Elijo creer... en Él
Las hemos leído una y otra vez a lo largo de los días pasados. Las hemos visto estampadas en memes, reels, historias y en otras muchas formas. Es así: libertad y confianza. Solo el ser humano puede darse ese lujo: elegir y confiar. Y, en esta ocasión, es elección de confianza culminó en una fiesta increíble, en la alegría de un pueblo.
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Como cristiano, y a las puertas de esta Navidad, pienso que lo que esas palabras significan y despiertan en el corazón son un estupendo prólogo para preparar y vivir el nacimiento de Cristo. Los cristianos elegimos creer que, en esta historia nuestra, a menudo cargada de incertidumbre y dramatismo, de ilusiones y sufrimientos, no solo cuentan nuestras posibilidades y límites, nuestros logros y desaciertos.
Navidad nos dice que, con nosotros también hay una presencia que, con discreción y humildad, se hace sentir. Es la del “Emanuel”, el Dios con nosotros. Es el que -según el relato entrañable del evangelio-, María envuelve en pañales y recuesta en el pesebre.
Elijo creer en Él y en lo que nos dice ese gesto tremendo de nacer como cualquier hijo de vecino. En medio de la noche y en un lugar perdido del inmenso mundo.
Como en su momento lo descubriera el gran san Agustín: es el Dios humilde, el único que es digno de fe. Es dado a luz, comienza a caminar la vida y, con su llanto, nos provoca a la fe.
Elijo creer.
* Sergio Osvaldo Buenanueva, obispo de San Francisco (Córdoba)



