Pasó una infancia difícil, hoy tiene un comedor para 70 familias

Pasó una infancia difícil, hoy tiene un comedor para 70 familias

Natalia tiene 34 años, es argentina y vive en La Cava (Béccar). Trabaja como camarera los fines de semana en un sanatorio y, de lunes a viernes, coordina el comedor Pancita Feliz, que surgió hace 6 años, impulsado por su papá, Ramón.

Giza Almirón

Pancita Feliz nació gracias a Ramón, el papá de Natalia. A él le encantaba cocinar y un día le preguntó a ella: “¿Qué te parece si hacemos algo para quienes lo necesiten?”. Ellos mismos eran una familia muy humilde, como dice Natalia, al igual que muchas en el barrio. En ese tiempo, Natalia era adolescente y trabajaba en casas de familia como empleada doméstica.

Natalia tiene 2 hermanos varones y 5 mujeres. “Pasamos una infancia muy dura. También pasamos hambre. No sabemos lo que es un Día del Niño, un regalo de Navidad. Nunca nos festejaban los cumpleaños”. Recién los hermanos más chicos de Natalia pudieron empezar a celebrar sus cumpleaños. Hoy en día en el comedor organizan el Día del Niño, fiestas para Navidad, hacen cajas navideñas todos los años para las familias y festejan el Día de los Reyes Magos, entre otras actividades.

La familia de Natalia forma parte del comedor Pancita Feliz

Cuando empezaron, cocinaban en el patio de la casa con Ramón, que fue quien la “incentivó a hacer algo para la gente; fue lo mejor que me pudo haber pasado”. Con el tiempo se fue sumando gente: empezaron con 15 personas y ahora tienen 70 familias. “Había una cantidad de chicos que no sé de dónde salían. Hacían fila en invierno, en verano, bajo la lluvia. Pensaban que se terminaría la comida y no se iban”, dice conmovida Natalia. A los dos años de inaugurar la Pancita Feliz, a su papá le detectaron cáncer en la garganta y ella tuvo que dejar de cocinar para ayudarlo. Las últimas palabras de Ramón fueron: “Seguí, no bajes los brazos. Vas a salir adelante sin mí”.

Un vecino les donó su patio hace unos años para instalar el comedor. Recaudaron plata para comprar materiales y cuando tenían todo listo, el hombre les pidió el lugar. Fue de los momentos más difíciles y frustrantes de la Pancita Feliz. Un tiempo después, otro vecino le ofreció venderle su casa más barata. Hicieron una rifa navideña y le vendieron a mucha gente conocida. Personas del sanatorio donde trabaja Natalia la ayudaron a vender números, así como también la ayudaron quienes le donan verduras en el mercado de Abasto. Hace tres años lograron comprar el espacio y se mudaron un 31 de diciembre. “Yo creo que mi viejo, desde arriba, me ayudó un montón”, dice emocionada Natalia.

Pancita Feliz le da de comer a 70 familias

“Los chicos no tienen que pasar lo que yo pasé”, cuenta la joven que se identifica con aquellos a quienes ayuda. El comedor Pancita Feliz estuvo trabajando durante toda la pandemia, gracias al esfuerzo de los 11 colaboradores que hoy forman parte de él. “Nuestro proyecto ahora es tener apoyo escolar, mejorar la mente de los chicos, hacer actividades para que no estén en la calle, hacer cosas creativas, hacer una sala de computación para que aprendan a usar una compu y no les pase como a nosotras que no sabemos”.

El próximo 17 de diciembre se inaugura la parte de arriba del comedor. La planta baja será cocina y depósito. En Pancita Feliz ofrecen la cena los martes, miércoles, jueves, ya que, muchas veces, los niños y niñas que asisten solo comen al mediodía en el colegio. Los lunes y viernes dan la merienda. “Cuando uno es transparente, hace las cosas bien y de corazón, se nota”, dice la coordinadora del comedor. Se nota, Natalia.

Si querés conocer más sobre el comedor Pancita Feliz, podés visitar su Facebook o su Instagram.

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