El miedo de volver a la presencialidad del trabajo

El miedo de volver a la presencialidad del trabajo

¿Volver o no volver? Esa es la cuestión mientras más actividades abandonan la virtualidad. Y entonces, afloran la emociones. Entre ellas, el miedo a regresar al trabajo en forma presencial. ¿Qué hay detrás de este sentimiento?

Carlos Gustavo Motta

¿Jugaron al Martín Pescador? Cada uno elegía un nombre que competía entre sí. Así dos de nosotros y uno frente al otro, formábamos un arco con nuestros brazos quedando entrelazados a modo de puente y a la larga fila de compañeros quienes iban pasando al modo de un trencito, los que hacíamos una pregunta a viva voz.

¿Esto o lo Otro? Quien elegía se abrazaba prácticamente de la cintura de alguno de los dos y luego cuando el último pasaba, cinchábamos cada uno haciendo fuerza y tratando de ganar. Ahora a los pacientes les doy la posibilidad de elegir cómo van a tener su sesión: presencial o virtual…¡y muchos quieren continuar de modo virtual!

Los efectos de la pandemia han instalado en todos nosotros, actitudes de manera casi definitiva y recién se pueden ver estos efectos que comenzaron con la sorpresa, continuaron con la incertidumbre y ahora se manifiestan con trastornos de ansiedad generalizada, término que hago propio para poder hablar de los estragos de la pandemia.

En todo el mundo el trabajo ha recibido un impacto brutal, si hasta en Estados Unidos los trabajadores se encuentran subsidiados de tal modo que hay pedidos de búsqueda laboral para que vayan a ocupar puestos vacantes.

Pero claro, las escalas económicas en relación a los ingresos del exterior son diferentes a las nuestras. Hay quienes tienen miedo genuino de no incorporarse por el virus del covid-19 mientras otros utilizan al virus para continuar trabajando la red social que se disponga.

La actual paradoja es volver a trabajar de modo presencial con miedo al contagio o quedarse en casa trabajando de modo limitado vía Zoom. | Foto: Pexels

Dejar el miedo de lado no resulta fácil sobre todo cuando los acontecimientos relacionados se ponen de manifiesto a través de la prensa, la ciencia, la política, por mencionar algunos vectores que lo reproducen y lo amplifican.

Zozobra, angustia, terror, pánico son los grados del miedo que Kant pudo describir cuando un peligro se sospecha. Pero esta duda no logra nunca precisar el objeto del miedo porque no se tiene miedo de algo que nos amenace sino de algo cuya característica es que se dirige a lo desconocido de aquello que se manifiesta y en nuestro caso, es un virus.

Para Charles Darwin el miedo suele estar precedido por una sorpresa. Es súbito y peligroso y atribuía su duración como un fenómeno neurofisiológico que podía conducir a la persona a un manifiesto pánico. Para las teorías conductuales, un trastorno ocasionado por el miedo, tiende a sobreestimar el grado de peligro y la probabilidad de perjuicio en una situación dada, y tienden a infravalorar sus capacidades de afrontar las amenazas que perciben contra su bienestar físico y psicológico.

Despejar el miedo sería para el psicoanálisis, despejar el sin sentido que lo provoca quizás orientado por la angustia, que por otro lado, no engaña. Teorías aparte, esta pandemia cuestiona cada uno de los niveles donde se desenvuelve la cotidianidad y actualizó temas como el trabajo, una de las variables más afectadas y sus modos de llevarlo a cabo que exigen de nosotros mismos una capacidad de ser más flexibles para hacer frente a nuestras obligaciones diarias.

En la evolución de la historia del trabajo o empleo, la inseguridad laboral ha tenido consecuencias tan debilitantes como la propia experiencia de la desocupación, uno de los fantasmas más concretos que la pandemia actualizó y aumentó.

Tal incertidumbre se manifiesta a través del miedo que sufre cualquier trabajador cuando la estabilidad laboral y su papel en el ámbito laboral se pone en cuestión.

La inseguridad aumentó drásticamente conjuntamente con los trastornos de ansiedad. La actual paradoja es volver a trabajar de modo presencial con miedo al contagio o quedarse en casa trabajando de modo limitado vía Zoom.

Liberarse del miedo consiste en reconocerlo, detectar su origen y finalmente afrontarlo. Revertir el miedo sería jugar al Martín Pescador (entendiendo al juego sin banalizarlo o desestimar lo que nos ocurre) elegir entre miedo o tranquilidad. Cuando elegimos esta última opción, y no sin angustia, la serenidad puede ser la carta ganadora. 

 

*Carlos Gustavo Motta es psicoanalista y cineasta. 

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