Teatro

El viento en un violín: cuando el amor lo puede todo

El actor y director Agustín Daguerre habló con MDZ sobre la Comedia Municipal que estrena esta noche en el Teatro Mendoza. La obra, del dramaturgo porteño Claudio Tolcachir, ha sido ovacionada en importantes ciudades del mundo y ahora llega a Mendoza.

Pablo Gordon
Pablo Gordon jueves, 11 de marzo de 2021 · 09:02 hs
El viento en un violín: cuando el amor lo puede todo
El viento en un violín Foto: Leandro Fernández

Hay quienes aseguran que el amor lo justifica todo pero, ¿es realmente así? “Nos hace hacer cosas buenas y cosas muy malas”, asegura el actor y director Agustín Daguerre sobre El viento en un violín, la nueva Comedia Municipal que se estrena esta noche en el Teatro Mendoza. La obra -del reconocido actor, dramaturgo y director porteño Claudio Tolcachir- había sido seleccionada el año pasado pero debido a la pandemia, no pudo representarse en Mendoza hasta hoy.

El espectáculo, que ha sido ovacionado no sólo en Buenos Aires sino también en importantes ciudades europeas, se mete de lleno en temas que, en algún momento de nuestras vidas, nos tocan a todos: encuentros, desencuentros, injusticias, violencia, sueños imposibles que para hacerlos posibles hay que llegar hasta el límite. El elenco local está integrado por reconocidos artistas del teatro independiente: Diego Sebastián Quiroga Brobobeck, Gabriela Simón, Virginia Diblasi, Alejandra Trigueros, Laura Masuti y Manuel García Migani. Ellos se ponen en la piel de seres que buscan la felicidad, cada uno, a su manera.

Foto: Leandro Fernández

Daguerre, que pertenece a una nueva generación de directores teatrales y quien tiene una gran proyección en la provincia (después de que ‘El hueco’, su ópera prima resultara multipremiada), es quien está al mando del proyecto. Sobre este nuevo desafío habló con MDZ.

- ¿Qué te llevó a elegir este texto cuando te presentaste a la convocatoria de la Comedia Municipal?

- Fue un trabajo intenso. Cuando salió la convocatoria tenía un par de textos en vista pero, como se trataba de la Comedia Municipal, necesitaba de alguna propuesta que permitiera la espectacularidad necesaria para un escenario grande con varios actores. Leí, creo, hasta 30 obras y entre esas llegó ‘El viento en un violín’. La conexión fue casi instantánea, me llevó a la risa y rápidamente a hacerme preguntas. Primero tuve que ver si podíamos representarla ya que (antes) los derechos de Claudio (Tolcachir) no habían sido dados. Estoy casi seguro de que sus obras, en su mayoría, han sido dirigidas por él. Hay algunas versiones hechas afuera pero no conozco muchas en el país que no hayan sido por él. Tuve la posibilidad de ver dos de sus obras antes de leer esta: ‘La omisión de la familia Coleman’ y ‘Tercer cuerpo’. Sus textos permiten el juego de muchos escenarios, muchos personajes que se cruzan de historias, de movimientos en tiempo y espacio. Eso me parecía muy interesante. El texto me interpeló bastante porque creo que todos transitamos esta sensación de lo que habla la obra: la necesidad de realizarse, qué es realizarse o qué significa ser exitoso. Existen ciertos modelos que -claramente- no son y, cada vez nos damos más cuenta que, no son útiles para todo el mundo; son vetustos o arcaicos. Verdaderamente la búsqueda de la felicidad es algo que nos lo preguntamos todos.

- 'El viento en un violín' ha tenido un gran reconocimiento en distintas partes del mundo, ¿cuáles son las cualidades de la obra que han hecho que se pueda presentar en varios países y ser un éxito?

- Debido a la universalidad que propone el texto. Habla de la vida de personajes que intentan realizarse como personas y cómo fracasan o cómo alcanzan ciertos “momentos de éxito”. Son preguntas que han estado siempre, están ahora y seguirán estando y que nos hacemos todos en cualquier parte del mundo.

Foto: Leandro Fernández

- En la obra se trata el amor desde distintas aristas, ¿cuáles son?

- El amor trasciende a la obra, está en todos lados. Incluso en el teatro, es lo que lo moviliza y también a la vida. En este caso trasciende porque son personas que intentan realizarse; son familias que buscan distintos objetivos en pos del amor. Este nos hace hacer cosas buenas y cosas muy malas. Los personajes aquí realizan actos fallidos, cometen grandes errores e incluso violentos en pos del amor. A veces, con la excusa del amor podemos llegar a ciertos lugares que son bastante contraproducentes. Finalmente, a medida que se desarrolla la obra vemos cómo esto puede ser transformado.

A través de estos personajes encontramos que las exigencias sociales que existen y los esquemas que están trazados como esquemas de funcionamiento son arcaicos y no funcionan. Cada uno tiene su manera de realizarse y cada uno lo va encontrando a través del camino. No quiero spoilear nada, pero en estos personajes vemos cómo todos podemos construir nuestro propio esquema personal que es lo más importante en la vida. Poder decir que no existe nada predicho, sino que cada uno con las cosas que le tocan o con las que va encontrando a lo largo del camino, arma su propia felicidad y es la de uno y la de nadie más. 

- Teniendo en cuenta que el estreno tuvo que ser pospuesto por la pandemia, ¿cómo fue el proceso de trabajo con los actores previo y posterior al distanciamiento social?

- Muy extraño, también intenso. La pandemia nos ha atravesado a todos y a cada una de las actividades que realizamos. En el caso del teatro, ha sido uno de los más golpeados y de los que más ha costado volver a realizar. Fue bastante difícil porque veníamos con muchas pilas después de haber ganado la convocatoria para poder realizar la obra. Íbamos a hacer el casting a principios del 2020, en el que se presentó muchísima gente, y a 4 días de hacerlo, comenzó la cuarentena. Tuvimos que suspender y fue un proceso largo de idas y vueltas, de mucha angustia e incertidumbre. Pasados los primeros meses, decidimos con el equipo empezar con la producción (Nota del R: junto a él está María Vilchez Aruani en diseño lumínico, Nicolás Tramontina en diseño escenográfico y Raúl Ricardo Rojas en asistencia de dirección). Comenzamos a producir una obra de la que no conocíamos a sus actores. Fuimos adquiriendo muebles y cosas para poder armar algo que no sabíamos cuándo iba a ocurrir. Fue un proceso extraño que comenzó al revés de cualquiera, o por lo menos, de todos los que yo he tenido en el teatro: producir, armar y hacer cosas antes de que exista. En noviembre, cuando empezaron a abrirse las cosas, pudimos realizar el casting con todos los protocolos. Ahí comenzamos a construir verdaderamente el proceso teatral.

Foto: Leandro Fernández

- Luego de haber sido galardonado con la dirección de 'Un hueco', ¿qué expectativas tenés con este espectáculo?

- Las expectativas son muchas, hay mucha adrenalina. Casualmente porque ambos proyectos son muy distantes. Para mí, desde el lado de la dirección es una apuesta totalmente distinta ya que llama a lo espectacular, hay mucho público con mucha distancia, entonces el planteamiento es totalmente distinto (Nota del R: la puesta de ‘Un hueco’ es intimista, minimalista y los hechos se desarrollan en un mismo pase de tiempo. Aquí la historia transcurre en 5 ambientes distintos). Tengo muchas ganas de poner este proyecto en marcha porque para mí es un desafío despegarme de ‘Un hueco’ con todo lo que tiene y con todo lo que quiero a ese proyecto. Despegarme también para poder hacer algo totalmente distinto con muchos actores, mucha escenografía y mucha iluminación.

El viento en un violín

Estrena hoy 21:30 horas en Teatro Mendoza (San Juan 1427, Ciudad). Repite viernes 12 y sábado 13 en la misma sala y horario. Entradas ($400) en EntradaWeb o dos horas antes de la función en boletería.

Próximas funciones: 19, 20, 26 y 27 de marzo en la Nave Cultural (España y Maza, Ciudad), 21:30 horas. Viernes y sábados de abril en la misma sala y horario.

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