Tecnología: cooperativismo aplicado a la educación

Tecnología: cooperativismo aplicado a la educación

EGG Educación implementa la cooperación como método para conseguir mejores rendimientos no solo académicos, sino también laborales. Tienen un exitoso programa de preuniversitario con muy buenos resultados.

Santiago Hernandorena

La pandemia cambió todo para muchos. Aulas cerradas, reuniones online y la necesidad de reestructurarse a un nuevo método de educación o trabajo. EGG Educación, una empresa de Mendoza, supo mutar para adecuarse a la circunstancia. Hablamos con Danila Bragagnini, directora de marketing y comunicación, para que nos explique su metodología.

¿Qué es EGG y cómo nace esta idea? Pareciera cooperativismo aplicado a la educación.

En realidad no necesariamente aplicado a la educación. Lo venimos aplicando a la educación y es lo que hemos hecho en el laboratorio social que tenemos, pero la teoría, la metodología y el algoritmo que hemos creado en realidad es para potenciar la cooperación en cualquier espacio humano. De hecho, parte de nuestras proyecciones es ir saliendo un poco de la educación e ir entrando a organizaciones, empresas y gobierno.

Empieza y surge con la educación y de hecho, nuestros resultados más importantes son en ese ámbito, pero va mucho más allá. Nuestra idea es expandirnos hacia cualquier lugar donde los seres humanos trabajen y puedan trabajar en equipo.

Cuando hablás de algoritmo, ¿a qué se refiere específicamente?

Algoritmo es una tecnología, de inteligencia artificial, que va tomando las interacciones de las personas; pensemos, por ejemplo, el algoritmo con el que funciona Facebook que nos muestra lo que nos interesa, el de EGG va tomando información de las personas y va creando equipos optimizados para máximo rendimiento.

Es decir, va creando equipos donde la gente puede crear y construir cosas que solas no lo pueden hacer. Lo importante de la cooperación es que lo que crea un equipo, una persona aislada no lo va a poder hacer.

¿Y cómo se detecta que una persona sola no va a poder hacerlo?

Básicamente nosotros nos basamos sobre todo lo que la ciencia dice de la cooperación, todas las reglas que la ciencia establece sobre la cooperación. Ignacio Gómez Portillo, que es el fundador de EGG, es físico, hizo su doctorado en redes complejas en Barcelona. Él agarró todo esto que la ciencia decía y era matemática pura y dijo: ¿cómo puedo llevar esto a lo social? ¿Cómo lo puedo probar en un grupo de humanos para probar que la cooperación es mucho más que la suma de las partes?  Con esta idea de traer todas estas reglas se traigan a la realidad social de todos los días, es que surge EGG.

¿Y cómo comienza esto?

Empieza con un preuniversitario con siete personas en una salita y de a poco fuimos creciendo a llegar a ser lo que hoy es EGG. Creo que uno de los resultados que más nos demostró que esto funciona es el ingreso a Medicina, y a otras carreras. Aplicando la metodología y el algoritmo tenés cuatro veces más chances de entrar al ingreso más difícil del país que es el de Medicina de la UnCuyo.

Con esos resultados nosotros dijimos: claramente estamos yendo por un buen camino. Y obviamente que ha sido prueba y error y es por eso que tenemos el laboratorio social, que son nuestros cursos y otros proyectos donde vamos probando la tecnología y el algoritmo y los vamos perfeccionando.

Podría pensarse que se trata de juntar un montón de gente que se pone a hablar al mismo tiempo. ¿Cómo funciona exactamente?

Funciona así: básicamente hay que tener un grupo de personas, que no es lo mismo que un equipo, que se pueden juntar con un objetivo en común, ya sea aprender programación, sacer un proyecto de ley o resolver un problema laboral en una empresa. El algoritmo te divide en pequeños grupos de cuatro a ocho personas. Ese día, cuando termina el encuentro en la plataforma, reconocés a las personas con las que más cooperaste. Ahí los podés evaluar positivamente dándole un “huevito”. También podés reconocer a la mesa entera. El algoritmo se nutre de ese tipo de información, así como de asistencia, rendimiento laboral o académico y va rotando todos los días los equipos. Al final lo más probable es que hayas trabajado con todos tus compañeros y te haya ido optimizando, no solo para juntarte no solo con la gente que trabajaste bien, sino para ponerte en tu camino personas diversas, porque la diversidad es la semilla de la cooperación.

De alguna manera seríamos opuestos a los algoritmos de las redes sociales, que te muestran siempre lo mismo. Nosotros intentamos ponerte en tu camino a personas que son diferentes y que, por ejemplo, pueden necesitar más tu ayuda. Está científicamente comprobado que con una persona que tiene mucha reputación, la gente tiende a cooperar más. Si vos sos una persona que tiene mucha reputación, se te coloca con gente que necesita incentivo para cooperar.

Todo el sistema se basa en lograr que la gente coopere mucho más y mejor. De hecho el propósito es potenciar la cooperación humana.

¿La reputación se gana a partir del conocimiento o también a partir de tu actitud? Por ejemplo, podés no saber tanto pero ser un buen líder de equipo.

Exacto, eso es muy importante. En los grupos las personas que reciben más “huevos” son elegidos facilitadores. A veces se da que son las personas que más saben, con  mayor rendimiento académico, pero hay veces que son las personas que realmente potencian la cooperación. No necesariamente es el que más tiene más conocimiento, sino el que tiene más “habilidades blandas” que le permiten conectar personas.

Hoy están centrados en la educación pero: ¿han salido de ese lugar?

Es lo que más hemos hecho, con los preuniversitarios, con 3.500 personas del Gobierno de Mendoza en cursos de programación, estamos con presencia en Chile, en Rosario. Tenemos como distintos focos, porque para nosotros es muy importante la investigación científica, la  hacemos en la vida real.

Además tenemos un equipo de más de 90 personas con expertos en negocios, en educación, en tecnología, en marketing y comunicación. De hecho empezamos el año pasado con 35 y llegamos a ese número en plena pandemia, vamos creciendo. Hemos tenido experiencias con política, por ejemplo trabajamos con el Poder Judicial con la ley Micaela, con tecnología y metodología EGG.

Es muy incipiente pero vamos hacia ahí. Vamos a salir de la educación y a centrarnos en lugares donde la gente aprende, porque una cosa que queremos destacar es que el aprendizaje no se da solo ni en la escuela ni en curso, se da en todos lados.

Y ahí nos dimos cuenta que no hacían faltan los edificios para educar.

La experiencia a  ustedes les jugó mejor que a la educación formal, a la que la pandemia no los encontró preparados para enfrentar la virtualidad.

Previo a la pandemia trabajábamos en varios colegios de Mendoza. Nos pasó como a todo el mundo. Toda nuestra metodología en ese momento era presencial. Como tenemos un equipo de científicos y programadores, fue muy rápido para nosotros pasar todo al mundo digital. Y nos dimos cuenta que funcionaba mejor.

Y ahí nos dimos cuenta que no hacían faltan los edificios para educar. De hecho ahí comenzamos a recibir gente de toda Argentina, de Chile y de otros lugares de Latinoamérica. Nuestros cursos comenzaron a ser más grandes, llegando a 150 personas. Mientras más grande la red para nosotros mejor, porque se generan mejores equipos de cooperación y son  más diversos. Viendo los resultados, sin ser resultadistas, la virtualidad nos funcionó mejor.

Uno está acostumbrado a la educación tradicional, con un profesor o maestra parados adelante. También existen métodos educativos como el Montessori o el Waldorf. ¿Es aplicable lo que hacen a todos esos métodos?

Es aplicable a todo y, de hecho, la metodología que tenemos viene a cuestionar esa educación tradicional del docente parado en el pizarrón, que es solo transmisión, totalmente enciclopedistas, y se basa en redes de tutoría, obviamente inspirados en lo que pasa en el mundo. En México hay programas de redes de tutoría que funcionan de manera increíble.

La idea es que el rol del docente vaya mutando ya no a ser ese transmisor de conocimiento sino a un potenciador de que las personas aprendan a enseñar. Está científicamente comprobado que  una persona que enseña y explica fija muchísimo más sus conocimientos, aparte de ayudar al otro y construir con el otro.

Rompe con la educación tradicional. Las clases duran muy poco tiempo, son a través de video. Se ven con el equipo y el resto es construcción grupal. No hay profesor dando una clase magistral.

De cualquier forma la “persona que sabe” tiene que estar presente. Sino el grupo se junta y después se pone a discutir qué entendió cada uno, sin alguien que los guíe, podés tener un problema.

Exactamente, pero ves que el rol del docente va cambiando. De hecho, lo que hacen los coaches en EGG es intentar que si alguien no entendió algo, buscar quién se lo puede explicar entre las mesas. Y si obviamente no llegás a la solución, el docente te ayuda. Pero ante todo es intentar encontrar qué otro compañero te puede ayudar. Es buscar liderar el aula desde otro lado, no desde el pizarrón, sino incentivando la cooperación.

La aparición del coronavirus aceleró unos 10 años la transformación digital en Latinoamérica.

Y esto puede tener incidencia a largo plazo. Incentivar el trabajo en equipo ahora puede generar dinámicas grupales en el futuro.

Cualquier trabajo del futuro, la pandemia lo dejó en claro, va a ser en cooperación. Cualquier trabajo del futuro va a tener muchísimo más labor digital. La aparición del coronavirus aceleró unos 10 años la transformación digital en Latinoamérica.

Nosotros apuntamos a que, además de dar conocimiento academicista, dar “habilidades blandas”. Por ejemplo, si vos sos programados que trabaja para Silicon Valley, podés hacerlo desde Mendoza y trabajar con tu equipo en forma online y en cooperación. Y esa habilidad blanda es clave en la educación de hoy y es clave en el mundo digital que se viene. De hecho hay personas que nos dicen que le interesa más eso que el conocimiento académico, porque nos dicen que está todo en internet.

De hecho, esa es la idea de EGG, que el día de mañana por medio de un widget en tu navegador puedas hacer cualquier curso del mundo en cooperación. De hecho hay varias empresas que lo están probando para sus mismos cursos. Hacía ahí es a donde vamos: el algoritmo puesto en distintos ámbitos donde los seres humanos se relacionan.

Cualquier trabajo del futuro, la pandemia lo dejó en claro, va a ser en cooperación.

¿Por qué se instala en Mendoza?

Somos todos mendocinos. El fundador, Ignacio, hizo su tesis en Barcelona, donde conoció a Caro, su esposa también mendocina, y los dos volvieron porque saben del potencial que hay en  la provincia. Y contrataron todo el equipo mendocino, hasta que comenzó la pandemia. Ahí decidieron ampliarse con gente de distintos lugares, como Chile, Bahía Blanca, Córdoba o Colombia.  Pero siempre apostando al territorio local, porque es el lugar donde creemos que se puede crecer.

Igualmente EGG tiene proyección global hoy, con nuestros equipos en Chile, Colombia e incluso Estados Unidos.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?