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No hubo magia: el pacto al que los mendocinos le dan la espalda en el inicio de clases

Comenzaron las clases y medio millón de niños y adolescentes vuelven a las aulas. Se arrastran dos años de pandemia mal gestionada y en la educación se siente. No hubo acuerdo político para "cuidar" y potenciar a las escuelas.
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ
Foto: ALF PONCE MERCADO / MDZ

"No mires la cara; mirale los pies a los niños. Ahí te vas a dar cuenta por qué muchos vienen con vergüenza a la escuela", comenta una docente que lleva años frente al aula en zonas menos favorecidas económicamente del Gran Mendoza. Se refiere a que en la escuela se notan las desigualdades que en el resto de los escenarios sociales se pueden esconder. Y las zapatillas son el elemento más caro y uno de los más significativos. "Los útiles pueden conseguirse y hasta los con ayuda de los docentes, pero hay otras cosas que faltan. Hasta comida", explica la docente. Medio millón de niños y adolescentes hoy deben volver a las aulas y casi 34 mil docentes los reciben. Con menos protocolos sanitarios y con más carencias estructurales. 

Arrancaron las clases en Mendoza y el Gobierno puede festejar un pequeño triunfo político: no hubo obstáculos para las aulas abran. Salvo, claro, las propias limitaciones logísticas del sistema. La estrategia de postergar el inicio de las paritarias sobre la hora sirvió para evitar que el SUTE organice alguna medida de fuerza que complique el primer día. Es una victoria pequeña, ínfima en un panorama desolador, pues las clases comienzan de manera rutinaria y no hubo magia; no hubo ningún pacto para cuidar el aula, para priorizar la escuela y apostar al futuro tras dos años duros de pandemia en los que la desigualdad se acentuó. 

Incluso hubo oportunidades de sobra. El viernes los principales dirigentes de Mendoza se reunieron para ver cómo gastan 1.023 millones de dólares que la provincia tiene disponibles. En agenda estaba anotada una reunión similar para debatir la inversión necesaria para reparar escuelas. La educación quedó relegada en la minuta del gobernador y los 18 intendentes. La discusión pendiente tampoco era revolucionaria, sino todo lo contrario: quién "no" se hace cargo de arreglar los edificios. 

Así, el Gobierno y los que quieren gobernar esquivan una discusión incómoda. El sistema educativo argentino tiene más de un año perdido. Las generaciones que se educan en el contexto de la pandemia (de la pandemia gestionada por Alberto Fernández y los gobernadores actuales) tienen un bache. Hay decenas de eufemismos que la DGE y el Ministerio de Educación de la Nación usan para camuflar la realidad, pero se ha perdido más de un año de educación. 

En el nivel medio, por ejemplo, aún no saben qué hacer con los adolescentes que arrastran materias adeudadas del 2020, año en el que muchos no tuvieron clases. Entre el 2021 y 2022 hay un criterio. El 2020 es una nebulosa. Ese año miles de niños no pudieron conectarse, otros tuvieron dificultades serias para genera un vínculo educativo y el resultado aún no está claro, pues datos que sirven para evaluar el sistema, como la promoción, la retención, el desempeño, no son difundidos de manera que sirvan para tener un estado de situación real.

Pérdidas

Un estudio realizado por la OSC Argentinos por la Educación advertía, el año pasado, que la pérdida de aprendizajes por haber tenido las escuelas cerradas genera un problema que se arrastra y se puede acumular si no se abordan estrategias puntuales. "Sin medidas que ayuden a los niños a ponerse al día, los estudiantes pueden seguir retrasándose cada vez más incluso después de regresar a la escuela. Como quedó demostrado, aun cuando los niños ya no faltan a la escuela, pueden seguir perdiendo nuevos aprendizajes si la estrategia pedagógica no se adapta a sus necesidades. De esta manera, las pérdidas de aprendizaje iniciales a corto plazo pueden acumularse hasta convertirse en pérdidas de aprendizaje significativas a largo plazo", dice el estudio.

El Gobierno y los intendentes siguen enredados en la pelea mínima de recursos. El intendente de Maipú, Matías Stevanato, generó un hecho político para presionar al Ejecutivo al anunciar que construiría una escuela en ese departamento. Y hasta ahí llega todo.

Si se consulta por separado a cada actor del sistema, hay respuestas moralmente correctas: hay que priorizar la educación. Tanto, que representantes sindicales, del oficialismo y la oposición aceptan que hace falta "un pacto para cuidar la escuela"; crear una burbuja pero no por el covid, sino para que el aula quede exenta de peleas miserables. Eso por separado. Cuando hay que decidir, la visión es distinta y como en una cinchada todos tiran para su lado y cuando hay dinero de por medio, se acabó la discusión; no hay forma de jerarquizar la educación en los planes reales. Plazas, paseos, algún adorno urbano "paga más" electoralmente que cualquier aporte puertas adentro de una escuela. 

Un dato que ilustra el lugar que ocupa en la lista de prioridades el primer día de clases: Rodolfo Suarez faltó al acto oficial para iniciar el ciclo lectivo.