Día del médico: la importancia del juramento hipocrático
Este 3 de diciembre se celebra el día del médico, fecha elegida en honor al Dr. Carlos Finlay (03/12/1833 - 19/08/1915, Cuba), quien descubrió la transmisión de la fiebre amarilla por el mosquito Aedes aegypti (el mismo que en la actualidad transmite los virus que producen Zika, Dengue y Chikunguya). Todo ese esfuerzo salvó muchísimas vidas. A lo largo de la historia fueron muchos los médicos que han realizado sus aportes para asistir a los pacientes.
Un nuevo año nos convoca para celebrar dicha profesión, impulsada por una particular vocación de servicio al que está padeciendo alguna dolencia. Y al igual que la gran mayoría de mis colegas, volvemos a elegir “ser médico” (en mi caso desde hace 25 años). Los motivos de esta elección son muchos a pesar de todas las adversidades que nos toque enfrentar y desafiar. Porque muy pocas cosas pueden superar la satisfacción del deber cumplido, del reconocimiento y del afecto expresado por el paciente y su familia, aún en las horas finales.
Una vez más vuelvo a leer la fórmula del Juramento Hipocrático que realicé por primera vez hace 25 años, cuando junto a mis compañeros de promoción juré al momento de ser admitidos entre los miembros de la profesión médica: asumir el compromiso solemne de consagrar la vida al servicio de la humanidad, guardar a mis maestros el debido respeto y reconocimiento, ejercer
el arte de la profesión con conciencia y dignidad, considerar la salud de mis pacientes como la primera preocupación, respetar el secreto que me sea confiado, mantener en toda la medida de mis medios el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica, mis colegas serán mis hermanos, no permitir que consideraciones de religión, de nación, de raza, de partido o de clase social, se interponga entre mi deber y mi paciente, guardar el respeto absoluto de la vida humana desde la concepción, ni aún bajo amenaza, admitir hacer uso de mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.
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Dicho juramento lo vuelvo a realizar con solemnidad, libertad y por el honor. En mi caso pidiendo que Dios guie mis actos para poder cada día curar y aliviar cuando sea posible, pero sobre todo consolar y acompañar siempre.
* Andrés Enrique Dini, médico (MN 96.957)
Fórmula del Juramento Hipocrático de Ginebra (1948)
- “En el momento de ser admitidos entre los miembros de la profesión médica,
- ¿Asumen el compromiso solemne de consagrar su vida al servicio de la humanidad?
- ¿Guardarán a su maestro el debido respeto y reconocimiento?
- ¿Ejercerán su arte con conciencia y dignidad?
- ¿Considerarán la salud de sus pacientes como su primera preocupación?
- ¿Respetarán el secreto de lo que les sea confiado?
- ¿Mantendrán en toda la medida de sus medios, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica?
- ¿Sus colegas serán sus hermanos?
- ¿No permitirán que consideraciones de religión, de nación, de raza, de partido o de clase social, se interponga entre su deber y su paciente?
- ¿Guardarán el respeto absoluto de la vida humana desde la concepción?
- ¿Ni aún bajo amenaza, admitirán hacer uso de sus conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad?
- ¿Hacen estas promesas solemnemente, libremente, por el honor?
- ¡Si juro!
- Si así no lo hicieras, Dios nuestro Señor, os lo demande”

