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La primera fundación de Buenos Aires: los relatos del único cronista

Se cumplen 486 años de la primera fundación de Buenos Aires, aunque entonces solo fue un asentamiento. Qué dicen las crónicas de esa época y cómo fueron las primeras vivencias de los españoles que habitaron el lugar.

El 3 de febrero de 1536 fue la primera fundación de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo de don Pedro de Mendoza. Si bien entonces fue solo una aldea, sentó las bases de la que luego sería lo que hoy conocemos.

La historia comenzó 10 años antes en España, el 15 de enero de 1526, cuando Diego García de Moguer salió desde La Coruña comandando una expedición de tres embarcaciones. Este hombre fue el capitán general de la armada cuyo objetivo era encontrar la ruta de las especias, siguiendo la derrota de Elcano, pasando por el estrecho de Magallanes. Esta travesía, financiada por comerciantes, llegó dos años más tarde a la zona del Río de la Plata, en febrero de 1528. Allí, García de Moguer decidió desembarcar y explorar el lugar, por lo cual se le atribuye a él su descubrimiento.

Por su parte, Pedro de Mendoza, perteneciente a una familia de la aristocracia castellana, estaba al servicio de la corte de Carlos I de España, rey emperador e hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso.

Boceto del Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre

A cargo de la carabela Concepción, el Diego García de Moguer volvió a lanzarse a la aventura el 24 de agosto de 1534, a bordo de una segunda expedición hacia ese mismo territorio. De este modo, se convirtió luego en uno de los primeros vecinos del asentamiento de Santa María del Buen Ayre.

Mientras tanto, ese mismo año, don Pedro fue nombrado Primer Adelantado del Río de la Plata. La flota en la que viajó Mendoza desembarcó en la zona del Río de la Plata el 2 o el 3 de febrero de 1536 (ya que aún los historiadores no se ponen de acuerdo en la fecha exacta). Este español fundó en ese momento el Puerto de Nuestra Señora del Buen Ayre en una región habitada por indígenas pampas (conocidos como querandíes). Entre quienes viajaban en la flota, hubo un cronista, el bávaro Ulrich Schmidl. “Allí levantamos una ciudad que se llamó Bonas Ayers, esto es en alemán gueter windt”, según se pudo rescatar de sus crónicas.

Retrato de Ulrich Schmidl

Hubo luego una serie de enfrentamientos entre españoles y querandíes, de tal magnitud que esa zona se conoció como La Matanza. “Emplean unas bolas de piedra aseguradas a un cordel largo del tamaño de las balas de plomo que usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las patas del caballo o del venado cuando lo corren y lo hacen caer. Fue también con estas bolas que mataron a nuestro capitán y a los hidalgos, como que lo vi yo con los ojos de esta cara”, relatan las crónicas respecto de las boleadoras.

Ganaron los extranjeros, pero hacía mucho calor en el verano rioplatense, lo cual traía muchos mosquitos, además de que no tenían alimento suficiente para sobrevivir. “Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad e inaudita miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos”, cuenta Ulrich acerca de ese tiempo tan difícil para los españoles.

El hambre puede llevar a la desesperación. Y eso fue lo que sucedió: tres hombres del grupo robaron un caballo para poder comer. A modo de castigo ejemplar, como se estilaba en la época, los condenaron a la horca. No obstante, según relatan las crónicas: “Esa misma noche otros españoles se arrimaron a los tres colgados en las horcas y les cortaron los muslos y otros pedazos de carne y cargaron con ellos a sus casas para satisfacer el hambre. También un español se comió al hermano que había muerto en la ciudad de Bonas Ayers”.

Estatua de Pedro de Mendoza en el Parque Lezama (CABA)

Al hambre, el calor, el agotamiento y la pérdida de fuerzas se le sumó el asedio querandí, que dio como resultado un gran incendio provocado por las flechas encendidas con las que los indígenas atacaron a los españoles. “Las flechas de ellos son de caña y con fuego en la punta; tienen también cierto palo del que las suelen hacer, y éstas una vez prendidas y arrojadas no dejan nada; con las tales nos incendiaron, porque las casas eran de paja”, tal como se registra en los escritos de Ulrich. Tres pueblos indígenas, además de los querandíes, atacaron la ciudad, que contaba con 23.000 hombres.

El incendio fue el 24 de junio de 1536. Dejando atrás caballos y yeguas, algunos escaparon en embarcaciones, como Pedro de Mendoza, que murió casi un año después, el 23 de junio de 1537. Abandonada y destruida, Buenos Aires debería esperar aproximadamente 44 años para que Juan de Garay hiciera una segunda fundación de la que se llamaría Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre.