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Atentado a la Embajada de Israel: impactante testimonio de una víctima que se transformó en testigo

Los testimonios de los sobrevivientes de uno de los atentados terroristas más conmocionantes que tuvo lugar en Argentina tienen como común denominador un pedido de justicia que sigue vigente después de 30 años.
La casa donde funcionaba la sede diplomática quedó completamente destruida producto de la explosión Foto: TELAM
La casa donde funcionaba la sede diplomática quedó completamente destruida producto de la explosión Foto: TELAM

En muchos casos, el paso del tiempo no alcanza para borrar las percepciones, sensaciones y olores de momentos que marcan la vida de las personas. Hace 30 años miles de argentinos fueron testigos del atentado a la Embajada de Israel que dejó como saldo 22 muertos y casi 250 heridos. Quienes estuvieron presentes el día de la explosión aún están atravesados por el dolor de las pérdidas humanas, la vulnerabilidad y un pedido de justicia que no cesa. 

El 17 de marzo se cumplen 30 años del ataque terrorista a la Embajada de Israel en Buenos Aires que aún permanece impune. El atentado que tuvo lugar en el año 1992 conmocionó al mundo entero y abrió las puertas al terrorismo internacional en la Argentina. Dos años después, más precisamente en julio de 1994, la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) fue víctima de un segundo atentado que dejó casi un centenar de muertos y más de 300 heridos. 

Aquel fatídico día donde una camioneta Ford F-100 conducida por un suicida y cargada con explosivos fue estrellada contra el frente del edificio ubicado en la esquina de Arroyo y Suipacha, está presente en la memoria de miles de argentinos pero es un recuerdo constante en aquellos que estuvieron en el lugar del atentado.

Era un día martes, caluroso como los días de un verano que se iba...la embajada no era un edificio de oficinas, era una casona de estilo neofrancés construida en la década del 20' que a partir de los 50' se transformó en la sede diplomática de Israel en Argentina.

"Trabajabamos en lo que había sido una casa de familia, nuestro lugar de trabajo eran las habitaciones de esa casona. El primer piso donde estaba el embajador tenía una araña que colgaba del techo muy grande y luminosa, nos conocíamos todos ya que éramos como una familia", recuerda Jorge Kohen, uno de los sobrevivientes.

El barrio donde estaba ubicada la casona correspondía al viejo Barrio Norte de la Ciudad de Buenos Aires. Estaba muy cerca de la estación Retiro, a una cuadra de la Avenida Libertador y a dos cuadras de la Avenida Santa Fe.

"Esa cuadra era poco transitada, había una iglesia enfrente y muchas galerías de arte, solía caminar mucho por ese barrio, era una zona tranquila", recordó Jorge y agregó: "Vivo cerca de Arroyo y Suipacha. Cuando cruzo avenida Santa Fe algo me pasa y cuando llegó a esa esquina me quiebro, en el lugar donde estaba la casona hay una plaza que usan los vecinos".

La casona quedó completamente destruida producto de la explosión

El atentado ocurrido ese martes fue un momento dramático para la historia Argentina y aún está vigente en la memoria de toda una sociedad que reclama justicia. "Nunca pensé que podía suceder algo así, había precauciones pero nunca pensamos que íbamos a ser protagonistas de una tragedia de tal magnitud. Hubo más muertos afuera de la embajada que adentro", dijo.

"Estaba en el segundo piso cuando la embajada voló por el aire con nosotros adentro, minutos antes estaba charlando con una de mis compañeras de trabajo llamada Marcela Douglas quien quedó bajo los escombros. Recuerdo que me contó sobre sus vacaciones en las cataratas, que se había puesto de novia y tenía muchos proyectos...", dijo con un dolor evidente que se apodera del relato.

"También hablé con la mujer del cónsul que tenía 5 hijos y ese día los niños se quedaron sin la madre. A estas dos mujeres le truncaron la vida y eso me da mucha tristeza”, contó Cohen y expresó que ese hecho lo marcó de por vida.

"Recuerdo la explosión pero después de eso no me acuerdo de nada. Me contaron que cuando me suben a la ambulancia me ponen un teléfono cerca y escucho una persona llorando, siempre pensé que lo había soñado...me sientan en la camilla y cuando la ambulancia se pone en marcha tuve miedo porque no sabía dónde me llevaban ni qué estaba pasando, golpeé con mis piernas las puertas traseras y me tiré", recordó Cohen y agregó: "Nunca ví el edificio en ruinas, tengo bloqueados esos recuerdos pero tengo percepción de los olores de ese momento. Estaba preocupado por mis compañeros y familiares".

Producto del atentado murieron 22 personas y 250 resultaron heridas

La incertidumbre sumada al miedo por encontrarse vulnerable, herido y sin entender lo que estaba sucediendo se apoderó de esa escena que hoy recuerda con más claridad y que cada 17 de marzo revive con dolor pero con la esperanza de poder hacer un cierre a través de una justicia que no llega. "Decidí dejar de ser víctima y transformarme en testigo, la víctima es una foto en blanco y negro congelada y cada cual hace lo que puede. No es una cuestión moral, decidí levantarme y dar testimonio", destacó.

"La sociedad necesita una respuesta, estoy muy decepcionado por la justicia por parte de Estado. No hay detenidos, acusados, no sabemos si están buscando a alguien o hay conexión local... eso forma parte de la incapacidad que tenemos para cerrar el trauma. No podemos cerrarlo por la falta de justicia, este sentimiento de dolor y angustia me acompaña", destacó Cohen y agregó: "Hay una deuda con la sociedad y con nosotros, cada año que pasa ese pago de la deuda se desvanece..."

La causa, que se transformó en el primer atentado terrorista ocurrido en Argentina, llegó a la Corte Suprema sin detenidos y permanece impune al día de la fecha. Hubo numerosas hipótesis sobre los motivos del ataque pero la principal sostiene que la organización Hezbollah, con base en Líbano y apoyada por la República Islámica de Irán fue la autora intelectual de ese ataque.

Uno de los hechos más recordados en relación a la investigación fue la detención de cuatro ciudadanos de Paquistán que quedaron liberados una semana más tarde pero continuaron vinculados a la causa durante siete años, hasta que finalmente fueron sobreseídos; y la imposibilidad de determinar el número preciso de muertos, cifra que se supo con exactitud casi siete años después de ocurrido el hecho.