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Desacelerar el tiempo digital

La ansiedad que nos produce la percepción de un tiempo acelerado, efímero, que nunca alcanza es una construcción cultural en la que interfiere la mediatización del tiempo, es decir el hecho de que los medios representan el tiempo y contribuyen a alimentar nuestra percepción del tiempo.

Damián Fernández Pedemonte
Damián Fernández Pedemonte domingo, 23 de octubre de 2022 · 09:02 hs
Desacelerar el tiempo digital

Primero fue la industrialización, la cual ha hecho que confundamos el tiempo con los instrumentos para medirlo. A partir de la revolución industrial el tiempo es esa realidad lineal, homogénea y objetiva que miden los relojes y los calendarios y le impone ritmos al trabajo, y al resto de nuestras vidas subordinado al trabajo. Una consecuencia de esta mecanización del
tiempo fue la internalización del tiempo de las máquinas. Byung-Chul Han asegura que el proceso de civilización ha transformado la coacción externa en coacción interna. Hoy no nos esclavizan tanto los jefes sobre exigentes como la propia sobre exigencia autoimpuesta en forma de metas, plazos, resultados.

Explicaba Eliseo Verón que los distintos medios que fueron apareciendo en la historia aceleraron el tiempo evolutivo de la especie humana. Además, los medios mismos se emplearon para capturar y transmitir el tiempo: por ejemplo, el cine permitió reproducir un
lapso de tiempo previamente registrado y el con la aparición de la televisión dio comienzo la posibilidad de experimentar en directo un evento simultáneamente desde diversos lugares. Por esos y otros motivos, los medios modificaron el tiempo. El entorno digital exacerbó este proceso. Así, Internet generalizó la vivencia de una sociedad que experimenta la simultaneidad de los acontecimientos sin contigüidad espacial.

Esa experiencia ampliada por los medios digitales y las redes sociales excede ampliamente el círculo de la acción de cada uno de nosotros. Nuestra atención es reclamada por mucha más información sobre hechos que la que podríamos llegar a procesar razonablemente en cada lapso. Además, en el sistema de medios actual, las agendas se suceden vertiginosamente y los
hechos conmocionantes duran cada vez menos. Basta reflexionar sobre el poco impacto que ha tenido en nuestras vidas el atentado contra la vicepresidenta de la Nación, a poco más de un mes del suceso.

La excitación constante por noticias y entretenimientos alimenta el horno de la inquietud personal. Se habla del fenómeno FOMO (Fear el Missing Out) la ansiedad de saber que mientras elegimos una opción de consumo perdemos muchas otras que podrían ser mejores, por ejemplo, cuando elegimos una lista para escuchar en Spotify. Las aplicaciones de gestión de opciones, incrementan el número de esas opciones. Así como el manejo de las que nos prometen ayuda para organizar nuestro tiempo insumen bastante tiempo. La obsolescencia programada exige constantemente tiempo para aprender los nuevos desarrollos.

Con la pandemia se radicalizó otro fenómeno que ya venía de antes: el hecho de que la diferenciación espacial, organizativa y psicológica entre tiempo del hogar y tiempo del trabajo se diluye, como bien explica Judy Wajcman en esclavos del tiempo. Vidas aceleradas en la era del capitalismo digital. Repasemos algunos datos: contamos con una funcionalidad para acelerar los audios de
whatsApp y de videos de Netflix; la aplicación Blinkist ofrece un catálogo de 2000 libros que se pueden leer en 15 minutos; la extensión ideal de un texto para ser leído en línea es de1600 palabras, que equivalen a 7 minutos de lectura; la duración ideal que debe tener un video de YouTube es de 3 minutos; TikTok empezó con videos de 15’’; existe un procedimiento para presentar ideas para proyectos empresariales en 30’ llamado Elevator Ptich y una modalidad de presentaciones difundida en el mundo del diseño, llamada Pecha Kucha: imágenes que cambian cada 20 segundos: 6’ 40’’ de duración total. La universidad de Queensland de
Australia creó el formato Three Minute Thesis, para sintetizar el contenido de una tesis doctoral en 3 minutos.

Según datos de la consultora dscout, un usuario promedio de Estados Unidos activa la pantalla de su smartphone 2617 veces por día: cada sesión de uso del móvil dura apenas segundos, lo cual disemina en nuestra jornada laboral y familiar cientos de micro consumos que, con frecuencia, interfieren en la actividad principal en la que estamos embarcados. El poderoso algoritmo de recomendación de TikTok y la expectativa sobre el siguiente video que produce el scrolling vertical continuo, tienen efectos adictivos. El tiempo individual de consumo promedio de TikTok en el mundo es por ahora de 25, 7 horas por mes, y va en ascenso. No hay aquí una lista de lamentos, ni nostalgia de mundos pretéritos, sino un repaso de los aceleradores digitales del tiempo que inciden en nuestra gestión y percepción del tiempo.

El antídoto es la capacidad de concentrarse en una tarea por vez: entregarse a lo que tenemos entre manos, soltado todo lo demás. Los efectos en serenidad, visión y eficiencia que tiene esta atención focalizada a la labor son tales que vale la pena el esfuerzo por desacelerar el tiempo digital. Esta ascética, además, tiene el valor añadido de recuperar la conciencia de que el tiempo no es un recurso escasísimo que circula cada vez más rápido por las tecnologías de la comunicación, sino que es algo interior a cada uno de nosotros, que debemos habitar plenamente y organizar en torno de las prioridades personales y no por las demandas frenéticas que nos llegan de fuera.

*Damián Fernández Pedemonte, director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la
Universidad Austral.

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