Un argentino en África

Un argentino en los confines de la tribu Nika: el desafío de vivir sin luz, rutas ni médicos

Así empieza la aventura del argentino Federico Highton en África. El sacerdote está "dispuesto a morir por Jesucristo y plantar la Cruz hasta en las guaridas de los brujos", no teme a la falta de comodidad: al contrario, lo provoca para ir al encuentro de los demás.

P. Federico Highton domingo, 25 de julio de 2021 · 09:33 hs

Dejamos unas líneas breves antes de partir, escritas mientras íbamos de un lugar a otro. "Mañana es el día tan esperado, el día ansiado, nuestra “Fiesta de Bodas"… Sí, a las 7:30 salimos desde la Catedral de Karonga a fundar la Misión de Chisenga en la exacta frontera de Malawi y Zambia. Queríamos empezar la Misión ayer, pero el Obispo determinó que todo comience el 7 de mayo, Fiesta de San Estanislao, martirizado mientras celebraba el Sacrificium Missae", decía esa crónica. 

Nos toca evangelizar Chisenga R.T.A. (Rural Trading Area), una zona habitada (casi) exclusivamente por la tribu Nika. El territorio está compuesto de seis áreas internas y 26 aldeas, varias de ellas casi innaccesibles (topográficamente hablando). Según el sondeo que hicimos indagando a los líderes nativos, en 13 de las 26 aldeas no hay ningún católico. El Obispo desde el comienzo nos aclaró que es una zona donde todavía hay brujería, por lo cual él nos confirió la potestad exorcística.

Es un terreno donde la poligamia es considerada algo natural. Es una tierra dominada por las sectas más disparatadas del protestantismo más anti-evangélico: el que no confiesa ni la Trinidad ni la Encarnación sino una teología de la prosperidad pura y dura (en un contexto donde todo el mundo está varios kilómetros por debajo de la línea de pobreza).

Como es una zona de primera evangelización, no hay presbiterio ni residencia sacerdotal, pero eso no es un problema ya que conseguimos cinco toldos militares, que están llegando desde Sudáfrica, lo cual nos evoca los toldos petrinos del Tabor.
Entre este mes y el que viene, está llegando un comando de jóvenes misioneros, que, en las antípodas de "una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad" (Evangelii Gaudium, 49) vienen llenos de celo apostólico dispuestos a morir por Jesucristo y plantar la Cruz hasta en las guaridas de los brujos. Gracias a Dios, todo explota.

En la base hay una pequeña comunidad católica y desde allí viviremos “en salida", yendo y viniendo a las 25 aldeas circundantes tratando de propagar los límites de las Iglesia visible lo más posible. Es una zona sin luz, pero eso no importa ya que conseguiremos unos paneles solares y unos cargadores y cuando éstos se agoten y ya no haya luz solar, viviremos como en la época del Aquinate (y como quería Petit de Murat): bajo la luz de la vela.

Es una zona donde solo hay un centro de salud para 26 aldeas, pero esta “clínica” carece de médicos. No hay ni uno solo. Por eso, aquellos galenos que quieran venir aquí por unos días (o semanas) a salvar las vidas (no dos sino incontables) de los pobres más pobres, son bienvenidos.

Dejaremos pronto los nombres de las 26 aldeas para que sean adoptadas por quienes se ofrezcan. Hacen falta guerreros de la oración que adopten espiritualmente aldeas, con sus oraciones y ayunos. Aspiramos a conseguir cincuenta adoptantes por aldea ya que la idea es misilear el Cielo con oraciones y sacrificios para que el Cielo bombardee esas aldeas con gracias de conversión.

Que Dios nos dé la gracia de vivir y morir misionando.
 

Archivado en