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Hipocondría: una enfermedad que tomó protagonismo con la pandemia

La pandemia de coronavirus además de afectar físicamente a millones de personas generó numerosos problemas de salud mental.
Ese temor a la enfermedad y a la muerte en muchas ocasiones conduce a evitar la consulta médica o, por el contrario, a acudir en exceso
Ese temor a la enfermedad y a la muerte en muchas ocasiones conduce a evitar la consulta médica o, por el contrario, a acudir en exceso

La pandemia acentúo los problemas relacionados a la salud mental de millones de personas a nivel mundial. El miedo o la preocupación por otras enfermedades fue creciendo a medida que la emergencia sanitaria por coronavirus se extendió ocasionando cuadros relacionados a la angustia, estrés y ansiedad. 

Los profesionales  de la salud definen a la hipocondría como un “trastorno de ansiedad por enfermedad” que conlleva una preocupación excesiva por padecer algún problema grave de salud y se caracteriza por la hipervigilancia de los síntomas que confirmen la enfermedad. Quienes padecen este trastorno ven afectada sensiblemente su calidad de vida y vínculos sociales. Generalmente suele existir un factor desencadenante de esta enfermedad. “Podría ser que alguien en la familia haya estado enfermo. O que hayan oído hablar de alguien de su misma edad que muere a causa de una enfermedad”, destacó Helen Tyrer, investigadora clínica principal del Imperial College London y autora del libro Tackling Health Anxiety

Las consultas de los pacientes que padecen hipocondría tienen preocupaciones excesivas y debilitantes sobre su salud caracterizados en un cuadro de estrés, o trastornos de ansiedad que se incrementaron durante la pandemia. La incertidumbre ante la situación generada por una enfermedad nueva y desconocida a nivel mundial generó estos trastornos que aún impactan en la calidad de vida de millones de personas. 

Existen muy pocos estudios acerca de este trastorno dado que presenta dificultad a la hora de concluir los datos estadísticos, sin embargo, se estima que este padecimiento lo sufre entre el 1 y el 5% de la población en el continente americano y que su cronicidad puede persistir hasta en un 50% de los pacientes si no se trata adecuadamente. Según la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por sus siglas en inglés), durante la pandemia se multiplicaron por cuatro los casos de ansiedad.

Quienes padecen esta enfermedad tienen una preocupación continua por las manifestaciones que tiene el cuerpo, un control obsesivo de los síntomas que se presentan sumado a las búsquedas o consultas realizadas a través de internet cuyos resultados siempre muestran el peor panorama posible. Además de un aumento de las visitas a consultorios médicos y hospitales. 

“La pandemia exacerbó las ansiedades sobre otras condiciones. La ansiedad por la salud ha aumentado considerablemente durante la pandemia, sobre todo porque las personas han tenido más tiempo para pensar y reflexionar sobre sus síntomas”, explicó Peter Tyrer, profesor de psiquiatría comunitaria en el Imperial College de Londres.

En muchas ocasiones, los resultados de análisis y estudios médicos no son motivo suficiente para convencer a una persona que padece hipocondría que su enfermedad no es grave. Las ansiedades sobre la salud pueden crear la apariencia de síntomas, una especie de profecía autocumplida que parece confirmar los temores de quienes se encuentran atravesando ese padecimiento.

Este fenómeno es evidente en los casos del “síndrome de la bata blanca”, en los que el estrés de visitar a un médico puede elevar la presión arterial de las personas, de modo que parezca que están experimentando hipertensión. Por esta razón, algunos proveedores médicos pueden proporcionarle un monitor de presión arterial para tomar medidas en casa cuando esté relajado.

“Pero hay muchas otras formas en que nuestros miedos pueden crear la apariencia de una enfermedad. Nuestras expectativas pueden dar forma a nuestra atención y procesamiento sensorial, por ejemplo. Si sospecha que puede haber sido infectado por COVID-19, por ejemplo, puede estar más consciente de un cosquilleo en la garganta, un dolor en el pecho o una sensación de dificultad para respirar, y cuanto más lo piensa, peor parecerá. Esto puede ser especialmente probable si alguien cercano a usted ha tenido la enfermedad , por lo que sabe exactamente qué síntomas esperar, y una prueba negativa puede no ser suficiente para calmar sus temores”, afirmó David Robson, escritor científico y autor de The Expectation Effect: How Your Mindset Can Transform Your Life.

Y agregó: “Nuestras expectativas pueden incluso provocar cambios fisiológicos, como la liberación de moléculas vasodilatadoras que causan dolores de cabeza. Los científicos llaman a estas reacciones efectos nocebo (un contraste directo con los “efectos placebo” beneficiosos). Y el malestar puede ser tan desagradable como un síntoma con una causa puramente biológica. Esto solo aumentará la ansiedad, creando un círculo vicioso”.