Presenta:

¿Qué le pasa a nuestros hijos frente al alcohol, y qué hacemos los padres ante esto?

Desde hace mucho tiempo que vengo pensando en esta temática, mis hijas eran pequeñas y lo veía muy lejano. Pero, el tiempo pasa más rápido de lo que imaginamos o podemos darnos cuenta. En un abrir y cerrar de ojos ya estamos frente a esta problemática, ya está a la vuelta de la esquina.
1313278.jpg

No me canso de escuchar padres comentando lo que consumen en la previas, lo que llevan a las juntadas, lo que niñas y niños de tan solo de 14, 15 o 16 años ingieren en una sola noche. No me dejo de sorprender y, en algún punto, sentirme responsable. Responsable por no poder o no intentar hacer algo que cambie esta realidad. Es verdad, como muchos dicen, en algún momento van a tomar, todos lo hicimos, es parte de la adolescencia, pero…¿en estas cantidades? ¿sin pensar en las consecuencias? ¿qué estamos haciendo mal como padres?

El alcohol no es malo, lo malo es el descontrol, y no poder decir basta. Porque este no poder decir basta luego se traslada a otros aspectos de la vida.

Sinceramente, pienso, que muchas veces no nos involucramos por temor, temor a no ser los padres cool, temor a que nuestros hijos se enojen por decirles no, temor a…¿a qué? Dejemos de tener miedo a ser padres cuidadosos, a ser padres que dicen que no, a ser padres que controlan. Ser malos padres según nuestros hijos adolescentes es lo mejor que podemos hacer. Ser malos antes sus ojos nos hace ver que estamos haciendo las cosas bien, y en el futuro nos los van a agradecer.

Ser malos es aprender a decir que no cuando no estamos de acuerdo con algún plan, es decirle no a nuestra hija cuando viste algo inapropiado, es ayudarlos a cuidarse en el consumo de alcohol, es ayudarlos a medirse, a que ellos mismos digan no. Ser malos es guiarlos, es estar presentes y ayudarlos a crecer.

Ser malos ante sus ojos es, en definitiva, ser buenos padres. Si me preguntan, creo que la responsabilidad del descontrol en el consumo de alcohol en los jóvenes, es nuestra, de los padres. Es nuestra porque tenemos miedo a decir "no", tenemos miedo a ponerles un freno, nos da miedo ser papás malos. Papas malos, no malos padres, malos antes ellos, porque decimos qué no.

Dejemos de tener miedo y pensemos en ellos, ayudémoslos a crecer sanamente y a poner límites. Es sumamente importante qué estemos atentos a lo que consumen, que podamos decirles basta cuando vemos que se pasan, a qué les mostremos las consecuencias. Criemos hijos seguros, que aprendan a decir no. Solo con los límites bien puestos se aprende a poner los propios. Elijamos ser papás malos y no malos padres.

Intentemos como papás involucrarnos más, hablar con ellos, estar presentes. No cerremos los ojos o miremos para otro lado, así no estamos ayudando, solo estamos haciendo más grande el problema.

* Lucrecia Sáenz de Santa María. Psicopedagoga – Especialista en Crianza

@mejumaro.crianza.
[email protected]