Vacaciones: tips para aprovechar el tiempo libre y fomentar la lectura en los chicos
Las vacaciones en familia suelen ser una excelente oportunidad para acompañar a nuestros hijos en procesos que, porque llevan tiempo, paciencia, dedicación y atención, durante el año se hacen más difíciles. Las rutinas laborales de padres y madres, los horarios escolares, las actividades extraprogramáticas, el deporte del fin de semana, en muchos casos, nos quitan esos momentos tan especiales que las vacaciones nos devuelven.
Cuántas veces nos escuchamos a nosotros mismos o a otros afirmar: “Mi hijo aprendió a andar en bicicleta este verano” o “el más chico dejó los pañales durante las vacaciones”. El tiempo compartido, la amplia disponibilidad horaria y la calidad de la atención, nos permite conectar mucho mejor con nuestros hijos, con sus necesidades y procesos, y también, por qué no, con aquellas cosas que nos gustaría fomentar en ellos.
El hábito de la lectura es uno de esos pendientes. No es éste el lugar para fundamentar la importancia de la afición a los libros, pero hay bibliotecas enteras de estudios que lo confirman. En muchos casos, además, la experiencia personal hace que queramos dejar ese legado a nuestros hijos.
Pero ¿qué hacer?
Como en cualquier proceso de aprendizaje, el ejemplo es fundamental. Es importantísimo que los chicos vean a los adultos disfrutar de la lectura. Por eso, llevar libros para nosotros a las vacaciones y dedicar tiempo a leerlos puede despertar la curiosidad de los más pequeños y los no tanto. De todos modos, lo ideal es que la lectura de los adultos sea una actividad presente en casa todo el año.
Otro ingrediente importante es ayudarlos a elegir el libro. Para ello debemos tener en cuenta, por un lado, sus temas de interés, pero también el nivel de dificultad y la extensión. Suele ser recomendable, si los chicos todavía no son aficionados a la lectura, buscar opciones cortas que no los desalienten. Eso sí, siempre adecuadas para la edad para que no se aburran, ni por exceso de dificultad ni porque son para chicos más chicos.
Algo que da buen resultado es ir con ellos a comprar el libro. Hacer de ello una salida, hablar, tocar los libros, mirar reseñas, recordarles anécdotas de cosas que nosotros leímos a su edad.
Leer con ellos: a veces, al principio, es preciso acompañarlos, leyéndoles en voz alta. Buscar momentos, leerles un capítulo y después pedirles que ellos lean solos el siguiente y que, por ejemplo, comenten luego lo que leyeron. Mostrar interés, hacer preguntas, involucrarnos en la trama suele ser un factor muy motivador.
Proponer actividades relacionadas con lo que están leyendo. Por ejemplo, si hay una película o una serie sobre la novela, organizar para verla juntos una vez que haya terminado el libro. O, en otros casos, visitar el lugar donde transcurre la historia. También pueden aprovecharse obras de teatro o visitas a museos que, por ejemplo, reconstruyan la época o la temática de la que trata la historia.
Por último, tratar de generar una rutina, un hábito que a la vuelta de las vacaciones se sostenga. En general, suele ser muy efectivo proponerlo como una opción antes de dormir. Incluso, puede servir para dar un paso más: intentar que entreguen el celular o la tablet a cambio de un rato de lectura. Sacar los dispositivos electrónicos de las habitaciones de nuestros hijos suele ser un desafío complejo y, a la vez, la garantía de una mejor calidad de sueño.
Mejorar la ortografía, la calidad del vocabulario o la capacidad de atención, deberían ser argumentos suficientes para intentarlo. Sin embargo, verlos disfrutar sumergidos en una novela que no quieren que se termine, es una recompensa mucho más gratificante.