Amor y cadenas: un caso que batió un récord y llamó la atención mundial

Amor y cadenas: un caso que batió un récord y llamó la atención mundial

Una pareja ucraniana batió un curioso récord: se encadó durante 123 días. Durante ese tiempo, hicieron todo juntos, incluso ir al baño.

Augusto Guisasola

Augusto Guisasola

Así a secas, sabemos que el amor, como la muerte, la existencia de dioses, la amistad, el éxito, es tema universal. Lo más actual (si se quiere), el amor y su forma libre, poliamorosa. Frente a eso (también si se quiere) aparece el caso de una pareja de Ucrania que decidió encadenarse y convivir de esa manera durante 123 días. Finalmente, el 22 de junio de este año, decidieron romper esas cadenas, e incluso separase. 

Viktoria Pustovítova y Alexánder Kudlái, oriundos de la ciudad ucraniana de Járkov, decidieron encadenarse las muñecas para vivir así por tiempo ilimitado. Bueno, finalmente el desafío tuvo sus límites: 123 días corridos desde el Día de San Valentín de 2021, poco más de 4 meses. De esta forma, el ritual comenzó frente a la escultura Unity, en Kiev, un 14 de febrero y terminó el 17 de junio del mismo año. Fueron al baño juntos, tuvieron que decidir si entrar a baños de hombres o de mujeres en repetidas oportunidades, presenciaron charlas íntimas y ocuparon todos los lugares y momentos de privacidad de su pareja. Como verán, un desafío que, por supuesto, no debe haber sido fácil sobrellevar. 

El momento en que se encadenan

Esta pareja fue casi a contramano de lo que varias sociedades vienen discutiendo y reflexionando: ¿porqué la pareja debe ser tan posesiva?, ¿por qué debe ser asumida como parte de una propiedad privada?, ¿existe una forma más flexible de relación amorosa, más liberal? La experiencia de Viktoria Pustovítova y Alexánder Kudlái alcanzó a batir un récord en el Registro de Récord Nacionales de Ucrania y desafió, a su vez (y quizás hasta con mesurada victoria), el lugar común de que "la pareja es insoportable". 

Curiosidades mediante, minutos después del encadenamiento, Alexánder declaró a la prensa: "vamos por un récord". Y lo lograron, y con ello subastaron, además, las cadenas con que se mantuvieron unidos por 3 millones de grivnas, que equivalen a 110 mil dólares estadounidenses. Fuera de eso, luego de romper sus cadenas, confesaron que no había sido para nada fácil, que habían logrado conocerse en lo más íntimo, pero que preferían la privacidad de cada uno.

¿Final feliz?

Luego de romper sus cadenas, sus ataduras, Viktoria Pustovítova y Alexánder Kudlái tomaron otra decisión drástica: no solo separarse, también terminar la relación e irse a vivir lo más alejados posible. De hecho, además de declarar que sintieron que tienen "diferentes visiones de la vida", alentaron a la buena comunicación que debe tener cualquier pareja: "esperamos que eso sirva de buen ejemplo para todas las parejas de Ucrania".

Una vez distanciados, coincidieron en que de esa forma podrían recuperar su "vida plena". Especificaron: "Hemos mejorado la comunicación y nos conocemos completamente. El sentido común nos sugirió que ni Vika ni yo necesitamos esta relación, que solo nos perjudicaría". Con estas declaraciones, por supuesto, se dispara una exhortación o, mínimo, un llamado a la reflexión: ¿hasta qué punto debemos vivir "encadenados" a una persona con la que ya no nos sentimos en crecimiento o con la que generamos bienestar mutuo?

La puja por el amor libre, tradicional, o en su extremo, posesivo, se debate entre lo que puede ser la liquidez y la falta de compromiso, el deseo desenfrenado de tener más que una o dos experiencias amorosas, la asunción de que somos seres poliamorosos, la individualidad, la privacidad y la propiedad privada, las distintas dinámicas de presencia (física o virtual) que pueden tener las relaciones. El caso de Viktoria Pustovítova y Alexánder Kudlái es un extremo, sin dudas, pero ha valido para dar sustancia y experiencia al debate. 

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