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El contenido de nuestros festejos

Mi abuela, antes de buscarme una novia, siempre me decía: “No te dejes guiar por el envase, lo único que importa es el contenido”.
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Y creo que algo parecido pasa con nuestros festejos. Es muy importante la dimensión del festejo en nuestras vidas, de hecho en alguna medida habla de nosotros mismos, de nuestra estructura afectiva, de nuestros objetivos de nuestros anhelos, el celebrar tu cumpleaños, mi aniversario de novios o casados con vos expresa lo acertado que estuvo el elegirte, lo afortunado que fui en que me eligieras, en que me aceptaras, en que decidieras recorrer el camino juntos. Lo mismo con las recordaciones en algún punto “tristes”, todos los hermanos nos reunimos en el aniversario de muerte de mi padre, con una pátina agridulce, recordando momentos, pero bien pesados en contenido que nos han moldeado.

El día de la madre, cuando voy a visitar a Susana, a quien abrazare cuando Dios diga, en el cementerio no hay lugar en el estacionamiento, de tantos hijos agradecidos como yo que buscan un rato de intimidad frente a una lápida, manteniendo vivas caricias que siempre estarán tibias, quienes han tenido cáncer saben bien que los oncólogos tienen como fecha muy relevante la de la operación para el cálculo de remedios en los tratamientos y para ir festejando “año a año” que el mal no ha vuelto. Es de vital importancia el peso que en las familias se le da a determinadas fechas para generar en los chicos diferentes dimensiones de festejos, es pedagógico, es la vida misma hecha calendario. “Se puede faltar a algún evento, pero jamás al cumpleaños de la abuela o a la Navidad”.

A mayor importancia, que está ligada con el conocimiento y la experiencia de lo que nos recuerda, más espacio en nuestro corazón y mente tiene el registro de una fecha, ahora bien. Resulta enormemente sorprendente el espacio que ha ganado en nuestro espectro de festejos el “Halloween”.- Un enjambre de máscaras, calabazas, monstruos y telas de araña, cuyo origen la enorme mayoría de nosotros desconocemos se roban un día para nuestros hijos. Aunque su preparativo inmensamente lucrativo arranca casi un mes antes dándole a ese festejo un espacio que no merece, su origen celta fue oscuro y negativo cuanto menos, ya que está ligado al esoterismo, el ocultismo y cuestiones bien paganas.

Usted me dirá que es un juego de intercambio de golosinas simplemente, pero en mayor o menor medida nuestros niños están “festejando” a partir de algo cuyo origen es al menos incierto, creo que podría ser evitable, sobre todo queriendo como los queremos a nuestros hijos. Esos estímulos en quienes se están desarrollando, como nuestros niños, van moldeando su personalidad y cumplen un rol pedagógico, al final todos ellos, como un mosaico, junto con lo que podamos aportar como padres irán forjando su escala de valores, sus proyectos y aquello que sea descartable.

¿Cuál es el origen y trasfondo de esta fiesta? ¿Que se festeja? ¿Qué muestra de ello, verdadero, bueno, alto o solidario que querremos dejar en nuestros hijos expresa? Por el contrario, para aquellos que profesamos la fe, los dos días siguientes, la celebración de todos los santos y la de los fieles difuntos contienen, cobijan y llevan los nombres de antepasados nuestros, cuya sangre sigue circulando por nuestras venas, que en nuestros oídos por sí o por terceros aún resuena el eco de su voz y de quienes debemos tomar todo lo bueno que nos han dejado. Aprovechemos esas oportunidades y no demos cabida a aquello que en mayor o menor medida no colabora, es nuestro derecho y es nuestro deber.

* Felipe Manuel Yofre es abogado y escribano. Padre de 8 hijos.