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El Mundial y la paz del corazón

El diccionario nos enseña entre otras definiciones que festejo es “realizar un acto festivo por algo que se lo merece”. Tremendo final de definición, en especial cuando hablamos de merecimientos.
Foto: Maximiliano Ríos / MDZ
Foto: Maximiliano Ríos / MDZ

Ahora que el Mundial ha atravesado absolutamente todos los corazones y hogares de nuestro país, donde no hay colectivo, negocio, o diríamos habitación en la cual el referente del equipo no esté presente aunque sea en figuritas de los chicos, nos preguntamos: ¿A qué se debe esta euforia que parecía contenida? Esta unidad de criterios casi sin fisuras y nuestra devoción
por más que muchos compatriotas no sepan nada de fútbol. Siempre me impresionaron los tremendos gritos de las mujeres frente a la tele cuando fuera del Campeonato Mundial tienden a obligarnos a apagarla cuando hay partidos de menor envergadura.

Aquí, recién aquí empiezo a escribir yo. Quisiera distinguir entre esas alegrías que permanecen y que por su grado de entidad luego en alguna medida sostienen nuestro ánimo, nos dan enseñanzas, fortalecen nuestra autoestima y si son de gran calidad, nos
brindan paz. Recuerdo, cuando luego de casi siete duros, muy duros años de estudio me recibí de abogado. La materia, “Derecho Internacional Privado”. Extensísima.

Cuántas veces había imaginado ese momento que cuando llego, en lugar de euforia, me inundo de una paz que duro muchos meses. Le di un beso a mi novia (hoy esposa) que me esperaba fuera, al buen Dios en su capilla y volvimos caminando muchas, muchas cuadras. Nada había cambiado afuera, mucho había cambiado dentro. Como a tantos le debe haber sucedido, de ese esfuerzo tomé grandes enseñanzas, relacionadas con el esfuerzo, el sacrificio, la búsqueda de un objetivo dejando muchos gustos de lado y la enorme satisfacción que da no solo el deber cumplido, sino también el saberse capaz.

Qué importante para la autoestima el saberse capaz. Los logros dignifican a la persona. La entrega inmerecida de dadivas la deterioran. Estamos ahora en medio de un burbujeo hirviente de nervios por un juego apasionante donde hemos nos ponemos frente a un grupo de hombres, sin declaraciones altisonantes, sin escándalos, sin veleidades ni groserías -como alguna vez hemos visto en el pasado, que han puesto a nuestro país con relación a este mágico deporte en lo más alto del planeta.

Ojalá que esta alegría abra pequeñas puertas que nos inviten a saber que las cosas deben lograrse con esfuerzo, que es bueno plantearse objetivos, y que los mismos sean grandes. Que podamos tomar conciencia que nuestros adversarios más temibles son
nuestros miedos, que como país tenemos herramientas para crecer, pero no económicamente, lo cual se descuenta, sino como personas, como comunidad, para que quizás aparentemente por fuera poco cambie, pero por dentro sea mucho lo que se transforme, en especial que nos sepamos capaces.

Capaces de alcanzar lo mejor que se puede tener en esta vida. La verdadera paz del corazón.

* Felipe Manuel Yofre es abogado y escribano. Padre de 8 hijos.