La increíble historia de Salvador, que naufragó durante 438 días y habló durante 9 con su compañero muerto

La increíble historia de Salvador, que naufragó durante 438 días y habló durante 9 con su compañero muerto

Naufragios ha habido muchos y la mayoría son sorprendentes y hasta increíbles. Los ha habido con periodos más largos que otros, y entre los más extensos podemos mencionar uno: el caso de Salvador Alvarenga, que pasó 438 días en una lancha

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La historia de Salvador Alvarenga destaca entre otros naufragios no solo por el largo periodo en que transcurrió (15 meses), sino por las condiciones en que él sobrevivió, que fueron en una lancha, en el medio del Pacífico y con un compañero al que conservó y con quien siguió conversando durante nueve días luego de que éste muriera. 

Desde muy joven, Salvador comenzó a ser pescador. "Fui ascendiendo" en el ámbito de la pesca hasta llegar a ser uno de los pocos tiburoneros respetables de Garita Palmera, una costa de Ahuachapán, El Salvador, explica en algunas entrevistas. En esas costas nació y luego de varios años decidió trasladarse a México para generar una mayor rentabilidad con su oficio. Una vez allí, un 17 de noviembre de 2012 se lanzó mar adentro sin saber que un naufragio de 438 días lo esperaba.

Una mañana, como tantas otras, este pescador se alistó para ir a la pesca de tiburones unos 200 kilómetros mar adentro, o mar abierto. Era una travesía común, "que hacía siempre y en la que me animaba a permanecer durante más tiempo y en lugares más lejanos que el resto de los pescadores", suele remarcar cuando lo consultan. Había una novedad aquella vez, Salvador iría con un novato, el joven Ezequiel Córdoba, que no tenía experiencia y que al que le habían asignado para que lo acompañara en esa oportunidad.

La trágica aventura

Salieron durante las primeras horas de la mañana, Ezequiel seguramente con miedo aunque entusiasmado, Salvador, como un día más. Luego de largas horas de pesca en mar adentro, una fuerte tormenta comenzó a azotar la zona. Decidieron volver e, incluso, por la violencia con que la tormenta avanzaba, arrojar la totalidad de la pesca con que se habían hecho, casi 500 kilos. La idea era agilizar la lancha para poder llegar más rápido a la costa. Cuando estaban a menos de 100 kilómetros, Salvador dio aviso por radio a la central, avisando que iban de regreso y que estaban siendo presa del convulsionado tiempo. Luego del aviso por radio y cuando faltaban pocos kilómetros para pisar tierra firme, el motor de la lancha se averió y, para mayores problemas, también la radio se quedó sin batería.

Salvador, de nuevo en una lancha luego de años de acompañamiento terapéutico

"A esta altura ya estamos en pleno naufragio", le dijo Salvador a su compañero

Primero pasaron las horas y la esperanza no estaba siquiera torcida: pronto los encontrarían, ya que el aviso había sido dado y seguramente los buscaban. De hecho, no se equivocaban, la guardia costera junto con las fuerzas navales e incluso aéreas montaron un gran operativo para encontrarlos, pero luego de dos semanas, la búsqueda se dio por finalizada y Salvador y Ezequiel fueron dados por muertos. Mientras tanto, ellos recién comenzaban a asumir que por cómo se presentaba el cielo, la fauna y el oleaje, seguramente ya estaban naufragando. "A esta altura ya estamos en pleno naufragio", le dijo Salvador a su compañero.

"'Cuando me muera, por favor no me comas y, si te salvas, encárgate de avisarle a mi familia lo que sucedió, yo haré lo mismo por ti', me dijo Ezequiel cuando ya presentía su muerte", cuenta Salvador.

Ezequiel Córdoba murió en la lancha, luego de 4 meses de naufragio.

La supervivencia

Los días, semanas y meses fueron pasando y ambos náufragos ya habían creado un sistema para alimentarse e hidratarse: recoger el agua de lluvia en botellas que encontraban flotando y comer gaviotas, todo tipo de pájaros, peces y tortugas, de las que también bebían su sangre con el fin de hidratarse. "Cuando me muera, por favor no me comas y, si te salvas, encárgate de avisarle a mi familia lo que sucedió, yo haré lo mismo por ti", me dijo Ezequiel cuando ya presentía su muerte, cuenta Salvador.

 

Salvador es ahora una leyenda para su pueblo

Así fue, a los cuatro meses finalmente Ezequiel murió. Salvador lo mantuvo en la lancha e incluso ha contado en varias entrevistas que hablaba con él. "Yo le hablaba, lo había puesto en proa y le contaba cómo iba todo". Pero agrega que "cuando me di cuenta de que le estaba hablando a un cadáver, decidí mantener la cordura y soltar el cuerpo al mar", detalla el sobreviviente quien, además de publicar su historia en un libro y que esta ya este siendo producida para la pantalla grande, fue señalado y demandado por la familia de Ezequiel por canibalismo, ya que creían que Salvador no lo había arrojado al mar, sino que se lo había comido.

En una lancha cargada con un pequeño refrigerador de telgopor, un cuchillo y las pocas botellas con que podía recolectar agua de las lluvias, Salvador recorrió, durante 438 días, náufrago y solo, casi 10 mil kilómetros. El recorrido total fue desde Costa Azul, en Chiapas, México, hasta el archipiélago Marshall, el cual se acerca a las costas de Australia. Así es, llegó al otro lado del mundo. Durante todo ese tiempo y recorrido, Salvador cuenta que se cruzó con cuatro barcos portacontenedores, que incluso la tripulación de uno de ellos lo saludó, pero no detuvieron su marcha para rescatarlo.

Salvador, acompañado por un médico que lo ayudaba a caminar durante las primeras horas luego de su rescate

El final feliz

"Vi que había gaviotas sobre cocos flotando, pude ver tierra firme y estuve unas dos semanas avizorando una costa, pero no me animaba a bajarme de la lancha por miedo a las pirañas y los tiburones", confiesa Salvador cuando cuenta lo que eran las horas previas a su rescate. Una vez cerca de las playas, desconocidas para él, se bajó de la lancha y casi en cuclillas, ya que tenía la fuerza de las piernas vencida por la inactividad en la lancha, alcanzó la orilla un 30 de enero de 2014. Cuchillo en mano, barba rojiza y enchastrada, opacada por el sol, la falta de higiene y la intemperie, caminó hacia una casucha donde vio ropa colgada. Sus fuerzas estaban tan sobrepasadas que, finalmente, cayó rendido en la arena. Horas más tarde, recobró la conciencia y pudo ver que una pareja, a lo lejos, lo observaba con miedo y asombro.

Esa pareja de australianos, que por obvias razones idiomáticas no podían entenderlo, lo llevaron al municipio de la isla. Allí fue atendido por las autoridades gubernamentales y sanitarias, que constataron sus "buenos signos vitales, aunque con una presión muy baja". Una vez concretadas las diligencias diplomáticas con México, Salvador viajó a su pueblo, del que había partido hacía más de una año y en el que todos lo daban por muerto. Hoy en día viaja para contar su historia y trabaja para perderle el miedo al mar, que le dejó ataques de pánico y traumas que por la noche suelen despertarlo. Ya pasaron casi siete años de su "desgracia", la cual, afirma, lo hizo valorar todo de nuevo.

Fuentes: BBC, YouTube, Wikipedia.

 

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