El drama de Evaristo y descarnado contraste con "los esenciales"

El drama de Evaristo y descarnado contraste con "los esenciales"

"Cuando algunos piden cerrar desde la comodidad de sus sueldos, se olvidan que a los que más perjudican es a los Evaristos, a sus hermanas, a sus sobrinas. A todos lo que no tienen su sueldo asegurado", asegura el autor sobre las restricciones.

Ignacio Boulin

Evaristo y los esenciales

Evaristo tiene 28 años. Vive en Mendoza, cerca de mi casa. Es peruano, trabaja de jardinero. Tenía una moto, en la que iba cargado con sus herramientas y llevando a un ayudante. Vive con su hermana y su sobrino de 2 años, en una casa que él construyó con sus propias manos. No terminó tercer grado. Llegó a Argentina hace cuatro años.

En abril del año 2020 fue al cumpleaños de un amigo. Sabía que no se podía, violó la cuarentena. Cuando volvía a su casa, la policía lo frenó y le abrieron una causa por violación del ASPO (el viejo DNU 297/20).

Un día de octubre fue a trabajar, como lo hizo de lunes a sábado a partir de mayo cuando se relajaron las restricciones. Ese día lo frenó la policía cuando volvía a su casa, a eso de las 20, en un control de rutina. Evaristo nunca se había presentado en la causa anterior. No tenía permiso de ningún tipo para trabajar. Así que le secuestraron la moto.

Me pidió ayuda desesperado. Si no trabaja, no come. Ni él, ni su hermana, ni su sobrino. Sin la moto, no puede moverse con la máquina de cortar pasto y las herramientas a cuidar los jardines.

Fui a ver el expediente. Lo tenía el fiscal en su casa (que, en palabras de la auxiliar de mesa de entradas, “se considera de riesgo, así que no está viniendo”). Solicité que lo llevaran al día siguiente. Me dijeron que no, que recién el lunes - era un jueves.

Volví el lunes. Vi el expediente. Pedí que le devolvieran la moto en calidad de depositario judicial. Volví el miércoles. Me recibió una ayudante fiscal. Me dijo que el fiscal no estaba muy seguro del caso, que quería verlo bien. Le expliqué que no había mucho que ver, solo tenía que resolver si entregaban o no la moto al imputado como depositario judicial. Le expliqué la situación de Evaristo, y que el DNU 297/20 acababa de ser declarado inconstitucional por una jueza de Mendoza; que a diferencia del fiscal-que-se-consideraba-de-riesgo, Evaristo no tenía su sueldo depositado el día 1 de cada mes, sino que vivía de lo que ganaba trabajando, y sin la moto no podía trabajar. Que esto no lo podían demorar más. Ya llevaba casi dos semanas sin trabajar.

Ahí hizo un click. Me pidió que la esperara, que iba a llamar por teléfono al fiscal. Cuando cortó me pidió que al día siguiente fuéramos a buscar la moto.

Me acordé de esta historia cuando leí un tuit de una periodista: “Cierren. Que se quejen los que se tengan que quejar para que vivan los que tienen que vivir”. Cuando algunos piden cerrar desde la comodidad de sus sueldos, se olvidan que a los que más perjudican es a los Evaristos, a sus hermanas, a sus sobrinas. A todos lo que no tienen su sueldo asegurado. A los que no pueden trabajar desde su computadora. A todos los que el gobierno considera “no esenciales”, como si comer - y que coman los tuyos - por el propio trabajo no fuera esencial.

La situación no es fácil, eso está claro. La manta es corta. Pero la solución no puede ser destruir la posibilidad de millones de personas de conseguir el sustento diario, cuando el gobierno nacional ha sido incapaz de conseguir vacunas - y eso sin hablar de los vacunados militantes. Más aún cuando los datos muestran que los confinamientos generalizados del año pasado no impidieron que Argentina tenga un altísimo promedio de muertes por millón.

A Evaristo le robaron la moto de la casa hace un mes. Tocaron la puerta, le pegaron un culatazo cuando abrió, y le robaron la moto. Hizo la denuncia en la policía. Me preguntó si podía hacer algo. Fui a ver el expediente. Solo tiene la denuncia.

Por Ignacio Boulin, abogado y profesor universitario.

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