¿Se puede escalar a la cima de las pirámides de Egipto?

¿Se puede escalar a la cima de las pirámides de Egipto?

Con esa pregunta como disparador, el autor se acercó a pie pero también a través de los libros a las monumentales construcciones que persisten en la arena desde hace cuarenta siglos. Anécdotas de una expedición sencilla y curiosa hacia una de las maravillas del mundo.

Facundo García

Facundo García

Giza, El Cairo. El taxi se aproximó a las pirámides y vi que varias personas se colgaban del coche. Incluso un tipo abrió la puerta y se sentó adentro del auto para ofrecer camellos de plástico, souvenirs, guías turísticas, etc. Le dije que gracias, que así estaba bien, pero el hombre no se bajaba.

No voy a olvidar esa cara: la necesidad de venderme algo, lo que fuera, su imposibilidad completa para sonreír, los ojos como dos pozos de nada, y la voz yendo de un idioma al otro como una culebra enloquecida. Él podría ser yo. Yo podría ser él. Y aun así, durante los pocos minutos en los que se cruzaron nuestras vidas, sólo tuvimos tiempo para odiarnos.

Al final el loco se bajó, insultándome por no haberle comprado. Era el principio. Uno no puede caminar ni veinte metros en los alrededores de las pirámides que lo empieza a seguir una caravana en camello, a caballo, a pie. Ya no hay experiencia espiritual posible en semejante quilombo. Es un circo oriental que te persigue y te impide cualquier tipo de intimidad con aquellas magias de piedra. 

Los colonialistas no se las llevaron porque era demasiado difícil cargarlas hasta el Museo Británico, así que ahí están. En teoría está prohibido subirlas, aunque cuando uno merodea por sus bordes aparecen policías corruptos que ofrecen la posibilidad de hacerlo a cambio de unos cuantos dólares.

De hecho, el youtuber cuyo video pongo acá abajo lo hizo; trepó una de las pirámides de Giza siguiendo esa obsesión occidental que nos impulsa a profanar las cosas para alimentar el ego:

Charla con Keops

Napoleón visitó las pirámides de Giza en 1798, junto con 30.000 soldados. En aquella época el corso era un promisorio general sub-30 que se dejaba embelesar por sueños de grandeza. La leyenda sostiene que se paseó ante la esfinge -que los antiguos llamaban "el padre del terror"- y quiso alojarse siete horas dentro de Kheops, la construcción más colosal, para ver qué sentía

Al salir, sus hombres lo notaron lívido y le preguntaron qué había visto. "Aunque se los contara, no me creerían", cuentan que respondió. 

Napoleón ante la esfinge (Jean-Léon Gérôme, 1886).

A esta altura, la anécdota napoleónica es inchequeable. Le creo más a un amigo que murió hace más de un siglo. Desde sus Causeries de los jueves, Lucio V. Mansilla (1831-1913) nos regala esta descripción de la escalada a las pirámides que hizo con ayuda de los egipcios:

“La disposición era ésta: tres beduinos por barba, el uno nos tenía por la mano derecha, el otro por la izquierda, nosotros teníamos las narices frente al plano inclinado de la pirámide, el tercero estaba detrás. De repente oímos un ¡Alahá! archigutural y junto con él sentimos dos tirones en ambos brazos, y un empellón (…)y nos hicieron subir un escalón, como si fuéramos bultos. Y los ¡Alahá! se repetían, y el subir como bultos continuaba (…)", escribió el único escritor argentino del siglo XIX capaz de hacerle sombra a Sarmiento.

Mansilla, un nómade curioso durante la época de oro de los viajes y las expediciones.
Broma fotográfica, otra de las tantas muestras de dandismo de Lucio V. Mansilla.

Mansilla subió y hasta flirteó con algunas norteamericanas que andaban por ahí con sus grititos característicos. Al final de la experiencia, intentó absorber algo de aquellos enigmas de roca. Que el lector juzgue si su conclusión tras visitar Giza hace cien años fue atinada.

Mansilla cerró así su texto sobre las pirámides: "Y qué diré en conclusión, como quien le pone marco al cuadro ¿Diré como Napoleón, lectoras y lectores que habéis subido conmigo hasta arriba: 'de lo alto de esas pirámides, cuarenta siglos nos contemplan'? O tal vez haré como el veterano al oír aquella figura retórica, que dijo a su cabo: '¿Y a dónde están los cuarenta siglos, que yo no los veo?' A lo que el cabo contestó: '¡Imbécil! El general los ve con su largavista'”.

Las pirámides durante el siglo XIX, en una pintura de William James Muller.
  • ¿Aportes? ¿Otra perspectiva? Puede escribir a fgarcia@mdzol.com
Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?