“Las catedrales de la nostalgia”. Proyecto fotográfico de Rodrigo Illescas
Los trenes se pensaron para sustituir a las carretas, el primer ferrocarril se puso en marcha en 1857 con inversiones de privados y del estado. Fundamental, en un extenso territorio como el nuestro, para la actividad agropecuaria y agroindustrial que necesita
contar con un ferrocarril eficiente, tanto en extensión como en calidad. Tuvo un crecimiento importante, pero también un gran desorden regulatorio. La historia tiene muchos protagonistas dentro y fuera del país con intereses políticos y económicos
encontrados.
También se pensó, en un tiempo, que debían ser sustituidos por los automotores (en pleno auge de la fabricación de los mismos en EE.UU.) y es así que se fue deteriorando su mantenimiento. Entre idas y vueltas lo que casi todos nosotros recordamos de la historia reciente fue la famosa y fatídica frase del ex presidente Carlos Menem: “ramal que para, ramal que cierra” (1989), que tuvo sus aplaudidores de turno en esos tiempos de “pizza con champagne”, y que terminó de dar el golpe de gracia a los trenes argentinos dejando un tendal de pueblos a la buena de Dios, haciendo oídos sordos a las innumerables protestas en contra de la medida.
No es necesario ser una luminaria para comprender que los trenes hacen al desarrollo de un país en muchísimos aspectos y no son “algo” para obtener ganancias vendiendo pasajes. Es así que hubo un desguace importante. Hoy los trenes son vistos otra vez como la mejor solución tanto para los pasajeros, como los que transportan carga, porque en este último caso además el encarecimiento es notorio por el uso de camiones que, por otro lado, tampoco pueden acceder a caminos apropiados. Y el tema importante es que en el mundo ya nos dimos cuenta que los automotores no son la solución si queremos proteger el medio ambiente.
El abordaje artístico de Rodrigo Illescas La realidad es siempre interpretada por los artistas, Rodrigo Illescas penetra en esta
temática y la elabora minuciosamente a través de sus fotografías, que obtiene con un estudio detallado y sentido de estos pueblos, sus habitantes y su destino. Resignifica el drama y lo convierte en nostálgica poesía. Logra resumir y poner en foco el problema,
resucitarlo ante los ojos de todos, evitar que muera. Como el mismo lo expresa: “Es una propuesta sobre la soledad existencial del mundo contemporáneo.
En este video Rodrigo nos cuenta en primera persona la experiencia de realizar este proyecto, viajar, adentrarse en esta realidad, y su deseo de que tomemos conciencia de la importancia de volver a darle vida a las vías del tren y los pueblos que conectan.
Con la puesta en escena como recurso deliberadamente ideado para incrementar la capacidad narrativa de la obra fotográfica, acercándola a códigos interpretativos más acordes con el lenguaje del cine y el teatro que lo estrictamente fotográfico, en las escenas serenas e inquietantes propongo la resolución del momento pasado, la situación, el hecho grabado. Así, aquellas historias no habrán terminado y los personajes que las componen seguirán dotados de una cierta cualidad enigmática que, de repente, los hará visibles, les devolverá la vida.
No sabemos quiénes son y, sobre todo, no sabemos qué les está pasando. No sabemos qué les pudo haber pasado o qué les sucederá; permanecen en esa especie de tiempo artificial interrumpido, un tiempo abierto, un signo de interrogación, un misterio no
resuelto, un enigma. En esas fotografías todo parecerá haber sido colocado en una especie de calma a la espera de la tragedia.

El aspecto teatral de sus escenas recreadas en el silencio, la quietud y la intimidad de la noche nos coloca en el papel de público en las sombras, en los puestos de la vida, con la representación ante nosotros ya en marcha, como espectadores atentos y silenciosos mirando. Los personajes que están ahí, en el escenario, actuando para nosotros, en la zona iluminada, bajo el foco.”



