La hipocondría: cuando ponés tu atención al servicio de la enfermedad

La hipocondría: cuando ponés tu atención al servicio de la enfermedad

La preocupación, el miedo a padecer, o convicción de tener, una enfermedad, la degradación de los vínculos interpersonales, son algunos de los ingredientes que mortifican a estos pacientes. Te invitamos a seguir leyendo.

Cecilia Ortiz

El pianista Glenn Gould ha sido, sin dudas, uno de los mejores intérpretes de Bach. Pero, además de ese don, fue conocido por usar bufanda y guantes aún bajo las temperaturas más caldeadas del verano. Su motivo era prevenir enfermedades. Evitaba el contacto físico con otras personas y llevaba un registro voluminoso de cada sensación corporal que experimentaba en el día. Su obsesión llegó a tal extremo que en 1964 se retiró de las salas de conciertos y se dedicó a grabar desde su estudio, casi una burbuja esterilizada.

Andy Warhol, afamado artista plástico, también escribía a diario síntomas que imaginaba emanaban de su cuerpo, como la caída de cabello, mala piel, posibilidad de tener cáncer o SIDA y problemas cardíacos.

La hipocondría es conocida desde la antigüedad. En escritos griegos se alude a pacientes con sus síntomas, pero Thomas Walkington en 1607, los sistematizó a partir del cuadro de un paciente veneciano que temía sentarse por temor a que su trasero se partiera.

La hipocondría es un trastorno que implica una forma de concebir la vida: todo gira en torno a las enfermedades: El hipocondríaco cree (injustificadamente y carente de contrastación) que padece alguna enfermedad grave.

El doctor Eduardo Kotlik es médico psiquiatra. Relata que en la antigüedad, se creía que estos pacientes acumulaban vapores o humores en la región anatómica denominada hipocondrio (situada bajo las costillas y un extremo del esternón). De ahí deriva, etimológicamente, el rótulo que le colocamos a quienes sufren por esta condición.

Nuestro cuerpo envía constantemente señales al cerebro: hambre, sed, malestar, dolor, picazón, pero esas señales son solo eso: información. Luego, el cerebro se encarga de decodificarlas, es decir, de darles un nombre (ese hormigueo en el estómago es hambre) y atribuirle una causa (debe ser porque hace 6 horas que no he comido nada). En la hipocondría hay una interpretación errónea de la información corporal y se tiende a vincularla con algún proceso patológico. 

“Entonces, lunares, heridas pequeñas, tos, latidos del corazón, hormigueo, pueden ser leídos como los peores enemigos de la salud”, explica Kotlik. “La principal característica de la hipocondría es la preocupación y el miedo a padecer una enfermedad grave o no, y eso depende de la interpretación que cada uno haga de las sensaciones o signos que aparezcan en el cuerpo”, agrega. 

El hipocondríaco está convencido de padecer una enfermedad, por ello busca información, lee y relee y concurre a cuanto médico existe para realizarse estudios y recibir el diagnóstico que espera.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (5° edición), se diagnostica hipocondría cuando:

a)    Preocupación y miedo a tener una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de síntomas somáticos.

b)    La preocupación persiste a pesar de las exploraciones y explicaciones médicas apropiadas.

c)    La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

d)    La duración del trastorno es de al menos 6 meses

“En los orígenes hay predisposición biológica que determina el inicio de la enfermedad, pero hay ambientes familiares sensibles e inclinados a la interpretación de signos corporales como patológicos”, cuenta el doctor. Es decir, la enfermedad comienza a partir de una comunión entre la información genética y las características del medio en el cual la persona recibe su educación. La interpretación catastrófica, por parte del sujeto, de sensaciones corporales, desencadena la enfermedad.

El doctor Kotlik nos aclara que a menudo la hipocondría puede asociarse con ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo y/o depresión: las personas centran su vida en temas vinculados con enfermedades y buscando posibles síntomas (reales o imaginarios) en sí mismo y/o en quienes lo rodean. “Hay pacientes que describen cuadros clínicos con sutileza y precisión, hay personas que hasta llevan una especie de registro diario de sus latidos cardíacos y presión arterial. Algunos describen lo que comen, cómo lo comen, etc.”, cuenta Kotlik, quien, además, resalta que el diagnóstico diferencial resulta fundamental para trazar una terapéutica adecuada, que incluye atención psiquiátrica y psicológica.

Por otro lado, este trastorno genera dificultad en los vínculos interpersonales. Las personas que rodean al enfermo terminan hartándose de la recurrencia de temas médicos, ya que los pacientes terminan inmersos en una especie de “culto a la enfermedad”. El afamado dramaturgo Moliere escribió una obra titulada “El enfermo imaginario”, que versa sobre la vida de un hombre hipocondríaco. En ella, Argan, el paciente en cuestión dice: “La razón de que, encontrándome enfermo –porque yo estoy enfermo- quiero tener un hijo médico, pariente de médicos, para que entre todos busquen remedio a mi enfermedad. Quiero tener en mi familia un manantial de recursos que me es tan necesario; que me observe y me recete”.

¿Cómo detectamos a un hipocondríaco? 

El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido creó una guía de autoayuda para ayudar a las personas a saber si pueden tener este trastorno:

1.    Cada vez que algo inusual pasa en mi cuerpo (mareos, dolores, etc.) pienso que algo está mal y pido turno al médico.

2.    Si tengo algún síntoma como dolor de cabeza o mareos intento consultar inmediatamente o voy a la guardia.

3.    Siento ansiedad cuando tengo que retirar algún estudio médico.

4.    Puedo consultar a más de un profesional ante una dolencia física.

5.    Busco constantemente información en internet sobre enfermedades y síntomas.

6.    Si el médico considera que no es necesario hacer ningún examen complementario (análisis de sangre, radiografías, tomografías, etc.), le pido que igualmente los solicite.

7.    Cada vez que oigo hablar de enfermedades me siento incómodo y ansioso, pensando que me puede pasar a mí.

8.    Si me preocupa un síntoma, no puedo dejar de pensar en el la mayor parte del día. 

El sentirse identificado con más de la mitad de las respuestas indica que sería útil pedir ayuda, porque, la hipocondría supone sufrimiento, del cual, la mayoría de las veces, es difícil salir autónomamente; “el hipocondríaco ha perdido la libertad sobre su cuerpo”, dijo una vez L. Rojas Ballesteros.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Neuropsicóloga / licceciortizm@gmail.com 

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