"A mí me gustaba seguir jugando": La niñez está en peligro de extinción

"A mí me gustaba seguir jugando": La niñez está en peligro de extinción

Las autoras de esta nota opinan sobre la niñez, la adolescencia y la pérdida de vínculos donde la comunicación se hace más complejo con los padres.

Lic Magdalena Clariá y Mercedes Gontán

¡Cuántas veces escuchamos hablar a los padres de lo difícil que se vuelve la crianza cuando sus hijos llegan a la adolescencia! Para algunos más, para otros menos, pero casi todos coinciden en que en esta etapa los vínculos se complejizan, el diálogo parece tener interferencias y nuestros “chiquitos” ya no quieren pasar tanto tiempo con nosotros.

A cada etapa lo que le toca. Será entonces tiempo de empezar a recoger la cosecha de todo lo que fuimos sembrando en sus primeros años y también de acompañarlos en todos los procesos físicos y emocionales que se vienen. Pero entonces… si todo esto nos espera en esta etapa, ¿por qué los apuramos? ¿Queremos que llegue antes?

Salvando las distancias, imaginemos que estamos ansiosos por comer una torta que nos encanta y por eso la sacamos antes de tiempo del horno, ¿Qué se imaginan que pasa? Seguramente no estará lista, comprobaremos que está cruda y no podremos comerla, o nos caerá terriblemente mal al estómago. Cada receta lleva su tiempo de cocción. En la propia naturaleza, también podemos contemplar como crecen a su debido tiempo árboles, plantas y flores.

Nuestros hijos también necesitan su tiempo de maduración. Cada etapa tiene sus características propias, y trae consigo distintos desafíos. Aunque tratemos de apurarlos, evolutivamente no surtirá efecto, no van a crecer más rápido.

Hace unos años, nos preocupaba ver a los padres de una chica de 9 años afirmar con vehemencia que su hija ya era toda una adolescente, o que su hijo de 10 ya no era más un niño. Hoy en día, la línea del tiempo parece ir en sentido contrario, y con naturalidad madres y padres de pequeñísimos que todavía están en el jardín de infantes, están convencidos que sus hijos son
adolescentes.

Ya decía María Elena Walsh “…quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor…”

Tememos que, dentro de poco, a los bebés los llamen adolescentes, ¿Acaso las nursery se convertirán en boliches? Mas allá de la broma, nos parece importante tomarnos el tiempo para reflexionar, y ponernos en acción para ir al rescate de la infancia. Es un hecho que vivimos apurados, inmersos en una vorágine que no nos deja ni escuchar cuando el otro nos habla a su ritmo, y necesitamos que las aplicaciones nos regalen aceleradores de audios. Creemos que en este apuro, a veces se nos olvida la esencia del otro, y sin quererlo copiamos modelos por inercia, cansancio, desinformación, y tantos otros motivos.

Carmen ordenó en una gran bolsa, todas las muñecas y bebotes de su hija Carolina, de 7 años. Separó algunas para regalarle a su sobrina, otras para vender en el chat de madres y varias para donar. Hace varios meses que venía pensando esta idea, y casi que se la comunicó a Carolina como un hecho. ¿Vos ya no jugás con tus muñecas, no? Le dijo mientras imaginaba la reestructuración del cuarto de juegos, que convertiría en una sala de TV. Caro asintió sin escuchar bien lo que decía su mamá, porque estaba obnubilada con el último video de tik-tok que acababa de subir su influencer favorita. Pasaron los meses, y un día en las vacaciones que compartían con primos y amigos, Carmen descubrió a Carolina llorando abrazada a un bebé de su primita. "A mí me gustaba seguir jugando", le dijo cuando se le acercó.

Esta es solo una simple historia que llegó a nosotras, pero estamos seguras de que con los condimentos propios podríamos encontrar relatos similares en más de uno de nuestros hogares. Sabemos que los juguetes ocupan lugar, y lo tentador que es a veces despejar los ambientes. Desde ya que es muy lindo cuando los chicos que tienen la suerte de seguir recibiendo juguetes, regalen otros a quienes más lo necesitan, pero no se trata de eso la historia de Carolina. Ya decía María Elena Walsh “…quiero tiempo, pero tiempo no apurado, tiempo de jugar que es el mejor…”.

No importa si con las muñecas, con bloques para construir, con juegos de mesa, con cualquier elemento que encontremos en casa, lo lindo es dejar volar su imaginación, y sobre todo, dejarlos que sean niños. Nos puede tentar pensar que las cosas hoy en día cambiaron, que el mundo se transformó, lo que es cierto, pero tan cierto como que los niños para su desarrollo necesitan del juego, y sobre todo de recuperar la capacidad de asombro. Como dice Catherine L´Ecuyer: “Quitar el asombro y rodear al niño de cosas que contienen poca belleza es desnaturalizarlo, robarle la infancia y empequeñecerle la razón. También es quitarle la posibilidad de ser todo lo que podría llegar a ser como adolescente y como adulto".

Podemos vestir a nuestras hijas de 10 años como si fueran adolescentes, ponerles música de boliche con letras que no entienden, luces de colores, pero seguirán teniendo 10, y como mínimo las vamos a confundir, pero como máximo las vamos a dañar, a vulnerar en su inocencia. Si a nuestros hijos de 11 les damos vía libre para jugar juegos en línea con alto contenido de violencia, entrar al mundo de las redes a navegar sin supervisión adulta, seguramente los vamos a lastimar en su sensibilidad. Los árboles no crecen tirando de sus ramas…

Que sigan siendo niños, y que el resto venga despacito, como siempre lo hizo, porque igual va a llegar, y vas a extrañar la etapa infantil que tan rápido voló, o hicimos volar. “Ayer un día” “Cuando sea grande” “Cuando era chiquita” Nos divierte escuchar como en las anécdotas e historias de los pequeños se entremezclan los tiempos verbales y conectores. En definitiva, lo que importa para ellos es el hoy, al que también llamamos presente, porque es justamente un regalo. ¡Feliz día!

 

*Magdalena Clariá es Licenciada en Psicología y Mercedes Gontán, abogada, Mediadora y Orientadora Familiar. Juntas hacen Apuntes de siembra

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