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La imborrable experiencia de pasar un cumpleaños en Calcuta "¿Quién me manda a hacer esto?"

“En cuanto llegué a Calcuta me pregunté quién me había mandado a hacer eso en vez de quedarme en mi casa y festejar con bandas de música” confiesa Daniel Báez que decidió pasar un cumpleaños al servicio de los demás en la ciudad en la que la Madre Teresa creó la obra de las Misioneras de la Caridad.
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“Viajé en diciembre de 2018, justo para mi cumpleaños. Quería pasar mi cumpleaños poniéndome al servicio de los demás, haciendo voluntariado en alguno de los centros de la Madre Teresa en India”, cuenta Daniel Báez que desde hace más de 15 años colabora en la Noche de la Caridad de la parroquia Nuestra Señora de Loreto, asistiendo a personas en situación de calle en distintos barrios de Buenos Aires. “Todos los lunes vamos al encuentro de las personas más vulnerables. Vamos en busca de quienes necesitan hablar, compartir, La comida es una excusa para acercarnos a ellos, lo que más me gusta es poder dialogar, saber sus nombres, su historia, cosas muy simples que muchas veces perdemos y pueden cambiar la vida de alguien”, asegura.

Desde chico sintió vocación de servicio, cree que el compromiso con el otro es algo que heredó de sus padres y abuelos. Y que eso lo motivó siempre a buscar donde hacer voluntariados. “En algún momento supe de la Madre Teresa y aunque reconozco que al principio no sentía mucha devoción por ella, con el tiempo me fue conquistando, enamorando. Hoy es una de mis santas predilectas más que todo por el servicio a quien más lo necesitan”, dice Báez antes de sumergirse en un cumpleaños que sin dudas quedará para siempre grabado en su memoria. 

Acostumbrado a hacer grandes fiestas para su cumpleaños, Daniel decidió vivir una experiencia diferente y festejó haciendo un voluntariado en Calcuta. 

Siempre había tenido la fantasía de hacer algo así y hace un par de años sintió el momento de realizarlo. “Fui solo y eso ya fue un gran desafío porque soy muy familiero y amiguero. Para mí festejar los cumpleaños es importante, me gusta compartirlos con la gente que quiero. Esa vez iba a estar solo y en otra ciudad -una bastante cruel y dura- y lo iba a pasar haciendo un servicio a lo que más lo necesitan”, señala. La travesía comenzó antes de subir al avión: el destino requiere ciertas vacunas y tuvo que coordinar con las Hermanas de la Caridad el alojamiento y el lugar donde haría su voluntariado. “No había mucho protocolo, fue todo muy relajado. Aunque te hacen una entrevista antes de asignarte una casa donde hacer el voluntariado”, recuerda. 

La pobreza fue lo primero que impactó a Daniel Baez al llegar a Calcuta: la realidad era aun peor de lo que imaginaba. 

Tenía previsto que la combinación de vuelos le permitiera llegar de día ya caía el sol cuando salió del aeropuerto. “Volé de Buenos Aires a Delhi y de ahí a Calcuta. Nunca había viajado solo y me parecía que estaba bien ser precavido. Aterricé tipo 6:30 y ya se hacía de noche. Tuve que caminar por lugares bastante desolados. Sentí un poco de miedo y me empecé a preguntar quién me había mandado a hacer eso en vez de quedarme en mi casa y festejar con bandas de música o algo así”, relata y sigue: “Llegué a la residencia donde vivía con otras personas que iban a hacer voluntariado. Era una casa muy simple. Abrí la ventana de la habitación donde estaba y ví mucha pobreza. Los pájaros eran cuervos y eso me hacía tener más miedo. Me preguntaba una y otra vez por qué había hecho eso. Me encerré y me quedé sólo en la habitación. Caí un poco en la realidad de pensar por qué estaba ahí. Y tuve un poco de tristeza”. 

La residencia estaba a una cuadra de la casa donde está enterrada la Madre Teresa, que es el epicentro de las actividades de las Misioneras de la Caridad en Calcuta. “Al día siguiente al levantarme estaba listo para ponerme al servicio de los demás. Fui al lugar donde está la tumba de la Madre Teresa y si bien no esperaba mucho porque sabía de su vida, tenía la expectativa de que fuera algo más imponente. Esa fue una de las partes más impactantes del viaje. Recé mucho ese día. Conocí su cuarto, muy simple. Siempre pienso cómo desde un lugar tan chiquito y simple llegó a mover tantos corazones en todos los rincones del mundo”, reflexiona Báez al tiempo que repasa mentalmente sus días en India. 

Al día siguiente de su llegada Daniel fue a visitar la tumba de la Madre Teresa. 

A diferencia de otros voluntarios que aprovechan para hacer turismo en sus ratos libres, Daniel sólo iba con la intención de servir. Sus días comenzaban muy temprano: a las 6 de la mañana los voluntarios participan de la Santa Misa en la Casa Madre, “desayunábamos un mate cocido con una banana y un pan y de ahí cada uno partía a su voluntariado, que podía estar en cualquier parte de la ciudad”. 

“Yo iba a una residencia de niños con problemas motrices. Los ayudábamos a hacer ejercicios, hacíamos las camas, jugábamos. Llegábamos a las 8 de la mañana y nos quedábamos hasta pasado el mediodía. Además hice otro voluntariado, que fue uno de los primeros que hizo la Madre Teresa y es en un lugar que estaba más alejado al que van las personas moribundas hacia el final de su vida. Si lo tuviera que describir, diría que es como una villa donde las personas terminaban su vida”, comenta. 

“Ahí la Madre Teresa construyó una residencia que funcionaba un poco como hospital. Ahí servíamos la comida, la bebida y demás. Me tocó curar alguna herida y afeitar a un hombre”, rememora y acota: “Era todo muy triste”. Se detiene en esos recuerdos. Daniel destaca el valor del trabajo que hacen la misioneras de la Caridad y como en cada acción se refleja la entrega de la santa canonizada en 2016. Y habla de una imagen que lo impactó especialmente: “Las miradas…Es una imagen imborrable”. 

Cada día comenzaba con la misa y una oración en la casa de las Misioneras de la Caridad.

“Calcuta es una experiencia muy intensa. Creo que hay que ir preparado a todo. Muchos aprovechan para combinar actividades pero mi eje era servir a los demás. Y fue una experiencia fabulosa. Lo volvería a hacer: pasar mi cumpleaños ahí, sirviendo, como lo hizo la Madre Teresa cada día de su vida”, dice y remata con una cita de la Madre Teresa, que por su vocación de servicio es una de sus santas predilectas: “No debemos permitir que nadie se aleje de nuestra existencia sin sentirse mejor y más feliz”.

"Compré dos rosarios persona que los hacía para la Madre Teresa. Uno se lo regalé al padre Lucas y otro al padre Omar, que falleció este año por covid. El vicario de Loreto sabiendo que yo siempre me había arrepentido de no haber traído uno para mí me dio el rosario de Omar, que es muy especial para mí"