Qué es la justicia social y por qué es una responsabilidad individual
El Día Mundial de la Justicia Social se celebra el 20 de febrero de cada año, como un modo de recordar la importancia de la igualdad de oportunidades y de género, el pleno empleo y el acceso al bienestar para toda la población mundial. Este día fue aprobado por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 2007 y es una oportunidad para reflexionar acerca de qué hacemos como particulares para garantizar los derechos humanos de quienes tenemos cerca.
La justicia social se basa en la equidad que se puede lograr si cada persona se desarrolla plenamente. Para esto, es fundamental elaborar políticas sociales que permitan la promoción del trabajo digno, así como de los derechos económicos, sociales y culturales. Para lograr que se cumplan estos derechos es imprescindible el rol activo de los Estados para financiar, promover y ofrecer los recursos materiales necesarios para lograrlo.
Hay derechos humanos fundamentales, que se pueden interpretar como necesidades básicas comunes, como el derecho a la identidad, a la educación, a la libre expresión, a un trato digno y respetuoso. Las inequidades surgen cuando estas necesidades no se satisfacen, dando lugar a la pobreza, la falta de educación y de oportunidades laborales, la imposibilidad de acceder a una vivienda digna. En la región latinoamericana, por ejemplo, hay altos niveles de desigualdad de todo tipo, donde 3 de cada 10 personas viven en la pobreza. En el caso de niñas y niños de 0 a 14 años, el porcentaje llega a 46,7%; y esto aumenta aún más en el caso de pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes.
Cómo lograr la justicia social
Entre los factores que generan las desigualdades se encuentra indudablemente la pobreza. Es muy difícil avanzar en otro tipo de derechos fundamentales cuando la base estructural radica en esta injusticia. La discriminación es otro aspecto clave, que afecta negativamente a cualquier posibilidad que tiene una persona de desarrollar su potencial.
La justicia social es indispensable para una convivencia pacífica, que conserve la seguridad entre los países y las personas que allí viven. Si bien los Estados son responsables de generar y promoverla, es también una responsabilidad particular: cada persona puede decidir otorgar o negar la justicia social. Tratar con respeto a alguien, promover la igualdad de género, no discriminar, tener en blanco a nuestros empleados, no dejar de lado a una persona por su edad, religión o discapacidad son algunos de los ejemplos que están al alcance de nuestra mano.

