Semana de Mayo: la violenta advertencia que hizo Belgrano el día 24
Mucho es lo que puede decirse sobre la semana que terminó con la Revolución de Mayo de 1810. A esta altura del mes, pero hace 211 años, la cosa estaba bien picante. Tanto, que el mismísimo Manuel Belgrano, a quien buena parte de la historiografía ha convertido en una figura atildada y conservadora, amenazó de muerte el Virrey Cisneros.
Un poco de contexto: por aquel tiempo, la Junta Central de Sevilla -el último espacio de poder de la Corona Española- acababa de caer bajo el yugo napoleónico. A este lado del Atlántico, Cisneros pensaba mantener intactos la autoridad y los funcionarios de Fernando VII. El plan era que esta zona de América siguiera siendo fiel a los borbones, sin matices.
Sin embargo los patriotas no dejaron pasar la oportunidad: convocarían a un Cabildo Abierto que se comenzó a palpitar desde el 19 de mayo. Muchos se armaron hasta los dientes. El ambiente en las calles estaba espeso.
Y, como suele ocurrir en esas situaciones, los más "moderados" se enfrentaban a los que eran considerados "extremistas". Estos últimos sostenían que, vencido el rey, el pueblo era dueño de la soberanía.
Se designaría a un nuevo monarca o -más osadamente aún- a una Junta de Gobierno.
Cotorrita feroz
La facción que quería deponer al Virrey cobró más y más fuerza. Por eso es que el 24 de mayo por la mañana, los "moderados" se anticiparon y nombraron una junta que tendría como titular... a Cisneros.
En ese contexto, Belgrano no se guardó nada. Era, por entonces, integrante del regimiento de Patricios. Y en una reunión de conspiradores, con su particular voz -algunos se burlaban de él llamándole "cotorrita"- lanzó:
“¡Juro a la patria y a mis compañeros que si a las tres de la tarde del día de mañana el virrey no ha renunciado, lo arrojaremos por las ventanas de la fortaleza!”.
En su Reseña histórica de los sucesos de Mayo, Tomás Guido recupera este episodio y apunta que los compañeros de Belgrano aplaudieron con furia estas palabras.

Como se sabe, no hizo falta que Cisneros fuera defenestrado. Murió en Cartagena (España) en 1929. Y uno de sus tataranietos, Ignacio Hidalgo de Cisneros, fue jefe de la Fuerza Aérea Republicana durante la Guerra Civil española.
