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Las peripecias de los intrépidos caballos Gato y Mancha en su viaje de Buenos Aires a Nueva York

El largo viaje puso a prueba, una vez más, a la raza de caballos de criollos, la misma que atravesó Los Andes en la gesta sanmartiniana.

Emilio Solanet era un conocido veterinario e histórico dirigente radical bonaerense de Ayacucho. Docente universitario y escritor de un clásico libro del mundo equino: “Pelajes criollos”. Fue miembro fundador de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos y tenía una estancia llamada “El Cardal” destinada básicamente a la crianza de su pasión: los caballos.

Había viajado a principios de siglo XX a Chubut en busca de caballos de las tribus Tehuelches, precisamente a las tierras del cacique Juan Schackmatr y su hermano Liempichun, cerca del río Senguer donde el veterinario de Ayacucho calculaba que los caballos criollos de la Patagonia permanecían “puros” sin haberse “cruzado” con otras razas desde hacía más de 300 años.

Ese fenómeno no sucedía con la caballada de la pampa húmeda argentina donde las tropillas estaban mestizadas con razas europeas. Opinaba además Solanet que dichos equinos sureños estarían curtidos ante las adversidades haciendo honor a su genética ante las duras inclemencias del clima austral y la escasa vegetación de la zona. Así pues, se fue hasta el sur argentino y compró a los Tehuelches la suma de 84 yeguas y algunos padrillos.

Los “criollos” de los indios de Chubut eran descendientes puros de aquellos “pingos” traídos por Pedro de Mendoza en las primeras décadas del siglo XVI y directa herencia de los popularmente denominados “pura sangre árabes” que llegaron con los moros a España en 711 cuando los musulmanes invadieron la península Ibérica.

Con el fin de demostrar la fortaleza de los “criollos” y promover las virtudes de la raza, Solanet le regalará al suizo oriundo de Berna, Aimé Félix Tschiffely (1895 – 1954), unos ejemplares de “El Cardal” que a la postre harán historia, pues este docente de literatura del St. George's College de Quilmes y del Buenos Aires English High School estaba convencido de que podría atravesar América a lomo de caballo uniendo Buenos Aires con la ciudad de Nueva York.

“Mancha” y “Gato”

Es importante recordar también que durante la gesta sanmartiniana fue esta raza de caballos criollos la que atravesó Los Andes, recibiendo el merecido mote de “los caballos de la raza patria”. Pero volviendo al viaje programado por Tschiffely expondremos que el overo “Mancha” tenía 15 años al momento de la partida mientras que el gateado “Gato” contaba con 16 años cuando desde la Sociedad Rural Argentina salieron con destino al país del norte un 24 de abril de 1925.

Obviamente los escépticos fueron mayoría. “Absurdo”, “Imposible” o “¿Hasta dónde llegará el suizo loco?”, fueron títulos de los diarios porteños.

En su viaje por América tuvieron que atravesar varias veces la cordillera de Los Andes, cursaron el desierto peruano y recorrieron las selvas colombianas y panameñas. Llegaron a subir alturas de más de 5.000 metros con temperaturas de 20 º bajo cero y soportaron sequias y altos calores de 50º a la sombra. Pero también debieron atravesar la conflictiva Centroamérica en tiempos de intestinas guerras civiles: Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México; y así como a su paso recibieron honores y distinciones también soportaron intentos de robos o fueron obligados a abandonar rápido la amenazada zona que transitaban en tiempos donde no había caminos seguros y las sendas que recorrían eran prácticamente inexistentes.

Finalmente llegarán a Nueva York. Habían atravesado veinte naciones recorriendo 21.500 kilómetros (4.300 leguas) entre la capital porteña argentina y la Quinta Avenida neoyorquina, batiendo récords de distancias y también de alturas al llegar a los 5.900 metros s.n.m. en el paso El Cóndor entre Potosí y Chaliapata (Bolivia) y habiendo soportado temperaturas de hasta 52º de calor en el desierto entre Huarmey y Casma en Perú donde las patas de los caballos se hundían de 6 a 15 pulgadas en la arena caliente.

Así fue como tras 504 etapas de viaje de aproximadamente 50 kilómetros de promedios diario pudieron, tras tres años y cinco meses, completar el objetivo establecido.

La recepción en la Casa Blanca por el presidente estadounidense Calvin Coolidge coronará un viaje histórico. La hazaña de Tschiffely, Mancha y Gato fue considerada como la travesía más importante de la historia moderna. El Long Riders Guild miembro de la Royal Geographical Society y primera asociación internacional del mundo de exploradores ecuestres así lo dispuso. En tanto Aimé Tschiffely fue nombrado el travesista más significativo del siglo XX.

Mancha y Gato murieron varios años después. Mancha en 1947 y Gato en 1944. Actualmente se exhiben en el “Complejo Museográfico Provincial Enrique Udaondo” de la ciudad de Luján, en Buenos Aires. En conmemoración al heroico viaje, cada 20 de setiembre (día de llegada en 1928 a Nueva York) se recuerda el Día del Caballo.