Con solo 20 años tuvo covid grave y le quedaron impresionantes secuelas

Con solo 20 años tuvo covid grave y le quedaron impresionantes secuelas

Alan es oriundo de San Rafael, Mendoza, y contrajo coronavirus en junio. Hoy sufre secuelas que afectan sensiblemente su calidad de vida. 

Andrea Ginestar

Andrea Ginestar

Alan es un mendocino que contrajo coronavirus en junio y hoy sufre secuelas neurológicas que afectan sensiblemente su calidad de vida. Su familia está desesperada, consultaron a varios médicos que coinciden en que las manifestaciones neurológicas del joven son producto de una secuela de covid-19 y no logran dar con un tratamiento o rehabilitación para revertir las secuelas que le quedaron luego de la enfermedad.

La medicación y el tratamiento que requiere son particulares y debido a su cuadro solamente puede realizarlo en su casa ya que no puede caminar distancias mayores a 100 metros. Su vida cambió y las cosas que habitualmente hacía como ir al baño, ducharse, sentarse a ver televisión o leer algo en la computadora hoy son grandes odiseas ya que su motricidad está absolutamente afectada por la enfermedad.

El día 1 de junio Alan recibió la noticia de que el testeo que se había realizado era positivo para covid-19. Desde ese momento, la vida de este joven de 20 años, que desempeñaba algunas tareas en el área de cultura de la municipalidad de San Rafael, cambió por completo. 

A partir del tercer día de comenzar a transitar la enfermedad acudió de urgencia al Hospital Español de Mendoza donde le diagnosticaron una neumonitis. Luego de ser atendido, le indicaron corticoides y lo enviaron a su domicilio. Los días transcurrieron pero el cuadro clínico fue desmejorando con el transcurrir de las horas.

El aislamiento continuó y al séptimo día luego de varios picos de fiebre, una ambulancia lo trasladó al Hospital Teodoro J. Schestakow ubicado en San Rafael. Alan ingresó a ese nosocomio y fue diagnosticado con neumonía unilateral que le provocaba mucha fiebre, dolor de tórax y falta de aire.

Los médicos que lo atendieron le aplicaron nuevamente corticoides y lo enviaron a casa con la medicación correspondiente pero a los dos días su cuerpo comenzó a hincharse y ponerse de color rojo. Al ver esta reacción, su familia decidió llamar nuevamente a la ambulancia. Los médicos que acudieron a su domicilio explicaron que dicho cuadro correspondía a una reacción alérgica y le recomendaron que continuara con el tratamiento en su casa.

El día 11 su situación empeoró aún más y su familia decidió llevarlo al Hospital Español donde le detectaron neumonía bilateral y luego de una tomografía lo enviaron nuevamente a su casa con los antibióticos correspondientes para tratar dicha dolencia.  

Los días transcurrieron y Alan no notaba mejoría, por el contrario, comenzó a tener espasmos y movimientos involuntarios que le provocaban dolor y falta de aire. El médico que lo atendió en ese momento pidió una serie de análisis, resonancias, electroencefalogramas y una interconsulta con una neuróloga.

Alan tuvo un paro respiratorio en su casa el día 17 de junio y pudo ser estabilizado en el Hospital Schestakow gracias a la acción de sus vecinos quienes acudieron de inmediato y pudieron trasladarlo hasta el centro asistencial. Luego de pasar unas horas en observación y ser estabilizado, lo enviaron nuevamente a su casa pero la situación se volvió crítica nuevamente el día 25 de junio cuando fue ingresado de urgencia en el nosocomio.

El diagnóstico

Una vez allí, fue atendido y le diagnosticaron que sufre de un trastorno de movimiento que se presenta como una secuela del coronavirus denominada Corea de Huntington. La enfermedad es una afección heredada en la que las neuronas se degeneran con el transcurso del tiempo, generalmente comienza a los treinta o cuarenta años de edad y provoca la aparición progresiva de síntomas psiquiátricos y síntomas relacionados con el movimiento y el pensamiento (cognitivos). No existe una cura, pero los fármacos, la fisioterapia y la terapia conversacional pueden controlar los síntomas.

Luego de una semana de pruebas y de ser medicado con diversos fármacos, Alan decidió buscar otra opinión y pidió el alta voluntaria. "La medicación me mantenía dopado todo el día, logrando perder control de mi sistema nervioso motriz y neurológico" dijo el joven.

Si bien deben seguir avanzando en un diagnóstico que les permita encarar un tratamiento y rehabilitación para el cuadro que padece, los médicos que lo atendieron hasta el momento certificaron que la dolencia podrían ser secuelas post covid. 

Alan viajó a la ciudad de Mendoza hace unos días para realizar una consulta en un centro neurológico donde, luego de varios estudios, le explicaron que había sufrido una cefalitis que provocó un mini ACV que alteró el sistema de la corteza cerebral provocando los tics nerviosos.

Los médicos siguen su caso explicaron que la enfermedad que padece Alan no tiene cura pero requiere tratamiento. Según su familia, hoy siguen buscando una medicación que ayude a su sistema nervioso sin alterar su sistema neurológico pero las expectativas son pocas y la familia sueña con encontrar con un especialista que pueda ayudarlo a volver a ser quien era antes del covid.

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