Falta de memoria, irritabilidad y desgano: las secuelas menos pensadas del coronavirus

Falta de memoria, irritabilidad y desgano: las secuelas menos pensadas del coronavirus

La gran mayoría de los pacientes de coronavirus han experimentado niveles elevados de estrés y esto impactó en su salud generando alteraciones en la memoria, cambios de conducta, irritabilidad y desgano que incluso pueden ser la antesala a enfermedades como la depresión.

Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif

Los pacientes que han sido afectados por la covid-19 sin dudas han estado bajo un nivel elevado de estrés psicológico. Aislados de sus familias, sometidos a la incertidumbre de contraer una enfermedad sobre la que se tenían pocos conocimientos, con miedo a la muerte y a sus secuelas. Este panorama da lugar a predecir que las alteraciones neuropsicológicas también serán mayores.

Respecto a esto, se ha encontrado evidencia de que los pacientes que han estado bajo sedación por ventilación mecánica en la unidad de cuidados intensivos (UCI), presentan déficits de concentración, alteraciones de memoria, ansiedad y ánimo depresivo. Sobre esto, se ha propuesto además que estas secuelas pueden durar años y que los síntomas neuropsicológicos duran mucho más que los físicos.

Un estudio acerca de las secuelas psicológicas en personas que tuvieron covid-19, realizado por investigadores del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, reveló que muchos de los participantes manifestaron tener dificultades para realizar actividades cotidianas básicas, tener “problemas para pensar”, lo que se conoce como niebla mental. Según el relevamiento, casi 7 de cada 10 participantes expresaron problemas cognitivos. La mitad respondió que su atención empeoró, mientras que más de 4 de cada 10, también reportaron que su memoria empeoró a partir de haberse infectado con Covid-19. 

La atención es la función que permite seleccionar cierta información para que luego, otras estructuras del cerebro puedan determinar si esta debe ser guardada en la memoria, o simplemente debe desecharse. Mucho de esta decisión depende de la emoción. De esta manera, para guardar algo importante, debe pasar primero por nuestra atención y nuestra emoción; por su parte la memoria, es la función que nos permite no solo almacenar información, sino también evocarla cuando sea necesaria, por lo cual podemos encontrarla presente en las diferentes conductas que efectuamos día a día.

En los adultos mayores la atención voluntaria tiende a disminuir, lo cual conlleva consecuencias en el funcionamiento de la memoria. El comportamiento de la atención sufre cambios con la edad, una disminución sobre la capacidad de detectar información importante, que se hace evidente cuando la persona mayor realiza tareas que requieran atención mantenida.

Resulta clave prestar atención a las quejas subjetivas de los adultos mayores o sus familiares, en relación a problemas en la concentración, atención o memoria, hayan cursado o no la enfermedad de covid. Existe una aceptación sobre la idea de que el declive intelectual en el adulto mayor es siempre producto de la edad, lo cual impide muchas veces una correcta valoración que podría permitir acciones de prevención o de rehabilitación temprana del deterioro cognitivo.

Los adultos mayores que no posean una patología que genere el deterioro en sus capacidades cognitivas, podrán realizar ciertos ejercicios que contribuyan a prevenir cualquier dificultad neuropsicológica. Se podrá pedirles, por ejemplo, que traten de mantener de manera voluntaria su atención en aquella tarea que se encuentran realizando, en características de su entorno, en varias señales simultáneas; que lean frecuentemente diarios o revistas y luego cuenten aquello que recuerdan importante, que practiquen operaciones matemáticas simples o realicen ejercicio físico.

Cabe destacar que las alteraciones que puedan presentarse en la atención del adulto mayor están íntimamente relacionadas con la motivación que despierte la tarea que se pretende realizar, además de las alteraciones que pudieran estar relacionadas con la edad, de tal manera que, en condiciones ambientales desfavorables, la atención mantenida podría debilitarse, mientras que en ambientes más estimulantes y con actividades de interés, podría maximizarse el funcionamiento de la atención.

Es importante que en la consulta médica el profesional pueda monitorear de cerca el funcionamiento cognitivo en el adulto mayor al momento de hacer una evaluación general de su estado de salud. Los médicos suelen recomendar la realización de dieta, tomar líquidos, ejercitarse regularmente, y en definitiva, mantener un estilo de vida saludable. A lo cual deberían añadir consejos para cuidar los factores protectores del deterioro cognitivo: mantener la actividad intelectual, evitar la automedicación con psicofármacos, frecuentar espacios socioculturales creados para los adultos mayores en nuestra sociedad (Talleres para adultos mayores, clubes, centros de jubilados), y la adopción de proyectos de vida que favorezcan la autonomía, activación y las estrategias positivas de afrontamiento.

Nuestros adultos mayores necesitan conocer la importancia de trabajar sobre sus capacidades cognitivas, con ejercicio diario, tanto en personas sanas como en aquellas que presentan deterioro de su estado mental.  Deben aprender cómo pueden incluir en el autocuidado y mejoramiento de sus capacidades intelectuales.

 

*Milagros Ferreyra y Martín Gabriel Jozami Nassif son miembros del equipo de Terapia Neurocognitiva

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