El viejo de historia

Mendocinos exiliados y la fiebre del oro

Siempre un tema minero es un asunto político y económico.

Gustavo Capone
Gustavo Capone domingo, 6 de noviembre de 2022 · 11:02 hs
Mendocinos exiliados y la fiebre del oro

La fiebre del oro en California constituyó un rasgo característico de la cultura popular del siglo XIX convirtiéndose en un fenómeno social y económico mundial ocurrido en los Estados Unidos durante  1848 - 1855 y caracterizado por la cantidad de inmigrantes que llegaron a San Francisco en busca del “metal dorado” como una pretendida forma de dar un salto hacia una nueva vida.

Fue en la localidad de Coloma, zona tan sísmica como Mendoza, donde encontraron oro por primera vez en 1848 lo que tentó a una gran oleada de inmigrantes que llegaron al lugar en busca de fortuna.

“The Californian” un clásico diario de pueblo fue quien primero publicó la noticia y con una notable percepción, Samuel Brannan, el periodista que escribió la nota inmediatamente instaló una tienda de suministros para los “caza fortunas” que seguramente llegarían. Tamaña perspicacia contó además con la astuta manera de difundir la novedad por parte del mismo Brannan quien corrió por las calles de San Francisco con un frasco lleno de oro gritando: "¡Oro, oro! ¡Oro en el río Americano! Todos nos haremos ricos".

Obviamente la noticia se extendió como “reguero de pólvora”. Así fue que el 19 de agosto de 1848 un diario con repercusión nacional como “New York Herald”, el más leído por ese entonces en la costa Este norteamericana, al otro extremo del hallazgo, comunicaba “al mundo” que se había descubierto oro en California. Además, sostenía y anticipaba la nota periodística que nacía un nuevo tiempo económico para Estados Unidos. Fue tanta la confianza de los directivos del Herald neoyorquino en la receptibilidad que alcanzaría la noticia que ese día de la publicación ya de antemano editaron el doble de números sobre la habitual tirada periódica.

En semanas, allá por octubre de 1848 el presidente James Knox Polk (“el joven nogal”; uno de los presidentes más exitosos de la historia de los EE.UU pero menos conocido ) confirmaba la buena nueva sobre el hallazgo del oro californiano en un discurso ante el Congreso de Estados Unidos. Y ya nunca más la historia sería igual. Se había reforzado un nuevo patrón: the gold standard (“el patrón oro”).

Desde un aserradero de lo que nunca fue

Hacía un tiempo que el suizo John Sutter había llegado cerca de Sacramento con la idea de crear una religiosa comunidad granjera y pastoral (New Helvetia, “la nueva Suiza”) y de establecer un aserradero que facilitara la construcción de la villa agrícola. Pero de golpe verá trastocados sus planes cuando uno de sus operarios, James Marshall, perciba un pequeño destello brillante y dorado en el agua que desató la vertiginosa fiebre del oro. Vaya paradoja; ese destello de oro en las aguas del río fue en enero de 1848. Pasaron solo nueve meses hasta que el presidente Polk comunicó al mundo sin rodeos ni eufemismos que una nueva política de estado cambiaría al país para siempre, porque para siempre ese hallazgo cambiaría la economía de su pueblo. Su visión estratégica no se alteró a pesar de la coyuntura: batallas por la anexión de Texas y el enfrentamiento directo contra Gran Bretaña por la posesión de Oregón. Pagó un precio: a los tres meses de dejar la presidencia murió con 53 años.

Los mendocinos del “forty – nimers”

Entre aquellos más de 300. 000 buscadores de oro que llegaron a California llamados “forty-niners” (los del ‘49) se encontraban algunos “liberales” mendocinos que habían emigrado a Chile por cuestiones políticas. Perseguidos por el régimen “rosista” sostenido en Mendoza por el fray Aldao personajes encumbrados de la política y el pensamiento mendocino decidieron refugiarse en Chile esperando que “pasará el vendaval”.

Así fue que una vez radicados en el país trasandino se enteraron de la noticia del descubrimiento de oro en el país del norte y partieron en busca del “sueño americano”. La delegación cuyana estará integrada por descendientes de distinguidas familias mendocinas. Serán de la partida: Jacinto Recuero (hermano de Casimiro Recuerdo, aquel militar que había acrecentado su fama después de contener los malones pehuenches del sur de la provincia y siendo prácticamente un niño fuera parte de la gesta sanmartiniana, pero a su vez Jacinto también será el padre de Diógenes Recuerdo, rivadaviense inmortalizado míticamente como “ánima parada”). Otros que compondrán la partida fueron: Juan Antonio y Gorgonio Guevara Calderón, José y Celestino Godoy, Carlos y Benigno Villanueva, Nicolás Álvarez, José y Delfín Correas, Agustín Aguirre, Manuel Cupertino Encina y Cleofé Antequera.

La aventura no fue brillante en lo económico, pero parece que la “embajada mendocina” dejó un buen recuerdo en Estados Unidos. La crianza de caballos, el adiestramiento de los equinos, las habilidades para la manufactura y venta de cueros, algunas dotes de empíricos veterinarios compensaron en parte la aventura al país del norte y les permitió volver tras la caída de Rosas con unos pesos y con varios kilos de oro.

Al margen de la coyuntura, no será casualidad que al tiempo del regreso de la “embajada” proliferaron en nuestros pueblos, calles, clubes, parajes o marcas comerciales que recordaban aquellos momentos de la estadía californiana. “California”, “California del Este”, “Nueva California”, “La California”, “El Californiano”, son sitios y registros frecuentes en Mendoza que dan cuenta de aquello pues dichos parajes o nombres de fantasía serán los lugares donde aquellas familias radicaron su estadía o emprendimientos productivos.

The Golden State: ¡Eureka!

Pero la exitosa fiebre del oro que décadas después llevará a California a convertirse en la séptima economía del mundo también tuvo otros efectos: los aborígenes de la región fueron expulsados de sus tierras argumentando que no tenían títulos de propiedad, la incipiente industria agrícola cedió ante el avance minero y las manadas de búfalos, rebaños de venados y jaurías de lobos se siguieron multiplicando pero únicamente en los film de Hollywood. La otra parte dirá que ese momento trajo miles de inversiones bursátiles y opciones asociadas (turismo, nuevas rutas, ferrocarriles, crecimiento inmobiliario, aperturas de bancos). Lo ciertos es que California muestra en su histórico escudo una imagen alegórica sobre la fiebre del oro como signo de su identidad siendo el apelativo del estado: “The golden state”, al igual que el nombre del multimillonario equipo de la NBA (Golden State Warriors, “Los guerreros del estado dorado”).

Algo que también quedará inmortalizado en su escudo fundacional será la palabra instaurada: “Eureka”, que en griego significa: "lo encontré". Indudablemente habían encontrado un nuevo rumbo.

James Knox Polk 

Mendocinos, el oro y “el Che”

Tras el paso de los cuyanos por aquellos lugares también quedaron muchos cabos sueltos y otros bien amarrados. Entre las dudas existentes citaremos que en la región californiana existe un famoso referencial cabo denominado “Cabo Mendocino” que muchos atribuyeron al recuerdo de los cuyanos. En realidad el nombre se deberá al descubrimiento español del referencial punto geográfico en 1543 cuando explorando la costa oriental norteamericana avistaron el cabo y lo bautizaron en honor a el primer virrey de la Nueva España: Don Antonio de Mendoza y Pacheco.

Lo que nadie discutirá fue cuando a los excursionistas de Mendoza se sumó en California el porteño Francisco Lynch. El caso es llamativo por la posterior trascendencia que acarreará pues al tiempo se vincularán afectivamente el hijo del expedicionario mendocino Juan Antonio Guevara Calderón, Roberto Guevara Castro (nacido en California pero que como dato curioso estudió en el Colegio Nacional de Mendoza) con Anita Lynch y Ortiz (hija de Francisco Lynch) de cuya unión nacerá Ernesto Guevara Lynch quien a la postre se casará con Celia de la Serna en 1927 y de cuyo matrimonio nació Ernesto “Che” Guevara, el legendario revolucionario que portaba sangre de antepasados mendocinos.

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