"Fuimos adictas, sufrimos violencia de género y ahora podemos ayudar a otras mujeres a salir de la oscuridad"

"Fuimos adictas, sufrimos violencia de género y ahora podemos ayudar a otras mujeres a salir de la oscuridad"

Andrea y Paula son dos de la mujeres que forman parte de Digna, un emprendimiento textil cuyas trabajadoras atravesaron situaciones de consumo problemático. El lugar, impulsado desde el Hogar de Cristo, forma parte de un proyecto que busca brindar salida a quienes quieren salir de la marginalidad.

Candelaria Reinoso

Andrea tiene 45 años, es del Bajo Flores y hace dos años que el Hogar de Cristo le cambió la vida. “Tenía problemas de adicción por consumo de cocaína. Me acerqué al hogar después de sufrir violencia cuando viva en situación de calle. Al principio no aceptaba que estaba enferma, de que mi adicción era una enfermedad. Recién cuando empecé mi proceso de granja pude trabajar mi adicción”, cuenta. Las "granjas" son los espacios alternativos para la inclusión y la recuperación cuando los adictos quieren concentrarse un tiempo determinado en el tratamiento.

“Las personas que están por mucho tiempo en la calle no conocen los principios y valores de la limpieza o de mantener una casa. En granja te enseñan todo. Te van insertando de nuevo en una vida donde el consumo no es parte, te enseñan que lo de antes no era vida. Tuve recaídas, pero trato de mantener la mente ocupada y buscar contención. La mayoría de nosotros no tenemos el tema del cariño incorporado, siempre nos desvalorizaron o nos discriminaron por una u otra cosa. Hoy en día esas cosas ya no las tengo”, explica Andrea.

Luego de finalizar su proceso de granja, Andrea se encontró con la oportunidad de sumarse a Digna, un emprendimiento que ofrece prendas textiles de diseño y calidad a la vez que lograr la inclusión laboral de Mujeres del Hogar de Cristo. Ellas viven en contextos de vulnerabilidad, son víctimas de violencia de género y de transfobia, tienen consumos problemáticos y muchas veces conflictos con la ley penal. El Hogar de Cristo las acompaña en su recuperación y reconstrucción, ofreciendo un espacio de trabajo que acompañe el diseño de su vida personal.

“Es un emprendimiento relacionado con el medioambiente, recibimos ropa usada, tratamos las telas, las desarmamos y les damos un nuevo uso y diseño para luego venderlas”, cuenta Andrea. “Las personas que nos capacitan tienen toda la predisposición de ayudarnos y darnos una oportunidad, nos reconocen a todos como pares, no nos tratan diferente por ser adictos”, asegura.

La mayoría de las mujeres que participan de Digna y estuvieron en situación de calle hoy tienen sus propias casas y mantienen sus alquileres. “Hace un año y 7 meses que tengo mi alquiler gracias a un subsidio del gobierno y con los trabajos que me van saliendo gracias al Hogar de Cristo. Soy una de las más enganchadas con el proyecto y de las primeras que llega al taller”, cuenta Andrea entusiasmada.

Paula, una chica trans del Bajo Flores, también es parte del proyecto y hace 9 años que sostiene su tratamiento en el hogar. “Hace muchos años que vengo llevando una vida prácticamente normal, peleándola. Yo me prostituía, me drogaba, tomaba alcohol, robaba. No quería esa vida, y la iglesia me dio una oportunidad aún siendo una chica trans”, cuenta ella.

“Me tuve que prostituir por más de 22 años y hoy por hoy estar en un proyecto así, normal, que habla de la mujer de otra manera, donde cada una es única, es algo que me hace muy feliz”, cuenta Paula. “La mujer a veces no tiene opción, y Digna es una opción. Estar en este proyecto habla de nosotras. Fuimos adictas, sufrimos violencia de género, y ahora le podemos dar la mano a otras mujeres y dar el ejemplo de que podemos salir de la oscuridad y que se puede vivir una vida normal. Yo, por ejemplo, me considero un ejemplo para el colectivo trans”, agrega.

Gabriela Blanco, licenciada en Relaciones del Trabajo y coordinadora del proyecto Digna, explica que en el Hogar de Cristo se recibe la vida de las personas que hayan pasado por adicciones, violencia o situación de calle. “Empezó desde la atención a los adictos, pero cuando empezamos a recibirlos nos dimos cuenta de que había otras situaciones que atender. Damos una respuesta a la situación de desempleo”, explica la coordinadora.

El proyecto busca formar una comunidad de trabajo y de clientes que dignifiquen el lugar de la mujer junto con el cuidado del medio habiente y el diseño. Los que conforman el equipo de capacitadores son la diseñadora textil, Daniela Calcagno, y la licenciada en Ciencias Ambientales, María Clara López, junto con los talleristas que les enseñan a coser. “Las chicas recién se están capacitando, pero la idea es en uno o dos meses empezar con la producción”, concluye Blanco. 

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