Cinco puntos clave para entender el conflicto en Ucrania
Cuando la mayoría de los analistas creía que sería una intervención exclusivamente en los territorios pro-rusos del este ucraniano, el jueves Rusia bombardeó objetivos militares en todo el territorio. Ahora pareciera que Putin solamente intenta destruir la capacidad militar ucraniana, pero la realidad es que pocos se animan a predecir hasta dónde llegará Rusia en su avanzada militar. Así, hemos llegado al primer conflicto bélico en territorio europeo desde las guerras yugoslavas. ¿Cómo llegamos hasta aquí? Presento a continuación los cinco puntos clave para entender el conflicto.
El primer punto clave es la incomodidad rusa con la estructura de seguridad europea, en especial la expansión de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) hacia el este. A pesar de que el compromiso original era que la organización no iba a ampliarse, a fines de los noventa se fueron incorporando a la misma los países de la vieja órbita soviética. Esto amenaza abiertamente las percepciones de seguridad de Rusia. De hecho, las tensiones entre ambos países han aumentado en los últimos años ante la insistencia de Ucrania de convertirse en miembro desde la llegada al poder de un pro-occidental (y muy anti-ruso) Volodymyr Zelenski a la presidencia de Ucrania. Putin quiere que la OTAN prometa que Ucrania nunca será miembro de la alianza.
Moscú también ha pedido a la OTAN que cese toda actividad militar en Europa del Este. Pero los líderes occidentales han rechazado esas demandas. Es inadmisible para ellos que Rusia sea un veto efectivo sobre las decisiones de política exterior de Ucrania y defienden la "política de puertas abiertas" de la OTAN, que otorga a cualquier nación europea el derecho a solicitar unirse, a pesar de que nunca consideraron seriamente la posibilidad de incorporar a este último país.
El segundo elemento clave del conflicto es el apoyo ruso a los separatistas en las regiones de Donetsk y Luhansk de Ucrania, en un área conocida colectivamente como Donbás. Estas regiones se separaron del control del gobierno ucraniano en 2014 y se autoproclamaron “repúblicas populares” independientes. La medida llevó a un sangriento conflicto entre Ucrania y las fuerzas respaldadas por Rusia, que terminó en parte con la firma del acuerdo de Minsk en 2015. El acuerdo requería un alto el fuego en la región, la salida de las fuerzas extranjeras y cierto grado de autonomía para las áreas controladas por los separatistas. Los acuerdos nunca se cumplieron.
Buena parte del problema reside en que Rusia cree que el este de Ucrania es una antigua tierra rusa. Por ello, Putin reconoció la independencia y soberanía de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk como una manera de resguardar los intereses de los ciudadanos pro-rusos que habitan la región. Luego, intervino militarmente esas zonas para detener las agresiones que los sectores de ultraderecha nacionalistas ucranianos ejercían contra las poblaciones del Donbás.
El tercer elemento clave es la suposición rusa de que “occidente” reaccionará tímidamente. En sus cálculos, considera que es demasiado costoso para la Unión Europea o la OTAN defender a un país que no es miembro de ninguno de los dos organismos. Así, Rusia puede salirse con la suya a bajo costo. En efecto, si bien ha habido reacciones de las potencias internacionales, éstas no han sido contundentes (como podría ser desconectar a Rusia del sistema bancario internacional SWIFT). El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, firmó una orden ejecutiva para detener la actividad comercial estadounidense en las regiones separatistas. El canciller alemán Olaf Scholz detuvo el proceso de certificación del gasoducto Nord Stream 2, que lleva gas natural de Rusia a Alemania. Pero no son sanciones que vayan a modificar los cálculos de Putin. Por ello es descabellado pensar en una tercera guerra mundial como algunos pronostican. Los países de la OTAN intentarán enfrentar la situación frente a Rusia sin recurrir a la vía militar. Los Estados Unidos, por ejemplo, ya descartó el envío de tropas. Zelenski ya lo advirtió, y por ello se lamenta públicamente de que Ucrania ha sido abandonada.
El cuarto elemento a considerar es que el conflicto tendrá efectos económicos, que afectarán incluso a países alejados del teatro de operaciones como el nuestro. La guerra en Ucrania impactará directamente en el precio de la energía (gas y petróleo) y también de productos primarios. Esto afecta a la Argentina, que es muy dependiente de la energía importada (que además hay que pagarla en dólares). Esto puede poner presión sobre la inflación en nuestro país. Nosotros tenemos los precios del gas atados al precio internacional.
El quinto punto es que el futuro puede ser peor. Las guerras son fenómenos con muchas aristas y los hechos pueden dispararse en cualquier dirección. La crisis es impredecible y nadie sabe realmente lo que Putin está tratando de lograr. Aunque parecía que no estaba en sus planes, tropas rusas avanzaban sobre Kiev y algunos analistas consideran que busca deponer al presidente Zelenski. A su vez, dentro de territorio ucraniano Rusia podría enfrentarse a milicias, incluso con armas provistas por occidente, lo cual aumentaría el conflicto. A su vez, una intervención prolongada podría debilitar económicamente a Rusia, e incluso políticamente fortalecer a sus enemigos internos. A su vez, la guerra reactivó a la OTAN, que estaba algo adormecida. Aunque quizás no era lo que Putin deseaba, el resultado será una militarización de Europa del Este, y no lo contrario como expresó el Presidente. En definitiva, hay elementos sobre la mesa que hacen pensar que los costos tanto externos como internos pueden ser más altos de los que Rusia imaginaba.
Estamos entonces frente a un conflicto impensado e inesperado, que sin dudas logró que el mundo preste atención a Rusia y puso a la OTAN a la defensiva. Los próximos días serán clave para ver hacia dónde se encamina el conflicto.
*Juan Negri es politólogo y director carreras de Ciencia política y Estudios internacionales en la Universidad Torcuato Di Tella
