza requerirá de un entorno socioeconómico que propicie más oportunidades de progreso y movilidad social. Y para ello serán necesarias políticas públicas que favorezcan el crecimiento en condiciones de equidad y sustentabilidad. 

 

*Santiago Poy es Investigador de Conicet y del Observatorio de la Deuda Social Argentina-UCA.