El engaño de comparar la eficacia de las vacunas contra la covid-19

El engaño de comparar la eficacia de las vacunas contra la covid-19

Si bien cada una tiene sus datos, los especialistas consideran que los procesos de investigación de cada una fue diferente. El lado positivo es que todas tienen una alta tasa de disminuir el riesgo de muerte por la enfermedad.

MDZ Sociedad

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Científicos consideran que comparar la eficacia de las vacunas contra el coronavirus puede llevar a engaños. Como ejemplo, el alcalde de Detroit, Mike Duggan, rechazó esta semana 6.200 dosis de la vacuna de Johnson & Johnson (J&J) por considerarla inferior a las de Moderna o Pfizer.

Los datos disponibles marcan que todas esas vacunas disminuyeron la tasa de mortalidad de la enfermedad y mantuvieron a los vacunados fuera de los hospitales. De esa manera, la enfermedad se convierte en algo manejable, desde la perspectiva de la salud pública.

Amesh Adalja, investigador del Centro de Seguridad Sanitaria de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins, comentó que “el objetivo de una vacuna es el de domesticar al SARS-CoV-2, para que se pareciera más a otros virus respiratorios con los que convivimos, por lo cual cuando se mira a las tres vacunas aprobadas en los Estados Unidos, todas son extremadamente buenas en ese punto”.

Lo que sí hay que considerar, es que las vacunas son distintas. La de Johnson & Johnson es monodosis, mientras que las de Pfizer o Moderna necesitan dos aplicaciones. Al mismo tiempo, la primera se puede almacenar en un freezer convencional mientras que las otras dos necesitan temperaturas de ultra frío. Eso, además, genera que el valor sea distinto: la de J&J cuesta 10 dólares la dosis, mientras que las otras dos superan los 20.

Saad Omer, director del Instituto de Yale para la Salud Global, lo marca como una ventaja logística importante que hace que “esta opción de inmunización puede aumentar la equidad”, porque la vacuna de J&J podría llegar a lugares más recónditos.

Sin embargo, la desconfianza nace en el hecho de que al presentar su vacuna ante la FDA (Agencia de Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos), J&J informó que tiene una eficacia general para prevenir los casos de coronavirus del 66,1%, muy por debajo de los casi 95% que ostentan Pfizer y Moderna.

Pero los científicos consideran que no son números que se puedan comparar porque son específicos de los ensayos clínicos por los que pasaron y esas evaluaciones se realizaron de maneras distintas.

Al mismo tiempo, funcionarios de salud estadounidenses mostraron que la cifra de prevención de hospitalizaciones y muertes son consistentes. De hecho, desde que se comenzaron a distribuir las vacunas, los investigadores destacaron que disminuyó el porcentaje de fallecidos por la enfermedad.

Es por eso que Adalja asegura que “la mejor vacuna COVID-19 para la gran mayoría de las personas es aquella que pueden recibir”, y que “son básicamente intercambiables”.

Hay que considerar que las farmacéuticas testean los fármacos en diversas etapas y fases, para confirmar que son seguras, buscar la dosis correcta y determinar la protección que brindan. Estas se hacen de manera individual y sin compararse con los productos de otros laboratorios, lo que imposibilita la comparación.

Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, comentó en enero sobre la eficacia de la vacuna de J&J: “Si esto hubiera ocurrido antes del anuncio de otras vacunas con un 94, 95% d e eficacia, uno habría dicho que una eficacia del 66% es un resultado absolutamente espectacular”.

Uno de los puntos particulares, es que la gente de Johnson & Johnson descubrió que la eficacia de la vacuna cambiaba según el país donde se realizaban los estudios. Por ejemplo, notaron que en Estados Unidos la eficacia general era del 72% después de cuatro semanas desde la vacunación, mientras que en Sudáfrica, donde una mutación preocupante está presente, bajaba al 64%.

Ahora será responsabilidad de los investigadores descubrir cómo se comportan las vacunas frente a las variantes, mutaciones y nuevas cepas que están apareciendo. Desde la comunidad médica consideran que “sería necesario que los científicos se coordinaran de aquí en adelante, compartiendo protocolos y agrupando datos para sacar conclusiones más útiles”.

“Imagínese lo que sucederá cuando estos estudios generen resultados, cada uno con sus propias poblaciones, criterios de elegibilidad, procedimientos de validación y criterios de valoración clínicos”, comentó, en la revista científica Nature, Natalie Dean, profesora asistente de bioestadística en la Universidad de Florida,. “Si no queremos que nuestras respuestas finales sean inentendibles, debemos actuar ahora para considerar cómo se pueden comparar y combinar los datos”, agregó.

Fuente: Infobae

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